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La desinformación sobre energía y medio ambiente
Resumen de Prensa Enervía, jueves, 27 octubre 2005
FUENTE:
Por V. Pérez-Díaz Y J.C.Rodríguez en Expansión
Hoy es urgente e imprescindible
una política energética sensata. El gran alza de los precios del petróleo, el
tremendo crecimiento de China y de India), la espada de Damocles de la inestabilidad
política en Oriente Próximo (y en países como Venezuela) y el extendido convencimiento
de que hemos delimitar los gases de efecto invernadero por sus posibles efectos
en el clima plantean retos especialmente graves para España. Nuestra eficiencia
energética (unos 230 kilos equivalentes de petróleo por mil euros de PIB,en euros
de 1995) se encuentra a la cola de la Europa de los Quince (media de 190) y ha
empeorado en los últimos veinticinco años. Nuestro grado de dependencia energética
exterior es de los más altos de la UE-15, pues las importaciones netas representan
el 80% de la energía primaria consumida en España (media de la UE 15,53%), proporción
que no ha dejado de aumentar en los últimos veinte años. El ritmo de reducción
de emisiones contaminantes no es satisfactorio, y las emisiones de CO2 llevan
lustros creciendo a buen ritmo, en contra de lo asumido por España con el Protocolo
de Kioto. En España se precisa contar con una política energética razonable
que haga un uso mucho mayor de los mercados energéticos, permita experimentar
con modos de vida más eficientes y menos contaminantes y esté muy al tanto de
las crisis que pueden poner en grave peligro el suministro de energía. Para todo
ello, necesitamos una discusión pública viva y razonable, y esto requiere un número
suficiente de ciudadanos informados y con sentido crítico. El problema es que
estamos muy lejos de contar con una opinión pública así por lo pronto, estamos
más lejos que otros países europeos. En un Eurobarómetro reciente, que se ocupa
del tema de la energía nuclear y los residuos nucleares, se observa una gran variación
en las actitudes del público. Por ejemplo, el grado de aceptación de la energía
nuclear pasa de niveles inferiores al 15% en países como Austria o Grecia (España,
16%) a niveles superiores al 60% en Suecia o Hungría. Pero lo que nos interesa
aquí es subrayar que la variación también es grande en el nivel de conocimientos
sobre los residuos.
Ignorancia sobre la energía nuclear España
se sitúa en el antepenúltimo lugar de la UE-25 en cuanto al conocimiento sobre
cómo se dispone de esos residuos, superando sólo a Irlanda y Portugal. El gráfico
adjunto muestra que la actitud favorable a ese tipo de energía aumenta con el
conocimiento sobre cómo se dispone de los residuos nucleares (y lo mismo puede
decirse para su composición y peligrosidad). En el caso español coinciden un nivel
mínimo de conocimientos y un apoyo mínimo a la energía nuclear.
En realidad, la ignorancia sobre lo nuclear es sólo la punta del iceberg de las
grandes carencias en el conocimiento sobre la energía (y su relación con el medio
ambiente) de los españoles, y no sólo en los aspectos más técnicos, sino en los
más básicos de la producción y los usos de la energía. Hace poco hemos publicado
un informe con los resultados de una encuesta sobre esos temas a una muestra de
españoles de 16 a 35 años. Los jóvenes españoles ante la
energía y el medio ambiente, Fundación Gas Natural), en el que se
revelan desconocimientos profundos , conductas superficiales y actitudes dudosas. Los
jóvenes españoles saben poco del origen de la energía que consumen, los fines
en que se utiliza y los costes de cada fuente. Al pensar en las fuentes de la
energía primaria consumida en España, infraestiman mucho el carbón, al que parecen
considerar una fuente de tiempos lejanos, y sobreestiman las energías renovables,
cuya importancia real( sin la hidráulica) apenas llega la mitad de la del carbón.
Yerran al estimar a que fines principales se dedica, no solo la energía en el
conjunto de España( sobreestimando el peso de la industria), sino de la electricidad
en sus hogares( no ven que el principal consumo energético es la calefacción).El
error es mayúsculo en lo relativo a los costes de producir electricidad a partir
de las distintas fuentes, lo cual releva una gran desorientación sobre la producción
y los mercados de la energía. Muchos (un 600/0) consideran corno las fuentes más
baratas las que, en realidad, son las más caras, esto es, la eólica y la energía
solar. Téngase en cuenta que, en el año 2000, producir un Kwh con energía solar
fotovoltaica costaba catorce veces más que con una central de ciclo combinado.
Para resolver los problemas medioambientales, muchos de estos jóvenes (más de
dos tercios) parecen confiar en grandes cambios en nuestro estilo de vida, más
que en el crecimiento económico (tres quintos piensa que ese crecimiento perjudica
al medio ambiente), o en la ciencia (casi la mitad duda de la posible contribución
de la ciencia al respecto). No parece, sin embargo, que apliquen esta reflexión
a su propia conducta. No lo hacen así a la hora de usar el coche (que utilizan
cada vez más), ni a la de estar dispuestos a hacer un sacrificio económico para
usar energías menos contaminantes. Por ejemplo, aunque muchos (un 80%) están dispuestos
a pagar más por la electricidad si proviene de fuentes renovables, casi ninguno
aceptaría un incremento de precios superior al de los de la gasolina en el ultimo
año. Su juicio parece simplista a la hora de entender la complejidad de los problemas
energéticos, con sus varias dimensiones, como son la seguridad del suministro,
la calidad de éste, la evolución de los precios o el impacto ambiental de la producción
y los usos de la energía. Los jóvenes priman excesivamente la dimensión medioambiental.
Tres cuartas partes creen que lo mas importante de una fuente de energía es que
no contamine y no genere residuos ( solo una décima parte cita la continuidad
en el suministro). Un tercio quiere que la protección del medio ambiente sea el
objetivo principal de la política energética, proporción solo superada por la
mitad que cree que es mas importante velar por la salud y la seguridad publicas
( solo un 8% menciona la seguridad del suministro). No están atentos a la posibilidad
de crisis graves que pongan en riesgo el suministro de electricidad en sus hogares
o la gasolina de sus coches.
Educación cívica Es evidente que esta situación
nos plantea un problema de educación cívica. Deben resolverlo los medios de comunicación,
la.. empresas, los profesionales, las asociaciones y los políticos, procurando
dar un tratamiento desapasionado de los problemas, atenerse a los hechos, dar
mayor cabida a todo tipo de argumentos razonables, yendo más allá de los sentimientos
superficiales y los prejuicios. Sin duda, debería aportar su contribución a ello
el propio sistema educativo. Es curioso que en esta generación, la más educada
de la historia de España, las diferencias en el nivel educativo entre unos y otros
jóvenes cuente muy poco y apenas afecte a las diferencias en la calidad de su
información, de su juicio y de sus actitudes sobre los temas de energía y medio
ambiente. Sin duda, habrá que comenzar por mejorar radicalmente la calidad de
esa educación. A pesar de todo, el estudio ofrece dos interesantes puntos de
apoyo para construir una discusión pública razonable con la intervención de los
ciudadanos de a pie. Primero, a pesar de su tendencia a hacer suyos los estereotipos
políticamente correctos que circulan en el espacio público, se observa una mínima
influencia de la ideología política en las respuestas de los entrevistados. Esto
sugiere que el tema de la energía y el medio ambiente está, todavía, al menos,
poco afectado por las pasiones partidistas, y que hay, todavía, una oportunidad
para tratarlo como un problema de Estado o, mejor aún, de sociedad. Segundo, a
pesar de su tendencia a simplificar, los jóvenes parecen receptivos a temas como
el de la dependencia energética del exterior y dispuestos, por esta vía, a
abordar cuestiones más controvertidas. Un 82% veía esa dependencia como un problema
importante, una gran mayoría creía que, por ello, había que desarrollar más fuentes
de energía dentro de España, y a la mitad le parecía incluso correcta la apuesta
francesa por la energía nuclear. Esto da a entender una cierta apertura para iniciarse,
al menos, en una discusión más sofisticada y compleja que la habitual.
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