Miedo exagerado a los apagones

Resumen de Prensa            Enervía, lunes, 30 mayo 2005

FUENTE: Editorial Expansión


Se acerca el verano y renace el debate sobre el riesgo de apagones en España. El desaforado aumento del consumo eléctrico en ese periodo del año, por la extensión del uso de aparatos de aire acondicionado, pone en tensión el sistema. La crisis se agudiza este año por la sequía, que ha dejado fuera de combate a la mayor parte de las centrales de producción hidroeléctrica. La discusión se ve alimentada por las quejas de algunas autoridades, que reclaman mas inversiones de las compañías, y por los propios gestores de las eléctricas, que piden una subida de las tarifas como compensación por el esfuerzo que tienen que realizar en sus activos de producción y distribución para atender la demanda.

Algunos datos contribuyen a alimentar el miedo a los apagones veraniegos. El consumo de los nuevos aparatos de aire acondicionado que se pondrán en servicio este verano exigirá el funcionamiento de plantas con 2.000MW de potencia, es decir, el equivalente a cinco centrales de ciclos combinado o dos nucleares. La punta de demanda puede superar los 40.000MW en los día mas calurosos, frente a los 37.500MW del año pasado.
Un análisis muy profundo de la situación rebaja el alarmismo. La demanda del invierno superó los 44.000MW y no hubo incidentes graves. El parque de producción puede atender ese consumo, gracias a al puesta en servicio de ciclos combinados en los últimos años. Además, estas centrales no tendrán problemas de abastecimiento de gas, ya que el uso doméstico de esta energía disminuye drásticamente en verano. Las redes de transporte y distribución han sido reforzadas, por lo que el sector solo espera cortes selectivos de suministro en zonas de Andalucía y Levante en momentos muy puntuales.

La pregunta es hasta cuándo es sostenible ese incremento del consumo ( típico de países en desarrollo) sin que suban las tarifas para financiar las inversiones. El Gobierno tiene dos opciones: recortar el consumo o incentivar mas la inversión. Quizá, la aplicación de tarifas que castiguen el consumo excesivo permita resolver ambas cuestiones.


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