El fiasco de Repsol

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, viernes, 27 enero 2006

FUENTE: Por Primo González en Estrella Digital


La petrolera hispano argentina Repsol YPF acaba de protagonizar uno de los descubiertos empresariales más importantes de los últimos años. De repente, el 25% de sus activos de gas se han esfumado, no existe, eran puro artificio contable, que lógicamente formaban parte del patrimonio y, por lo tanto, de la cotización bursátil de la empresa. Se estima que el impacto en la cotización debería resultar del orden de los 3 euros por acción, quizás algo más modesto.

El mercado ha sido benevolente y le ha recortado su valor en algo menos, 2 euros por título, lo que aún así se traduce en un recorte relativo del 7,67% que, para una sola sesión (o media, según se mire, porque las acciones han estado suspendidas hasta mediodía) es un buen golpe. La cotización de Repsol ha seguido una tendencia alcista muy marcada desde finales del año 2002, cuando la cotización estaba en apenas 12 euros por acción (el año 1999, Repsol había desembolsado más de 14.000 millones de euros por adquirir la mayor empresa argentina, YPF) y la empresa se iba quitando poco a poco el lastre del elevado endeudamiento asumido para adquirir una empresa casi tan grande como ella misma pero que le daba la respetabilidad internacional que necesitaba para obstaculizar una eventual opa hostil, aunque la denominada “acción de oro” ha protegido a la petrolera española de la posible voracidad de algún socio extranjero.

Lo que pagó Repsol por YPF fue objeto de severa polémica, sobre todo por tratarse de la primera y más importante empresa argentina y poseedora de recursos naturales muy preciados, con los que este país, y en especial los Gobiernos populistas, intentaba cuadrar las cifras de una economía que se resistía a salir del bache de una crisis económica casi endémica. Naturalmente, en Argentina siempre, y por muchos, se consideró que YPF fue malvendida, a precio de saldo, muy por debajo de su valor real. Los analistas internacionales no entraron a valorar esas apreciaciones aunque castigaron a Repsol durante un tiempo porque el peso de aquella compra hipotecaba su futuro. Ahora, vistas las cosas por un poco de perspectiva, y tras leer el comunicado de Repsol, en el que casi la mitad del recorte de las reservas de gas (inexistentes, según los cálculos actualizados), se entiende que posiblemente Repsol pagó algo más de la cuenta por aquella compra. Han tardado seis años en descubrirlo.

El anuncio de este descubrimiento, en cualquier caso, ha resultado del todo sorprendente, aunque solo sea por la magnitud de las diferencias observadas entre los apuntes anteriores y los actuales. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de estas reservas ha sido descubierta por terceras empresas y posteriormente adquiridas por Repsol. Ya desde el escándalo de la British Petroleum, hace unos meses, los analistas bursátiles y los auditores de las compañías petrolíferas han reforzado con puntillosidad extrema las tareas de vigilancia sobre la autenticidad de las reservas de las compañías petroleras y energéticas, ya que el gas y el crudo que hay bajo el casquete terráqueo son bastante difíciles de medir y en algunos casos, con objeto de mejorar el valor en Bolsa y la valoración patrimonial de algunas empresas, hay gestores que dejan volar la fantasía y le añaden unos billones de termias o unos millones de barriles a sus reservas y se quedan tan anchos. En realidad, nadie puede discutir la existencia y la cuantía de algo que no se ve. Es por ello que en los últimos tiempos los auditores externos de las compañías se han vuelto exigentes y minuciosos en su trabajo. Todas las grandes empresas del sector han organizado equipos técnicos para evaluar con la mayor exactitud posible la cuantía de las reservas de las empresas energéticas. A estos trabajos ha ayudado indudablemente la creciente precisión de los instrumentos de medición y de los métodos de evaluación de reservas de hidrocarburos.

La decisión de los gestores de Repsol YPF puede ser considerada irreprochable y no exenta de audacia, aunque quizás tampoco de sentido de la anticipación, con objeto de preparar su posición negociadora con las autoridades bolivianas ante el contencioso legal y político que se les viene encima. Han realizado, de la mano de un equipo reforzado de expertos, una actualización de sus pertenencias de hidrocarburos y han encontrado desfases de mayor cuantía en dos países, Bolivia y Argentina, ambos en sus reservas de gas. Algunos flecos más en Argelia, pero no cambian la valoración de forma sustancial.

En Bolivia y también en Argentina hay ahora mismo instalados sendos Gobiernos altamente reivindicativos con sus recursos naturales. En especial Bolivia, recién llegado un nuevo presidente y un nuevo equipo gubernamental al poder, bajo la atenta mirada internacional. Ni qué decir tiene que en Bolivia no va a entrar un euro ni un dólar mientras las nuevas autoridades no clarifiquen y den seguridades a los inversores extranjeros, a las compañías multinacionales (españolas y brasileñas, en especial) el marco legal y jurídico en el que van a desarrollar la actividad empresarial del sector energético, en este caso gasístico, ya que el subsuelo de Bolivia contiene importantes reservas de gas. Es un país con muy escasos recursos técnicos para explotar estas reservas. Deberá acudir al concurso de las empresas especializadas extranjeras, pero deberá ofrecerles garantías suficientes de que van a recuperar sus inversiones. En cualquier caso, Repsol parece encontrarse en medio de un buen lío, que va a incrementar previsiblemente su volatilidad bursátil y las dudas sobre su proyecto empresarial.


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