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Repsol y el polvorín latinoamericano
Resumen de Prensa InterMoney Energía, lunes, 30 enero 2006
FUENTE:
Editorial Expansión
La mecha que ha prendido el populismo en Latinoamérica está abocando a la región a una situación muy complicada, difícil de conciliar con las exigencias de una economía cada vez más globalizada, y que, como acaba de sufrir en sus propias carnes Repsol, no es inocua para los intereses económicos y empresariales de España en el continente, que no son pocos. Durante la última década, la mayoría de los países latinoamericanos ha conseguido sanear sus bases económicas, gracias a una cierta disciplina en la ortodoxia y al asentamiento de las instituciones democráticas; pero los favorables resultados económicos son aún insuficientes, y no han calado en unas sociedades que soportan un elevado nivel de pobreza, y que contemplan con hastío las recetas liberales, de las que recelan cada vez más. Además, padecen unos gobiernos que en muchos casos no han conseguido sacudirse el estigma de la corrupción. Estas circunstancias constituyen el caldo de cultivo para el florecimiento de perversos populismos, con el mensaje de una izquierda que dibuja un mundo irreal, con demagógicas ofertas de aumentos de gasto público, irresponsables iniciativas de renacionalización industrial y absurdos proteccionismos. Por desgracia, la llegada de Evo Morales al Gobierno de Bolivia no es la primera muestra de este mal endémico que sacude Latinoamérica. En Argentina, la sustitución de Lavagna al frente de la cartera de Economía representa un riesgo de involución, que pone en peligro los intereses de Repsol Endesa, Telefónica y Gas Natural, que temen no se ejecute el compromiso de revisar la situación de congelación de tarifas; los delirios sociopolíticoeconómicos de Venezuela representan una bomba de relojería para el continente; en Brasilia corrupción ha estallado dentro de la Administración de Lula... y en los próximos meses es muy probable que la mancha del discurso antiglobalizador, la retórica indigenista y el populismo revolucionario se extienda en las previstas elecciones de Perú, México y Nicaragua. Estos populismos están condenados a fracasar, pues constituyen un atentado contra el sentido común y las más elementales leyes de la economía; pero, mientras tanto, como Atila, provocarán graves desaguisados en el marco institucional y en el tejido empresarial. El Gobierno español no puede ser indiferente, ni permisivo, ni reír las gracias a estos líderes de pandereta, que están sembrando inseguridad jurídica en un continente que es, y seguirá siendo, estratégico para las empresas españolas, que durante la última década han hecho de la región un destino prioritario para sus inversiones, de las que tan necesitada sigue Latinoamérica para seguir creciendo.
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