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EDITORIAL CINCO DÍAS
26
de Noviembre de 2002
Los
ministros de Energía de la UE alcanzaron ayer un importante acuerdo
sobre las nuevas directivas de liberalización de los mercados de electricidad
y de gas. Aunque el proceso legislativo está aún lejos de su conclusión,
las directivas fijan ya, de modo casi inapelable, los plazos para la
apertura a la competencia en los mercados energéticos. El 1 de julio
de 2004 los grandes consumidores de energía podrán elegir suministrador;
tres años después, el 1 de julio de 2007, esa libertad se extenderá
a la totalidad de los hogares europeos.
Francia y Alemania, una vez pasados sus respectivos procesos electorales,
han superado sus reticencias a continuar un proceso de liberalización
que se inició en 1996. La experiencia de estos cinco años ha sido positiva,
según la Comisión Europea, pues los precios se han reducido y en ningún
país se ha producido una crisis de suministro como la que aconteció
en California. Pero la disparidad en el grado de apertura de los mercados
entre los diferentes países de la UE amenazaba la coherencia de un incipiente
mercado único. La expansión del monopolio público francés, Électricité
de France (EDF), hizo insostenible el atrincheramiento de París en contra
de una liberalización más profunda.
Las nuevas directivas deben igualar, a partir de 2007, las condiciones
de competencia de todos los actores y contribuir a la integración de
los mercados europeos. La armonización legal debe ir acompañada, si
se quiere aspirar a un mercado único de electricidad y gas y a sus correspondientes
beneficios, por grandes inversiones en la interconexión de las redes
europeas, aún divididas en compartimentos estancos por países.
Las nuevas leyes aspiran a imponer a los operadores verticales una saludable
división legal y contable entre las actividades de generación, transporte
y suministro de energía. Esta separación debe asegurar un trato equitativo
de los antiguos monopolios hacia los nuevos competidores, a los que
deberán ofrecer idénticas condiciones de acceso a la red que a sus subsidiarias.
Lo malo es que se ha aplazado también a 2007 la aplicación efectiva
de esa separación e, incluso, se contempla que entonces algún país pueda
pedir una excepción a la ley si su antiguo monopolio no ha discriminado
a ningún competidor entre 2004 y 2006. Es el precio del apoyo de Francia
y Alemania a las directivas.
La postura francesa, en cambio, ha servido para impregnar las directivas
de un beneficioso concepto de garantía del servicio universal que la
Comisión Europea parecía dar por asumido. Y, aunque la directiva no
lo exija, los poderes públicos deberían garantizar también que el mercado
liberalizado no caiga presa de un oligopolio de tres o cuatro empresas
sin competencia efectiva entre sí. El Gobierno español, uno de los principales
impulsores del proceso de la liberalización energética, podría aprovechar
este avance definitivo para imprimir también competencia al sector nacional.
Privatizar no equivale a liberalizar, como ha recordado la propia Comisión
Europa más de una vez.
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