|
El futuro de Bolivia
Resumen de Prensa InterMoney Energía, lunes, 29 mayo 2006
FUENTE:
Por Antoni Subirá en Expansión
A la progresía políticamente correcta
le hizo mucha gracia el jersey de don Evo Morales, a otros nos dio pena. Al cabo
de pocas semanas, este personaje comenzó a ejecutar fielmente su programa electoral
e inició procesos de nacionalización sin expropiación. La primera víctima española
ha sido Repsol, inmediatamente seguido de BBVA, y aquella progresía ha continuado
riéndole las gracias, un poco a hurtadillas porque las víctimas, aun siendo multinacionales
-o sea, los malos de la película-, son empresas españolas. Los comentarios a favor
de don Evo hubieran sido menos disimulados si las afectadas hubieran sido sólo
multinacionales extranjeras -o sea, malas sin mezcla de bien alguno-. Perjuicio
para los ciudadanos Nos encontramos de nuevo ante un ejemplo de cómo los propios
demonios -de la progresía políticamente correcta- nos traicionan. Lo importante
para Bolivia -o sea, los bolivianos- no es el perjuicio que se causará a las empresas
que invirtieron allí, que será más o menos, pero que, finalmente, no pondrá en
peligro ni a Repsol ni a BBVA, sino cómo aquellas decisiones afectarán a Bolivia
y a sus ciudadanos. Todos los que se han ocupado seriamente de los problemas del
subdesarrollo y cómo salir de él saben que entre las muchas variables en juego
hay algunas, no poco importantes, que se verán, se han visto ya, muy seriamente
afectadas por las decisiones del señor Morales. Me refiero a la generación
de confianza en los inversores, tanto externos como internos, confianza que naturalmente
se base en hechos, no en palabras, y que debe ser constantemente reforzada. Esta
confianza incluye evidentemente la seguridad jurídica y todo esto es lo que se
está viniendo abajo en Bolivia. He mencionado a los inversores internos junto
a los externos y, sin duda, los primeros son -para el desarrollo de un país- tan
importantes o más que los segundos. Alguien podrá decir que las expropiaciones
no afectan a las empresas autóctonas; esta afirmación no es cierta. Por un lado,
la actuación de las empresas extranjeras suele ser beneficiosa para el sistema
productivo local y podríamos aportar muchas evidencias al respecto, pero en relación
con la generación de confianza -que es un fenómeno muy sutil- vale aquel dicho
popular que reza "cuando las barbas del vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar".
Bolivia, que como casi todos los países del mundo es territorialmente heterogénea,
dispone de un recurso que es decisivo de cara a su futuro desarrollo. No son sus
recursos naturales, siendo éstos importantes, es que una parte de su territorio,
la región que se centra alrededor de la ciudad de Santa Cruz, dispone del recurso
más determinante del desarrollo: una incipiente clase media con espíritu emprendedor. Si
el espíritu emprendedor que empieza -de hecho, apareció hace algunas décadas-
a manifestarse en Santa Cruz se ve frustrado en sus iniciativas por no poder confiar
en su propio gobierno y sus políticas, la víctima será Santa Cruz, la emergente
clase empresarial autóctona y, finalmente, el desarrollo de Bolivia. Cabría
pensar que la importancia de Bolivia -de sus recursos naturales- es tal que pueden
ser esgrimidos como elementos de chantaje internacional en beneficio del país,
como está intentando hacer Venezuela, pero esta política, en el supuesto -creo
que falso- de que pueda ser buena para alguien, no está entre las posibilidades
de Bolivia. Escaso peso mundial A veces, un dato bien escogido es más ilustrativo,
y menos aburrido, que un montón de estadísticas. El ejemplo existe en el caso
de Bolivia, cuyas exportaciones totales, incluyendo hidrocarburos, fueron en 2005
de 2.734 millones de dólares. Las de la demarcación de la Cámara de Comercio de
Sabadell en el mismo periodo fueron de 3424 millones de euros. Soy plenamente
consciente de la importancia económica de la demarcación de la Cámara de Comercio
de Sabadell, pero está claro que no está en sus manos hacer temblar la economía
occidental. Resumiendo, el señor Morales y su política -de la que nadie puede
sorprenderse, visto el personaje y su programa electoral- no pueden hacer otra
cosa que provocar el retroceso de su país, poniendo, además, en peligro no sólo
su mejor activo -los empresarios bolivianos-, sino también su cohesión interna.
www.expansion.com
|