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Mercado Eléctrico: más vale prevenir
Resumen de Prensa Enervía, miércoles, 31 agosto 2005
FUENTE:
Por Tatiana Alonso en Expansión
Tras siete años de apertura a la competencia, el mercado eléctrico presenta un grado de concentración elevado. La Comisión Europea ha manifestado que la elevada concentración constituye el principal escollo a la liberalización de muchos mercados eléctricos. En efecto, los países que presentan mayores grados de concentración se encuentran por detrás de España en la carrera por la liberalización eléctrica, mientras que los más avanzados presentan niveles muy inferiores.
En este contexto, el gobierno afronta el reto de proteger a los consumidores sin atentar contra la libertad empresarial, de manera que el proceso liberalizador siga su curso. El recientemente publicado Libro Blanco de la generación eléctrica sostiene que, para que el mercado sea realmente competitivo es necesario, entre otras cosas, reducir su concentración.
Una empresa tiene poder de mercado cuando posee la capacidad de modificar el precio del mismo en beneficio propio. Para ello, no basta con tener una cuota de mercado elevada. También es necesario que la capacidad de reacción de competidores y clientes ante variaciones del precio sea limitada. En el caso del mercado eléctrico, la demanda es bastante inelástica debido a la falta de bienes sustitutos. Asimismo, debido a los elevados costes de entrada, la oferta también es relativamente inelástica en situaciones de escaso margen de reserva (diferencia entre la capacidad disponible y la demanda máxima). En los últimos años. el ritmo de inversión en generación no ha podido compensar el elevado crecimiento de la demanda eléctrica en España, presionando dicho margen de reserva a la baja. Ello, unido al hecho de que el 70% de los activos de generación pertenece a tan sólo dos empresas, hace que el poder de mercado de las mismas sea elevado.
El hecho de que una empresa tenga poder de mercado no implica que haya abusado de éste en el pasado, ni que vaya a hacerlo en el futuro. Aunque no puede afirmarse que las generadoras hayan abusado de su posición dominante, el interés de las mismas por elevar los precios se ha podido ver mitigado por motivos ajenos al propio mercado.
En primer lugar estaría la distorsión creada por la recuperación de las diferencias de los CTCs, según la cual las generadoras reciben tantos menos CTCs cuanto mayores son los precios del pool. Otro motivo es la competencia creada por una tarifa integral que ha descendido, por imperativo político, más de un 30% desde 1998. Finalmente, tal y como apunta el propio Libro Blanco, estaría el propio interés de las empresas por no "dinamitar el proceso liberalizador".
Pero las cosas pueden ser distintas en el futuro. En ausencia de CTCs y con una tarifa regulada que reflejara los costes de generación, las empresas podrían recuperar los incentivos para elevar los precios. Así lo muestra el Libro Blanco mediante una simulación basada en un modelo oligopolista, que reproduce el funcionamiento de un mercado eléctrico sin las distorsiones mencionadas. El ejercicio concluye que la estrategia óptima de las empresas dominantes consistiría en fijar precios superiores al nivel de competencia, especialmente en las horas de demanda media y alta.
El esfuerzo de los autores del libro Blanco por señalar la necesidad de prevenir posibles abusos de poder de mercado parece bien fundamentado y resulta totalmente legítimo mantener que corresponde al regulador (y no a las empresas) asegurar que tales abusos no se produzcan. Ahora bien, resulta mucho menos convincente el mecanismo de prevención propuesto. La solución sugerida supone la retirada del mercado de parte de la capacidad generadora de las dos principales empresas eléctricas. Se trata de un enfoque intervencionista en el que se fija de manera exógena (y por tanto discrecional) la estructura del mercado. Existen, sin embargo estrategias alternativas menos radicales para propiciar un funcionamiento competitivo del mercado eléctrico español.
La experiencia internacional existente sobre fallos de mercado acontecidos en sectores eléctricos liberalizados (el ejemplo más conocido es el de California en 2001) identifica como elemento común la falta de regulación y medios destinados a predecir y detectar los comportamientos anticompetitivos de los agentes del mercado. Un dispositivo de supervisión potente, capaz de valorar de manera objetiva el comportamiento de los agentes y de aplicar sanciones ejemplares en caso de infracción, permitiría prevenir con eficacia las situaciones de abuso. Para su correcto funcionamiento, tal dispositivo debería descansar sobre la aplicación de reglas claras y transparentes y ser gestionado por un ente plenamente conocedor de la realidad técnica y económica del sector.
Por tanto, antes de fijar discrecionalmente la estructura del mercado, parece más prudente dar una oportunidad al enfoque supervisor, apostando fuertemente por una Comisión Nacional de la Energía dotada de la suficiente capacidad técnica y sancionadora como para poder asegurar el pleno desarrollo de la competencia en el mercado eléctrico español.
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