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¿Cerrará Chávez el grifo?
Resumen de Prensa InterMoney Energía, jueves, 29 junio 2006
FUENTE:
Por Juan Arlanzón en Expansión
No hay semana, desde hace ya muchos meses, en que el presidente Hugo Chávez no amenace varias veces con suspender las ventas de petróleo a Estados Unidos. Les venden dos tercios de su producción, y al cliente le suponen un 15% de sus importaciones de crudo, por lo que es obvio que si la amenaza chavista se concretase, podría tener consecuencias importantes. No sólo para los dos países directamente implicados en su particular partida de póquer; sino para todo el mundo. El negocio petrolero está más globalizado aún que el Mundial de Fútbol. Vamos a intentar predecir qué podría suceder si se llegase a esa situación límite, moviéndonos de un escenario geográfico a otro, siguiendo el patrón del thriller políticopetrolero Syriana, intentando ser ordenados para no crear la confusión de aquella película. Saltaremos del Caribe a Norteamérica, pero pasando por Oriente Medio y Lejano, Sudamérica, África occidental y Europa continental.
El primer afectado, simplemente por tornar esa decisión, seria Venezuela. Ahora mismo. no consigue producir toda la cuota asignada dentro de la OPEP, por incapacidad manifiesta de su compañía nacional PDVSA, más la imposibilidad de que las compañías internacionales que operan en el país, bajo condiciones fiscales y contractuales desmotivadoras, llenen el hueco. Todos los organismos y entidades que monitorean la producción venezolana, con la obvia excepción de PDVSA, constatan que sólo están produciendo 2,6 millones de barriles diarios, de los 3.2 millones que tienen asignados dentro del cartel petrolero. Lo dicen los analistas, la AIE y la propia OPEP, poco sospechosa de querer ocultar esa realidad. Curiosamente, cortar repentinamente la exportación a Estados Unidos, permitiría a Venezuela manejar cómodamente cualquier cifra de producción propia. Pero tendría consecuencias desastrosas para su economía. Al precio medio practicado en sus exportaciones, 55,61 dólares por barril a mitad de mayo, las ventas al mercado estadounidense le supondrían anualmente más, de veinte mil millones de dólares. Hay decenas de países cuyo PIB es inferior. Ciertamente, es un acto de fe aceptar ese precio como real, ya que parte de las exportaciones de crudo venezolano son complejas de cuantificar. No olvidemos que muchos barriles se venden a precio subvencionado, dentro de la promoción bolivariana para captar adeptos a su causa. Otros millones de barriles se truecan por soja, o por caña de azúcar, y hasta por ganado bovino. Incluso por servicios prestados por maestros y médicos cubanos. Pero como ese precio es el utilizado oficialmente por PDVSA, es el que debería aplicarse para calcular el impacto económico teórico, en Venezuela; de un corte de sus exportaciones petroleras.
Mercados y suministros alternativos Podrían buscarse mercados alternativos para el crudo venezolano que ahora envían a Estados Unidos. También es cierto que, en su mayor parte, es petróleo pesado, para el que no todas las refinerías están diseñadas para su refino, y menos en tan gran volumen. Chávez y su ministro de Petróleo se van preocupado últimamente, con gran empeño, en abrir el crudo venezolano a los mercados chino e indio, pero sus refinerías no están preparadas para procesarlo masivamente. No son la alternativa que pudiera reemplazar al que venden a Estados Unidos. China e India tienen necesidad de importar cada vez más crudo, pero su avidez no se corresponde con sus posibilidades de procesar todas sus calidades. Es como si a un hambriento vegetariano, le dieran los mejores solomillos de ternera. Su organismo no está preparado para digeridos. El proceso de adecuación de las refinerías a distintas calidades de petróleo exige tiempo y grandes inversiones. Y desde el punto de vista de coste de los fletes desde Venezuela, la muchísima mayor lejanía del Lejano Oriente frente a la costa Este norteamericana, encarecería sensiblemente el precio en destino.
Quien, sin duda, sonreiría con satisfacción si PDVSA cortase sus exportaciones a Estados Unidos, sería Arabia Saudita. Sí, porque, aunque pareciera increíble, su propio ministro de Petróleo acaba de reconocer que están vendiendo menos petróleo que el asignado en su cuota de la OPEP. Según los analistas, podrían estar exportando 400.000 barriles diarios menos de los previstos, pero no por dificultades operativas, como es el caso flagrante de PDVSA, sino simplemente por falta de demanda. Se trata, precisamente, de petróleo pesado, para el que no hay clientes interesados por saturación de la oferta, al no estar todos los sistemas de refino preparados para su proceso. Si Venezuela dejase de exportar su crudo (pesado en su mayor parte, no lo olvidemos) a Estados Unidos, Arabia Saudita acudiría rauda a sustituirlo. Otro que estaría encantado con un corte de las ventas del crudo venezolano a Estados Unidos sería Rusia, pues tiene posibilidades inmediatas de incrementar su producción. Ahora mismo estaría vendiendo cien mil barriles diarios de crudo pesado, del tipo Ural, a la mismísima PDVSA, para alimentar la refinería alemana Ruhr Oel en la que participa con un 50%, al sobrepasar ya sus necesidades más sus compromisos de venta de crudo, a su capacidad de producción propia. Todo un desastre. Otro ejemplo es que Venezuela firmó un acuerdo de suministro de petróleo a algunas provincias de El Salvador, en condiciones ventajosas, pero hasta ahora no han visto "ni una gota", como declaró recientemente su embajador en Estados Unidos, René León.
El miedo es caro Parece un contrasentido que el petróleo esté tan caro, cuando pareciera que hay sobreoferta. El CEO de BP, John Browne, dijo en 'Washington, el 16 de junio, que "el mundo está bien aprovisionado, con (altos) stocks de crudo... y creciente capacidad sobrante de producción". Quizás no sea tan idílico el escenario, pero es 'cierto que, pese a los huracanes, las crisis iraquí e iraní, la menor producción de Venezuela, más los problemas recientes en Nigeria, que están retirando diariamente del mercado entre medio millón y ochocientos mil barriles, durante varias semanas, no ha habido interrupción de los suministros, a escala mundial, desde hace muchísimos años. Se paga un precio muy alto por el riesgo de que falte el petróleo, pero no porque falte, realmente. Cuando se disipen algunos de estos problemas, junto con la nueva producción que se está obteniendo en Angola, el final de la reparación de pozos y plataformas afectados el pasado año por el huracán Katrina, o cuando aparezcan los excedentes que Brasil va a obtener por primera vez, al conseguir ser autosuficiente con sus nuevos campos (por cierto, la mayoría, de crudo pesado), se reducirán las tensiones del mercado y la volatilidad de los precios. Contando, por supuesto, con que el sistema mundial de refino se vaya adaptando, lo antes posible a la mayor demanda de mejores productos, y a las calidades de los crudos. Y sin inesperados conflictos políticos en las zonas productoras. Estados Unidos sería el más afectado directamente si Chávez cortase sus exportaciones de crudo. La Administración Bush está con la mosca tras la oreja, ante dicha eventualidad, obviamente, y han modelizado los posibles escenarios que podrían presentarse, incluyendo los temidos juegos de guerra. Otro Irak no parece deseable para nadie. Además de que, aunque tenga una indudable carga propagandística e intimidatoria, el embajador venezolano en Moscú, Alexis Rojas Navarro, advirtió, el 21 de junio, que "incendiarían sus campos petrolíferos... como primera respuesta en caso de invasión". Serían capaces, y Chávez podría compararse con Nerón. El Departamento de Energía norteamericano prevé que un embargo de las exportaciones venezolanas incrementaría inmediatamente el precio del crudo entre 4 y 6 dólares por barril y una disminución de producción de 2,2 millones de barriles diarios, durante medio año, encarecería el precio en unos 11 dólares por barril. Mucho, pero más subió en los dos últimos años, y la economía mundial lo ha absorbido (casi) sin pestañear, continuando su expansión. Si sólo se cortasen las exportaciones a Estados Unidos, sin éstos implicarse en una operación militar, habría una subida coyuntural de los precios, pero otros países productores podrían cubrir una parte importante del déficit, probablemente. Ahora mismo, además, Estados Unidos tiene unos stocks de casi 350 millones de barriles de crudo, más casi otro tanto entre gasolinas y destilados. Es una de sus situaciones más confortables de los últimos años, pudiendo afrontar un corte de los aprovisionamientos de crudo venezolano, durante bastante tiempo. Al final, la moraleja del cuento va a ser feliz. Parece que a nadie le interesa que Hugo Chávez cierre el grifo, ni a él mismo y, si lo hiciere, tampoco dañaría irremediablemente a su querido enemigo George W Bush.
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