LA APUESTA EUROPEA POR EL ITER

Resumen de Prensa            Enervía, jueves, 27 noviembre 2003

FUENTE: Editorial La Razón


La UE ha decidido, por unanimidad, presentar a la ciudad francesa de Cadarache como candidata europea para sede del desarrollo del proyecto ITER. El ministro español de Ciencia y Tecnología, Juan Costa, retiró en el último momento la candidatura de Vandellós como el mejor lugar para construir el reactor nuclear experimental de fusión de hidrógeno en una maniobra de último momento: conocedor de que el poder creciente del eje franco-alemán había organizado un «lobby» para descartar a Vandellós y optar por Cadarache, obtuvo en cambio para para España la sede de la entidad jurídica del proyecto, que se encargará, desde Cataluña, de dirigir las aportaciones económicas de la UE al ITER.

España luchó bien por su candidatura, con inteligencia y toda la fuerza posible, que era mucha, sobre todo en la segunda fase del proyecto. Porque lo cierto es que ahora hay que esperar a la reunión de los socios del proyecto, que se celebrará a finales de diciembre, en la que la UE, EE. UU., China, Canadá, Japón, Rusia y Corea del Sur deben adoptar la decisión final y elegir entre Cadarache y las alternativas que presentan Japón y Canadá. Y es conveniente, en este sentido, valorar la reacción del presidente de la Cámara de Comercio Americana en España que lamentó la elección francesa pues «la localización de Vandellós era la más adecuada, técnicamente la más completa, y sin duda hubiese obtenido más apoyo estadounidense frente a Japón» porque, además, «habría sido más abierta a la participación de empresas extranjeras, especialmente norteamericanas».

En Europa, el poder de la actual entente francoalemana es más que evidente, como dejó bien clara la suspensión del Pacto de Estabilidad. Si a ello se une que la candidatura francesa estaba avalada por el peso de su industria nuclear, Cadarache partía como ganadora. Pero esa victoria local no garantiza, en modo alguno el triunfo de Europa frente a Japón y Canadá, porque habrá que preguntarse, con España apartada de la mesa de juego, a quién apoyará ahora la poderosa administración Bush.


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