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EL
FANTASMA DEL PETRÓLEO
EDITORIAL LAS PROVINCIAS
30
Diciembre de 2002
El
barril de brent, el petróleo de referencia en Europa, se cotiza ya a
más de 30 dólares por barril, por encima del precio que alcanzó inmediatamente
después de los atentados del 11-S; a lo largo de 2002, el crudo ha incrementado
su cotización en un 50 por ciento. Y en las cuatro semanas que dura
la crisis de Venezuela -con la práctica paralización de su sector petrolífero-,
la subida ha sido de seis dólares, a pesar de que los demás países de
la OPEP han manifestado ya su buena disposición a suplir con su sobreproducción
el déficit generado por la parálisis venezolana.
Evidentemente, la subida de los carburantes y otros derivados del petróleo
se producirá en las próximas semanas con la consiguiente incidencia
en el IPC de los países dependientes.
El papel de catalizador de estos incrementos sucesivos del crudo lo
está protagonizando la creciente amenaza de guerra en Irak, a medida
que se acumulan los indicios del fracaso de la misión de los inspectores
de las Naciones Unidas y se hace patente la incredulidad norteamericana
ante la proclamada inocencia de Bagdad.
Si la guerra finalmente se desencadena en los próximos meses, no sólo
desaparecerá del mercado la exigua producción iraquí actual: también
se verá perturbada la producción de los países vecinos, Arabia Saudí,
Kuwait, los Emiratos, Irán, etc. Lógicamente, esta perspectiva está
intensificando la demanda de los consumidores, que incrementan sus reservas,
y elevando los precios.
La crisis venezolana, de desenlace incierto, actúa igual.
Paradójicamente, proliferan los análisis fundados que demuestran que
las verdaderas intenciones de Washington en su decisión de atacar Irak
no son propiamente antiterroristas sino tendentes a garantizar la estabilidad
del mercado mundial de petróleo, habida cuenta de que, en los próximos
veinte años, Norteamérica tendrá que importar casi el 70% de su consumo
interno. Pero de momento, los presagios a corto plazo son más bien oscuros.
Aunque la guerra en Irak sea corta y puedan ponerse pronto en explotación
las grandes reservas de este país, todo indica que los precios del petróleo
se dispararán en los próximos meses.
Esta tendencia al alza puede abortar de raíz los leves síntomas de recuperación
de la economía mundial que se perciben, tras una etapa de ralentización.
Y, en lo tocante a nuestro país, que importa todos los productos petrolíferos
que consume, agravará los desequilibrios: empeorará sensiblemente el
sector exterior y provocará nuevas tensiones inflacionistas.
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