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GASODUCTO
ESTRATÉGICO
EDITORIAL LA VANGUARDIA
30
Diciembre de 2002
Turkmenistán, Afganistán y Pakistán firmaron ayer un acuerdo para emprender
el proyecto de un gasoducto desde aquella república ex soviética hasta
el Índico, un ansiado conducto auspiciado y avalado por Estados Unidos
que ha de representar un gran salto cualitativo en el área y que se
halla en la base de los conflictos habidos en el último cuarto de siglo
en la zona.
En 1998, la empresa norteamericana Unocal ya negoció con las autoridades
talibán de Kabul la construcción del gasoducto. Pero los atentados contra
las embajadas norteamericanas de Tanzania y Kenia, con un balance de
más de 200 muertos, y el posterior bombardeo por la administración Clinton
de las bases de Al Qaeda en Afganistán echaron por tierra el proyecto.
Ahora, el gasoducto recobra vida de la mano del presidente afgano Hamid
Karzai, ex asesor de Unocal.
Desde el punto de vista geoestratégico, el asunto es de primera magnitud.
La apuesta de los promotores del gasoducto de atravesar en diagonal
Afganistán para recalar en un puerto pakistaní del Índico significa,
en primer lugar, abandonar la opción de Arabia Saudí, que contempla,
además, como emerge un temible competidor energético. Los yacimientos
de gas turkmeno de Dovletabad y Donnez suponen la cuarta mayor reserva
mundial.
En segundo lugar, el proyecto coloca a Moscú en una situación difícil.
Además del problema que supondrá la pérdida económica por la evidente
mengua del gravamen sobre la exportación de productos energéticos, el
gasoducto viene a representar un paso más en la caída de influencia
de Rusia en las repúblicas centroasiáticas ex soviéticas. El acercamiento
de Moscú a Europa puede verse impelido –si no obligado–, a corto y medio
plazo.
En tercer lugar, el proyecto pone contra las cuerdas a India, que ha
sido invitada a participar con un segundo brazo del gasoducto desde
Pakistán a un puerto indio. Hasta ahora, las autoridades de Nueva Delhi
han visto con recelo la posibilidad de este segundo ramal del gasoducto
por el temor de que Pakistán lo utilice para presionar en tiempos de
crisis. Ahora tendrán que tomar una decisión que pasaría, lógicamente,
por un acuerdo sobre Cachemira.
Y, en último lugar, el proyecto retrasa la posibilidad de un macrogasoducto
hacia el Pacífico, a través de China, avalado por los intereses coincidentes
en este caso de Pekín y Tokio.
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