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La creciente dependencia del crudo
Resumen de Prensa Enervía, miércoles, 28 julio 2004
FUENTE:
El Mundo - Por ROBERTJ.SAMUELSON
La política energética norteamericana es, por encima de cualquier otra consideración, corta de miras y falta de criterio. A principios de la década de los 60, estaba claro que a largo plazo íbamos a tener que hacer frente a un problema con el petróleo, en primer lugar, porque el país dependía de las importaciones y, en segundo lugar, porque dos tercios de las reservas mundiales de petróleo se encuentran en Oriente Medio, donde la política y la inestabilidad han hecho que un corte catastrófico de los suministros se convierta en un riesgo permanente. ¿Qué hicimos nosotros? Bueno, el Congreso tomó algunas medidas muy prudentes en los 60. Dio luz verde a las normas de eficiencia de las gasolinas para vehículos y a la SPR (Reserva Estratégica de Petróleo). Pero los precios bajos del crudo en los 80 y 90 hicieron que volviéramos a las andadas. La SPR no se revisó al alza como habría sido de rigor y los conductores se lanzaron a comprar masivamente los SOY (Sport Utility Vehicles, o Vehículos Deportivos de Trabajo), que se rigen por unas normas menos severas de consumo de combustible por kilómetro. Los norteamericanos optaron por la gasolina barata antes que por la prudencia a largo plazo.
Una política energética inteligente tardará decenios en poder sentir sus efectos
Cuando el crudo se ha elevado a 40 dólares por barril, los sabihondos han clamado por la implantación de un impuesto sobre la energía (una política por la que yo llevo mucho tiempo abogando). Aunque sea deseable, no va a traer consigo grandes beneficios de manera inmediata porque hay más de 230 millones de vehículos en nuestras vías públicas. Cualquier iniciativa en favor dé la eficiencia del consumo de combustibles va a tardar tiempo. Una política energética inteligente hace sentir sus efectos en el curso de años y decenios, no de semanas y meses. La pregunta que deberíamos estar haciéndonos (y no nos hacemos) es si no estaremos cometiendo la misma metedura de pata con el gas natural. A la vista de nuestra historia, parece que no vamos desencaminados. El gas natural constituye el combustible de calefacción de aproximadamente la mitad de los hogares de EEUU (el 51 % en el año 2001). Desde 1993, ha sido el combustible utilizado para generar prácticamente el 90% de la demanda adicional de electricidad; efectivamente, el gas natural proporciona la energía que hace funcionar Internet y la inmensa mayoría de los ordenadores personales. En 2002, alrededor de la mitad de las ventas de gas fueron a consumidores industriales y comerciales. El problema radica en que ya no somos autosuficientes en gas natural y en que va a seguir creciendo la dependencia de las importaciones. En 2003, los estadounidenses consumieron alrededor 22 billones de pies cúbicos (16.000 millones de metros cúbicos) de gas natural, tres más que los 19 billones de pies cúbicos de 1990. En 2025, el consumo estará entre los 29 y los 34 billones de pies cúbicos, según cálculos de la EIA (Energy Information Administration, u Organismo de Información de la Energía). Si no importamos más o no ampliamos la producción nacional (o ambas cosas a la vez), estos cálculos no se harán realidad. Los precios subirán, con lo que estrangularán la demanda, o se producirán restricciones en el suministro. Algunas fabricas que necesitan gas se trasladarán. a otros países que dispongan de un suministro más barato y más seguro. De hecho, los precios ya han. subido. En los 90, los precios en 9rigen eran de, aproximadamente, una media de dos dólares por mil pies cúbicos; en 2003,. la media fue de casi cinco dólares. Hasta el momento, Canadá ha suministrado mediante' oleoductos la mayor parte de las importaciones que requiere EEUU (una sexta parte del consumo en el año 2003). Pero es posible que Canadá no disponga de gas suficiente para vender a EEUU cantidades mayores. Sobre el papel, la solución pasa por importar GNL (gas natural licuado). Es más, los costes de construcción de plantas de licuefacción han caído un 60% desde 1990. En EEUU existen ya cuatro terminales para la importación de GNL. Según Chris McGiII, de la American Gas Association, se ha propuesto la construcción de otras 35 plantas. La pregunta es si en algún momento llegarán a construirse las suficientes.
Los altos precios del barril pueden perjudicar la marcha de la economía
El rasgo más característico de la política energética estadounidense es su tozuda negativa a comparar las diversas alternativas. En cuanto al petróleo, los norteamericanos quieren precios bajos y suministros garantizados, cosas que no son coherentes entre sí. Cuanto más bajo sea él precio, menos razones habrá para comprar-vehículos que sean más eficientes en el consumo de combustible. Cuanto más petróleo consumamos, más tendremos que importar y mayor será nuestra vulnerabilidad a un corte catastrófico de suministro. Afortunadamente, nada de eso ha ocurrido todavía. Aunque los altos precios del crudo en estos momentos puedan perjudicar la marcha de la economía, pueden considerarse más un inconveniente que una tragedia. Pero todo el mundo debería" darse cuenta en la actualidad de que hay muchos peligros (terrorismo, guerras, revoluciones, extorsión política) que podrían dar lugar a un corte de suministro a gran es. cala del petróleo de Oriente Medio circunstancia para la que no esta mos preparados.
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