EL EJEMPLO DE ENDESA

OPINIÓN ESTRELLA DIGITAL
28 de Mayo de 2002



POR PABLO SEBASTIÁN

En estos tiempos de tribulaciones políticas, económicas y sociales, ha sido el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, quien ante el proceso de fusión de plataformas digitales recordó la actuación implacable por no decir irracional y casi arbitraria del Servicio de la Competencia en aquel proyecto de fusión de Endesa e Iberdrola que le habría dado a ambas compañías y a España en el sector eléctrico una dimensión nacional e internacional de primer orden.

Un proyecto que, ante la condiciones leoninas impuestas por el servicio de la Competencia quedó en suspenso porque los presidentes de Endesa, Rodolfo Martín Villa, y de Iberdrola, Íñigo Oriol, decidieron no continuar con la fusión en defensa de los intereses de sus compañías y de sus accionistas frente a la tentación del brillo del poder y de un triunfo que se salía del campo de la racionalidad y la buena gestión.

De entre todas las empresas del Estado que se han privatizado desde la llegada del Gobierno del Partido Popular al poder, Endesa ha sido y es un modelo ejemplar. Y ello por más que algunos no apostaran demasiado por el éxito, luego probado y conseguido por esta empresa, subrayando por aquel entonces la trayectoria política de Rodolfo Martín Villa, frente a la financiera o la empresarial de otros notorios (y famosos) gestores de todo el proceso privatizador de empresas del Estado. Muchos de los cuales han sucumbido en la mala gestión, escándalos y el oportunismo, mientras que el político Martín Villa desarrolló un modelo de gestión tan eficaz y discreto como lo ha sido la transición de su presidencia a su "número dos" en la alta gestión de la compañía, Manuel Pizarro.

Martín Villa convirtió el grupo de empresas de Endesa en una empresa integrada, con un millón doscientos mil accionistas y convertida en la primera empresa eléctrica de España. Y también en la primera multinacional eléctrica española con presencia en doce países, con clara primacía en Iberoamérica y penetración en Italia, Francia y Portugal, con diversificación de sus negocios (y con presencia en el gas natural). Con una cuenta de resultados que, desde 1997 a finales del 2001, permitió a Endesa duplicar sus activos, ingresos, su potencia y generación de energía, sus clientes y su cotización en Bolsa y mejorar en un 33 por ciento sus beneficios.

Posiblemente la cuenta de resultados y el valor empresa y la capacidad de plusvalía conseguida ahora por Endesa habría aumentado de haberse consumado la fusión con Iberdrola en unas condiciones de racionalidad empresarial, y no siguiendo el marco dibujado entonces por los servicios de la Competencia. Pero las intrigas políticas y los clanes de poder impidieron la fusión y los presidentes de ambas empresas optaron por la prudencia y seguridad de sus respectivos negocios y la defensa de sus accionistas.

Sin embargo ese proyecto de fusión fallida no ha mermado, en nada, el ejemplo de Endesa que ahora, bajo la égida de Manuel Pizarro, otro peso pasado de la gestión empresarial, continuará los pasos de la presidencia de Martín Villa, tras un modélico traspaso de poderes que garantiza la buena marcha de la empresa y la continuidad.

A la espera de conocer la verdadera posición del presidente Aznar (y de su Gobierno) sobre la ahora pretendida fusión de plataformas digitales, conviene recordar lo ocurrido con la fusión de Endesa e Iberdrola, pero sobre todo para decir que los casos no son comparables. Entre otras cosas porque la fusión fallida de las eléctricas era un buen proyecto empresarial y nacional que no tiene mucho que ver con la batalla mediática y la política que subyace en la pretendida fusión de la televisión digital, por más que la crisis palpable de ese otro mercado sea una realidad.

Ahora bien si, como pide Álvarez-Cascos, a este proceso se le aplica la misma vara de medir que a la fusión eléctrica en cuestión, entonces veremos qué pasa, pero con una variante bien diferente frente al caso de Endesa e Iberdrola: que las dos citadas empresas eléctricas eran modélicas en resultados y gestión mientras que las plataformas digitales son un modelo de mala gestión y de resultados peores y sin visos de solución.

http://www.estrelladigital.es/020528/articulos/opinion/el_manantial.asp