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FECHA FIJA PARA LA APERTURA ENERGÉTICA
EDITORIAL EXPANSIÓN
27
de Noviembre de 2002
Julio de 2007 se ha convertido en la nueva fecha mágica para la plena
liberalización del mercado energético europeo.
Los ministros de Industria de la UE han decidido que a partir de esta
fecha todos los consumidores domésticos puedan elegir libremente la
compañía eléctrica con la que contratan el suministro.
El acuerdo es tanto más importante cuanto que Francia ha cedido finalmente
en el establecimiento de un límite temporal para abrir su mercado doméstico,
cosa que no fue posible –precisamente por el bloqueo galo con apoyo
alemán– ni en marzo de 2001 en Estocolmo, ni en la primavera pasada
en Barcelona.
El resto de los socios ha aceptado a cambio un retraso de dos años sobre
la fecha de julio de 2005, que era la propuesta defendida por la Comisión
Europea.
Además, y como concesión adicional a Francia, ha sido introducida una
cláusula de salvaguardia para que la separación contable de las actividades
de generación y distribución eléctrica no sea obligatoria hasta que
la apertura sea un hecho –julio de 2007–, y una vez visto el resultado
de un estudio que deberá realizar la Comisión en 2006 sobre las consecuencias
reales de la liberalización del mercado para grandes consumidores.
En Bruselas, casi nadie duda de que Francia se verá obligada a cumplir
sus compromisos, porque incluso en el caso de la separación jurídica
de actividades serán los gobiernos francés y alemán los que tendrán
que convencer a la Comisión, al Consejo y al Parlamento Europeo de que
existen vías alternativas para garantizar la libre competencia.
Sin embargo, Nicole Fontaine, ministra francesa de Industria, ya ha
dejado caer que la apertura definitiva para los hogares está supeditada
a los resultados del estudio de 2006, mientras la comisaria de Energía,
Loyola de Palacio, mantiene que la fecha es inamovible y que no está
sujeta a evaluación alguna.
¿Quién acabará por llevarse ‘el gato al agua’? La experiencia indica
que si Francia se empeña, volverá a provocar dolores de cabeza. En los
últimos meses, y ya sin tensiones electorales pendientes, el Gobierno
francés se está convirtiendo en un auténtico experto en reinterpretar
las normas y acuerdos europeos.
La previsible revisión del Pacto de Estabilidad y los retrasos en la
reforma de la Política Agraria Común son otros buenos ejemplos de ello.
Que Francia haya cedido constituye, en sí misma, una buena noticia.
Que antes de plasmar el acuerdo en un proyecto de directiva ya existan
distintas interpretaciones, siembra algunas dudas sobre la actitud francesa.
De cualquier manera, el primer paso ya está dado. La liberalización
energética es una reforma clave para el mercado europeo. La actual fragmentación
entre los distintos países y las diferentes velocidades en los ritmos
de apertura –España, por ejemplo, liberalizará el sector el próximo
1 de enero–, dará paso a un mercado homogéneo y mucho más eficiente.
Las ventajas para la competitividad de las empresas están claras; las
fechas, también. Ahora sólo cabe esperar que las instituciones europeas
hagan cumplir los acuerdos.
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