|
EL
EURO Y EL PETRÓLEO
EDITORIAL LA VANGUARDIA
30
Diciembre de 2002
Los efectos de los tambores de guerra en Iraq, de la dilatada huelga
general en Venezuela y del tono crecientemente belicista adoptado por
las autoridades norcoreanas en los últimos días se han combinado para
situar el precio del petróleo en su nivel más alto de los dos últimos
años y establecer la cotización del euro en su cambio más elevado con
respecto al dólar a lo largo de este ejercicio 2002 que está a punto
de concluir. Hace un año, el precio del crudo Brent rondaba los 20 dólares,
mientras que el pasado viernes superó los 30, un alza del 50%. A finales
de enero, un euro costaba 0,85 dólares, mientras que ahora hacen falta
casi 1,04 dólares para adquirir un euro.
La evolución de ambas variables en los últimos tiempos sugiere una cierta
prudencia a la hora de evaluar sus consecuencias. Las exportaciones
de crudo venezolano se reanudarán más temprano que tarde y, desde la
guerra del Golfo, los países consumidores de hidrocarburos apenas han
contado con el petróleo o el gas iraquí, una circunstancia que ha tenido
una incidencia mínima en el precio de esas dos cruciales materias primas.
No da la sensación, en efecto, de que el inicio de las hostilidades
en Iraq vaya a tener unos efectos comparables a los de la guerra del
Yom Kippur de 1973 o de la revolución jomeinista de 1979.
El caso del euro es más notable, porque no puede buscarse en la coyuntura
de las economías europeas las razones de su fortaleza. Es obvio que,
más que subir el euro, lo que sucede es que baja el dólar, debido sobre
todo a las tensiones internacionales, con Iraq y Corea del Norte en
primer plano. En todo caso, hay que levantar acta de que la divisa europea
se ha convertido en moneda refugio, algo sobre lo que había serias dudas
cuando inició su andadura, hace apenas cuatro años.
Para la economía española son difíciles de evaluar los efectos de ambas
circunstancias, que en principio tienden a compensarse mutuamente. Dada
nuestra aún elevada dependencia energética, un crudo a 30 dólares, en
caso de mantenerse, tendrá consecuencias negativas sobre el nivel general
de precios. En cambio, un euro fuerte puede aminorar las tensiones inflacionistas
sin revestir un impacto excesivo sobre la balanza de pagos, toda vez
que nuestras exportaciones se concentran fundamentalmente en la zona
del euro. En cualquier caso, está demostrado que un petróleo caro incide
negativamente sobre el crecimiento de todas las economías occidentales.
http://www.lavanguardia.es/
|