REDES ELÉCTRICAS
OPINIÓN EXPANSIÓN

27 Enero de 2003



LA LLAVE

Que alguien como el representante de CVC, que tomó la iniciativa con la compra de parte de la red de alta tensión de Iberdrola opine que el sector eléctrico español necesita más inversión, y ¿por qué no extranjera?, sitúa las cosas justo donde las autoridades europeas las han querido llevar más de una vez, aunque con escaso éxito. Es verdad que la gestión de las redes de alta tensión no debe ser sensible a quién sea el propietario físico de los cables, puesto que el sistema integrado, controlado por un centro de control, no permitiría, en ningún caso, una caída del sistema, siempre que éste tenga potencia suficiente en funcionamiento.

Las redes son, al final, un activo más de las empresas, vendible como cualquier otro. Su puesta en valor beneficia, pues, a sus accionistas y, en principio, no debería crear mayores controversias. El problema radica en el complicado entramado empresarial que existe en una Unión Europea que se ha propuesto como meta la liberalización de sus mercados energéticos. Frente a países que, como España, ya han liberalizado todos los escalones, desde la generación a la comercialización, existen barreras como la empresa nacional de electricidad francesa, EDF, que sigue manteniendo el monopolio en su país, tiene inversiones en media docena de Estados miembros, y cuyos trabajadores acaban de rechazar cualquier intento de privatización de la compañía, ya que ello les llevaría a ir abandonando su consideración de hecho de funcionarios públicos.

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