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La decisión más difícil de la CNE
Resumen de Prensa InterMoney Energía, jueves, 27 julio 2006
FUENTE:
Editorial en Expansión
La Comisión Nacional de la Energía (CNE) afronta hoy el examen más importante de su historia. Nunca hasta ahora el regulador español había tenido que valorar una decisión tan trascendental para el futuro del sector energético español, y seguramente europeo, como la opa de E.ON, la principal compañía alemana, sobre Endesa, la mayor eléctrica española. Diga lo que diga, la CNE tendrá que hilar fino y motivar su dictamen, ya que éste puede condicionar las decisiones de varios millones de accionistas en todo el mundo, de analistas, de otras compañía energéticas y, principalmente, de las autoridades de Bruselas. Está en juego, no sólo la credibilidad del regulador, sino del Gobierno y del modelo económico español. Es cierto que, a pesar de toda la filosofía desplegada, aún no hay un mercado único de la energía, y en Europa persisten asimetrías en la regulación según los países, que hacen que las empresas no siempre jueguen en las mismas condiciones. Muchos gobiernos han ejercido una especie de derecho de pernada sobre las empresas energéticas al protegerlas bajo el epígrafe de estratégicas, pero no parece que esta decisión haya contribuido a hacerlas más eficientes en beneficio de los consumidores o de los sistemas productivos de esos países. Si la CNE opta hoy por vetar la entrada de E.ON en Endesa, el pleito en Bruselas y ante el Tribunal de Luxemburgo está servido. Que no exista un mercado único de la energía no quiere decir que las autoridades comunitarias no estén dispuestas a impulsarlo. Tampoco los accionistas entenderían que el regulador vete una opa que supera en torno a un 30% la presentada por Gas Natural, sobretodo si lo hace utilizando argumentos peregrinos difícilmente justificables. Es posible que E.ON haya ganado peso aprovechando unas rentas de monopolio con el permiso del Gobierno alemán, que, además, mantiene aún algún mecanismo de poder en la eléctrica. Si ha sido así, peor para los consumidores alemanes, que han tenido que pagar más por la energía, y peor para el Gobierno teutón que, en caso de conflicto, no podrá defender ese inútil privilegio en Bruselas. Si E.ON entra en España tendrá que jugar con las reglas de aquí, no con las de allí. Como a Rick, en Casablanca, si el mercado no funciona, al Gobierno español siempre le quedará la regulación.
ansion.es
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