LA DIFICIL LIBERTAD ELECTRICA

ESTRELLA DIGITAL

POR PRIMO GONZÁLEZ

27 Noviembre de 2002


La Unión Europea, con unos cuantos años de retraso, acaba de adoptar el acuerdo político de liberalizar la distribución de electricidad, acuerdo que no será de efectos inmediatos sino de gradual implantación. Para los grandes consumidores, el acceso al mercado libre se producirá a mediados del año 2004, es decir, dentro de año y medio, si no existen barreras de tipo práctico (que existirán) para que este interesante y esperado acuerdo llegue a ser aplicado con todas las consecuencias que del mismo pueden derivarse para la competitividad de las economías.

Para los consumidores finales, la libertad total de movimientos de los kilovatios se producirá en el año 2007. Había ciertas esperanzas de que este último plazo, que al final ha sido establecido para el mes de julio del año 2007, se acortara en alguna medida. Pero los pasos hacia la liberalización de la electricidad seguirán una pauta que ha establecido Francia, primer exportador de electricidad (en volumen) de la Unión Europea y país con una situación estratégica especial, al encontrarse en el epicentro de la zona más poblada y más industrializada del continente.

La liberalización eléctrica siempre ha pasado por Francia, uno de los pocos grandes países que ha retrasado al máximo su aceptación de las reglas del libre mercado en este sector. La reciente victoria de los conservadores en las elecciones legislativas ha abierto tímidas esperanzas que, por el momento, han cristalizado en la fijación de una fecha para la apertura de los mercados. Alemania, Austria y los países nórdicos tienen prácticamente liberalizado en su totalidad su mercado eléctrico. Italia y España van por la mitad, aunque España ya ha puesto fecha a la culminación del proceso, el año próximo. Y Francia es el más retrasado de todos los grandes países comunitarios, con diferencia.

Hoy, cerca del 70% de la demanda de electricidad en el ámbito de la UE y un porcentaje del orden del 80% en el caso del consumo final de gas están en condiciones de participar en un mercado eléctrico único. Pero también, y con mayor motivo, lo está el sector de las telecomunicaciones y, a la hora de la verdad, las grandes compañías nacionales, antiguos monopolios, siguen dominando sus mercados nacionales tras haber puesto todo tipo de trabas, que aún subsisten, a la libertad de establecimiento y presencia en los respectivos mercados. Lo que en las telecomunicaciones son monopolios nacionales reconvertidos en empresas privadas con afanes de mantenimiento del monopolio, en el sector eléctrico son sectores cerrados a cal y canto en las fronteras nacionales a pesar de que en cada uno de los países exista un cierto grado de competencia dentro del oligopolio.

Este panorama tendrá que saltar por los aires si la UE quiere implantar un mercado único de la electricidad. El flujo de los intercambios entre países, sin cuya intensificación sería bastante difícil la competencia entre empresas a escala comunitaria, es modesto aún. Francia, que ha avanzado bastante a costa de exportar electricidad a los demás reservando su coto cerrado, exporta una quinta parte de su electricidad, sobre todo a Alemania, país que renunció hace muchos años al autoabastecimiento eléctrico. Francia le ha facilitado siempre electricidad a buen precio y con una alta disponibilidad dada la enorme capacidad de la industria eléctrica francesa con sus centrales nucleares.

Las redes de interconexión entre Francia y Alemania y del primero con algunas zonas limítrofes de otros países son importantes, pero tendrán que realizarse inversiones muy considerables para que este comercio del kilovatio alcance proporciones realmente notables y hagan posible la competencia entre empresas. Los plazos fijados ahora por el Consejo de Ministros de la UE son más teóricos que reales. Hay además problemas de disparidades de precios, que es en donde reside uno de los puntos más delicados de cara al progreso del mercado único eléctrico. Allí en donde se ha experimentado, como es el caso de España, las tarifas de la electricidad han descendido de forma apreciable en los últimos cinco años, más de un 25% en términos reales. Otra vez el obstáculo de la gran compañía estatal francesa se impone como el principal impedimento para llevar a buen puerto un proyecto de integración y de competitividad en el sector eléctrico europeo.

De momento, Francia se ha limitado a no poner más vetos. Otra cosa es que esté dispuesta a participar en el proyecto del mercado abierto de la electricidad. Los pasos previos serían la apertura real del mercado francés y la privatización de Electricité de France.

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