SEGURIDAD ELÉCTRICA

EDITORIAL ABC
27 Enero de 2002




La seguridad eléctrica El Plan de Medidas Excepcionales del sector eléctrico, elaborado por la empresa Red Eléctrica de España, y que tiene por objeto garantizar la seguridad del suministro ha puesto de manifiesto las graves limitaciones del actual sistema. De momento, el Gobierno prefiere guardar el Plan en un cajón con la confianza de que las condiciones climatológicas, más suaves en esta época del año, permitan un respiro de manera que las empresas eléctricas pongan a punto nuevas infraestructuras para asegurar la cobertura de una eventual demanda punta.

El Ministerio de Economía ha trabajado toda esta semana en la elaboración de un marco legal, a través de un acuerdo de Consejo de Ministros, que diera suficiente respaldo jurídico al citado Plan de emergencia, de modo que su aplicación se pudiera llevar a cabo con plena eficacia en una circunstancia de causa mayor como la que se produjo a finales del pasado mes de diciembre en la zona Centro y en Levante. Al final, el vicepresidente Rodrigo Rato ha decidido que la implicación del Gobierno en todo este proceso podía ser contraproducente, a la vez que suponía el reconocimiento expreso y oficial de las deficiencias estructurales que aquejan a la red eléctrica.

La actitud del ministro de Economía puede encontrar cierta legitimidad desde el momento en que se justifica por el deseo de evitar que cunda la alarma entre la población, pero también es verdad que el Gobierno puede estar escondiendo la cabeza bajo el ala ante un peligro que, desgraciadamente, ya se ha puesto de manifiesto. Los sucesos registrados poco antes de Navidades, derivados de la ola de frío que por aquellas fechas arreciaba en toda Europa, demostraron una capacidad de reacción inmediata, pero no es menos cierto que fue necesario actuar en una situación extrema, recurriendo incluso a planes de deslastre, con el consiguiente corte de suministro a determinados consumidores para evitar un colapso generalizado de consecuencias insospechadas. Hay que recordar, además, que no todas las actuaciones fueron bien acogidas y que algunos Ayuntamientos se negaron a aplicar la reducción del alumbrado navideño en una actitud que ahora se interpreta como una anécdota, pero que evidencia, en cualquier caso, la oposición y dificultad añadida que hay que vencer cuando se improvisan medidas excepcionales. El mes de enero ha sido más venial, pero el riesgo existe durante todo febrero y luego, dependiendo de las temperaturas más altas del verano, los meses de julio y agosto pueden considerarse como una prueba de fuego para demostrar la verdadera capacidad del sistema eléctrico español.

La simple evaluación de los hechos es suficiente para reconocer la gravedad del problema, pero, además, existen datos que claman en la elocuencia de lo que se ha previsto como una alta probabilidad de fallos en el suministro. La potencia total que alcanza el sistema eléctrico sólo ha aumentado un 14 por ciento en los últimos cinco años cuando la demanda lo ha hecho en un 35 por ciento. A las empresas del sector, el crecimiento del consumo les ha pillado con el pie cambiado en este periodo, en el que han destinado sus esfuerzos a un amplio proceso de diversificación, con la consecuente atonía inversora en la red básica de generación y distribución de electricidad. Las compañías eléctricas han justificado su estrategia bajo el argumento de la rebaja de tarifas que ha recortado la expectativa de ingresos, pero el caso es que el sistema se ha resentido gravemente al punto de que el pasado año sólo entraron en funcionamiento 941 nuevos megawatios, lo que significa un raquítico 2 por ciento de la potencia instalada.

En estas condiciones, la potencia disponible ha evolucionado muy por debajo de la demanda punta, haciendo que ambos indicadores se igualen en torno a los 37.500 megawatios, lo que significa que no existe prácticamente margen de reserva y que la cobertura de potencia está bajo mínimos. Éste es el problema de fondo que subyace con independencia de las decisiones políticas y que exige, si no un marco legal de medidas excepcionales, cuando menos una clara e inmediata reparación. En juego está un servicio público esencial en la vida cotidiana y en la actividad económica que no puede quedar al albur de justificaciones empresariales y que, por encima de todo, no puede funcionar indefinidamente como si estuviera prendido con alfileres.

http://www.abc.es/opinion/noticia.asp?id=74501&dia=27012002