VENEZUELA, CON LA OPEP AL FONDO
OPINIÓN ESTRELLA DIGITAL

26 Diciembre de 2002



POR JOSÉ JAVALOYES

Acaba de insistir el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en algo a lo que aludió Alí Rodríguez, el presidente de Petróleos de Venezuela y anterior presidente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP): el supuesto trasfondo internacional de la presente crisis política venezolana. Manifestó Alí Rodríguez, en unas declaraciones a El País, que la finalidad de la oposición era cambiar los criterios de gobierno de Petróleos de Venezuela, orientándolos por un principio de rentabilidad que no se atendría a los actuales planteamientos.

De conjura internacional es aquello de lo que habla ahora Chávez, en el curso de las últimas referencias suyas al petróleo venezolano, imputando a intereses extranjeros el planteamiento, conducción y sostén de la crisis política, articulada en forma de una huelga general que tiene postrada la economía del país. Será del todo verdad, será parcialmente cierto, o puede, al cabo, ser enteramente falso. Pero es una especie con un incuestionable fondo de verosimilitud. De ser verdadero estaríamos ante un segundo episodio de presión iberoamericana contra la OPEP. Y digo “segundo” porque el primero —que no se quedó en rato sino en consumado— fue el de la salida de Ecuador del cártel petrolero, con el argumento de que eran mayores los costes que les suponía a los ecuatorianos permanecer en la OPEP que los beneficios que ello les reportaba.

En el caso de que Hugo Chávez fuera derrocado, o en el caso de que aceptara para permanecer en el poder los principios privatistas que según Ali Rodríguez orientan a sus opositores, Venezuela rompería la disciplina de producción de la OPEP y pondría en el mercado internacional petróleo suficiente para romper la actual estructura de precios, puesto que Venezuela es el quinto exportador. Parece lo más probable, sin embargo, que ese desenlace quebrantador de la disciplina de precios sería mucho más probable con el derrocamiento presidencial que por la vía de la negociación, puesto que ésta se encuentra lo suficiente obturada como para descartar cualquier fruto a los esfuerzos mediadores de César Gaviria, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Como ya se ha podido adelantar en otras ocasiones, el fondo petrolero de la crisis venezolana la viene a enlazar con otro frente de tensión geográficamente tan ajeno como el de la cuestión iraquí. Y las implicaciones entre uno y otro asunto no se derivan sólo de las visitas de Hugo Chávez a Bagdad y sus sintónicas relaciones con Sadam Husein. Si Venezuela ocupa el quinto puesto en la OPEP, Irak es el titular del segundo de ellos, con unas reservas de crudo tan formidables que sólo las superan las reservas saudíes. El quebranto de soberanía que Irak habría de sufrir por virtud de una segunda y resolutoria derrota militar, implicaría la pérdida práctica, para Bagdad, de la posibilidad de seguir en la OPEP, pues sabidos son los criterios al respecto que tienen norteamericanos y británicos. Sumados los efectos de una cosa y de la otra, de la crisis de Venezuela y del descabalgamiento de Sadam Husein por cualquiera de los procedimientos que se barajan, la OPEP quedaría desarbolada para siempre jamás.


Los “intereses extranjeros” que Hugo Chávez señala como motores de la huelga general que tiene paralizada Venezuela son algo más que simple y convencionalmente “extranjeros”. Pueden responder a un diseño estratégico global que integraría acciones económicas de formato político tan preventivas como las actuaciones bélicas que se anuncian.

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