LOS APAGONES NO SON TERCERMUNDISTAS
OPINIÓN
ABC
29 Enero de 2002
En determinados momentos de un próximo futuro, como ya ocurrió en el inmediato
pasado, en el Reino de España la demanda de energía eléctrica será superior
a la oferta, de forma que los apagones se convertirán en fenómeno inevitable.
Bastará una ola de frío, como la registrada las pasadas Navidades, o una de
calor, siempre posible en un país tan cercano al desierto del Sahara y tan
querido por los ciudadanos extranjeros, para que al sistema se le fundan los
plomos. Dado que el supuesto resulta altamente probable, me permito recomendar
a la afición que se busquen adjetivos para calificarlo, porque tercermundista,
que es el que enseguida viene a la cabeza, a la pluma y a la lengua, no se
podrá utilizar. Después de los apagones ocurridos en California, resultaría
inapropiado identificar restricciones eléctricas con subdesarrollo.
En todo caso, y en esta España que pelea por ser uno más entre los países
mas desarrollados del mundo, los apagones están a la vuelta de la esquina.
¿Por qué? ¿Quién, o quiénes, son los culpables? ¿Hacia dónde debe apuntar
el dedo justiciero de la opinión ciudadana? Desde luego responder a esas o
similares preguntas con un par de nombres y un par de razones procuraría cierta
satisfacción a los damnificados por los fallos del sistema eléctrico nacional;
desafortunadamente, los problemas complejos carecen de respuestas y de soluciones
sencillas.
Por supuesto que hay una razón primigenia: tal y como están los precios, fabricar,
distribuir y vender energía eléctrica no es un buen negocio; me explico: las
empresas eléctricas españolas registran actualmente unos beneficios razonables
en la medida que sus instalaciones están ya medio amortizadas, pero no quieren
seguir invirtiendo en un sector de alto riesgo político -los gobiernos mandan
y regulan demasiado en el sector- y económico -¿qué ocurrirá el día que Francia
vuelque sobre el mercado español todo el excedente de sus centrales nucleares?-.
Esas incertidumbres políticas y económicas hacen que las empresas eléctricas
se diversifiquen, inviertan en el extranjero, monten redes de cable de fibra
óptica por las ciudades del Reino, entren en telefonía y hasta en televisión
de pago. Tanta diversificación provoca que las eléctricas sólo dediquen una
tercera parte de sus inversiones al negocio propiamente eléctrico dentro de
España. Pero, como digo, no lo hacen por capricho, sino por necesidad.
¿Eso significa que, como siempre, el Gobierno es culpable de los apagones
anunciados? Para mí tengo que, más que culpable, resulta esquizofrénico; por
un lado quiere garantizar el suministro de energía eléctrica, para lo que
bastaría con admitir precios de venta atractivos para las empresas, pero por
otro no quiere pechar ni con la impopularidad de una subida de tarifas, ni
con el riesgo inflacionario. Y, como el Gobierno, el resto de las administraciones.
Los Ayuntamientos, por ejemplo, quieren luces de colores en las fiestas locales,
pero son reacios a conceder permisos para instalaciones eléctricas. Y eso
sin hablar de las centrales nucleares, que antes o después resultarán necesarias.
Y lo cierto es que España no es el único país en el que saltan chispas. Cada
uno con sus peculiaridades, pero Estados Unidos, Francia, Alemania, etcétera,
también padecen su propio cisco eléctrico. Desde el caso/fiasco de Enron,
la empresa eléctrica norteamericana que se pilló los dedos comprando y vendiendo
kilovatios como si fueran barriles de petróleo, al de Electricitè de France,
cuya sola existencia en régimen de monopolio constituye una ofensa para el
mercado único europeo, son innumerables los ejemplos que demuestran que la
cuestión eléctrica es asunto complejo en cualquiera de sus referencias, desde
la ideológica a la financiera, pasando por la tecnológica o la comercial.
Pero algo habrá que hacer porque, nunca mejor dicho, la energía es el motor
de cualquier economía.
http://www.abc.es/opinion/noticia.asp?id=74900&dia=Hoy