EL GASODUCTO


OPINIÓN LA VANGUARDIA

30 Diciembre de 2002


POR ALFREDO ABIÁN

Sin necesidad de ser abducida por extraterrestres ni ser clonada por la secta raeliana, la Administración Bush ha logrado que su genoma energético nos ofrezca los primeros resultados prácticos fuera de laboratorio en Asia central.


Hace años que Estados Unidos considera esta región como zona estratégica, ya que almacena, amén de petróleo, el 40% de las reservas mundiales de gas. El problema era que para trazar conducciones desde las ex repúblicas soviéticas hasta el Índico, sin pasar por el demonizado Irán ni por Rusia –la competencia–, había que atravesar el inestable Afganistán y seguir por Pakistán.


Indirectamente, el 11-S allanó el problema y ayer estos dos últimos países y Turkmenistán firmaron un acuerdo para construir un gasoducto. El presidente afgano, Hamid Karzai, veía así cumplido un viejo objetivo que se frustró hace cuatro años cuando la empresa a la que asesoraba, la petrolera estadounidense Unocal, dejó de negociar con los talibán tras los atentados de Al Qaeda contra las embajadas en Tanzania y Kenia.


Otro consejero de aquella multinacional, el también afgano Zalmay Jalilzad, fue nombrado miembro del Consejo de Seguridad Nacional, con línea directa con Condoleezza Rice. La mujer de hierro que, curiosamente, fue alta ejecutiva de la Chevron Oil y experta en Kazajstán, otra de las cinco repúblicas ex soviéticas de la región ricas en recursos energéticos.

 

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