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Los obstáculos del petróleo
Resumen de Prensa Enervía, viernes, 26 agosto 2005
FUENTE:
Por Primo González en Estrella Digital
Algunos de los pronósticos que estamos oyendo estos días sobre la situación del mercado petrolífero mundial en los próximos años resultan bastante inquietantes. Además de llevar ya unos 30 días con el crudo por encima de los 60 dólares por barril, lo que destroza todas las previsiones de los Gobiernos en cuanto al equilibrio básico de costes de la economía, las últimas declaraciones del secretario general de la OPEP pronosticando unos precios altos, quizás en la zona cercana a los 70 dólares, para los próximos años, al menos hasta mediados de 2007, han contribuido a elevar el tono de las valoraciones pesimistas.
A la hora de explicar las razones por las que los precios del crudo han llegado a donde han llegado en tan poco tiempo hemos podido leer en las últimas semanas diagnósticos por lo general bastante coincidentes, como la elevada demanda de países como China e India, los riesgos de accidentes en algunas instalaciones petroleras que han aconsejado algunos cierres temporales de refinerías, los reducidos márgenes de maniobra con que cuentan los países productores para elevar la oferta disponible al mismo ritmo en que aumenta la demanda o la crispación derivada de los riesgos geopolíticos en países como Irán, Irak o la misma Arabia Saudita, si bien en estos tres países no ha desfallecido en ningún momento el flujo de exportaciones. Más bien al contrario, como ha sido el caso de Arabia, las exportaciones han aumentado de forma significativa para frenar la escalada alcista de los precios. Hay también un fenómeno de acaparamiento de reservas, sobre todo en Estados Unidos y en algunos países occidentales, con objeto de reforzar su posición ante un eventual problema de desabastecimiento este próximo invierno.
Las numerosas explicaciones, unas más convincentes que otras, no han tenido muy en cuenta, sin embargo, el hecho de que la capacidad mundial de refino, filtro por el que necesariamente ha de pasar todo el crudo extraído de los pozos de petróleo, se encuentra al límite de sus posibilidades, en especial desde el punto de vista cualitativo. Es decir, hay más problemas de abastecimiento en determinados productos, gasóleo sobre todo (cuyo consumo ha aumentado a un ritmo anual del 4% en los últimos años), que en otros, problema derivado tanto del cambio en los usos de los automovilistas como también debido a la entrada en vigor de nuevas legislaciones más estrictas de combustión más limpia y menos dañina para el medio ambiente.
Las inversiones que se han realizado en las refinerías en estos últimos años no parecen haber sido suficientes ni para atender a un crecimiento tan rápido de la demanda general ni para dar satisfacción a las exigencias cualitativas de los consumidores, lo que está contribuyendo a crear también tensiones en los precios de los productos derivados del petróleo. En algunos países europeos, las últimas refinerías construidas lo fueron en los años 70, aunque algunas fueron adaptadas en los años 80 para responder a las nuevas exigencias de calidad de los productos. En todo caso, el déficit de capacidad de refino en estos momentos parece ser importante y condiciona la fluidez de los mercados. Una fase de nuevas inversiones tardará algún tiempo en cristalizar en un incremento de la oferta, razón por la que los expertos creen que hasta dentro de dos o tres años van a subsistir posiblemente los problemas de precios en el mercado mundial del petróleo.
Como los problemas nunca vienen solos, los importantes aumentos de las reservas potencialmente recuperables de crudo (fenómeno típico de épocas de aumento de precios, ya que cuanto más alto es el precio mayor proporción de reservas está en condiciones de salir al mercado) se están quedando más concentradas aún en los países de la OPEP. La capacidad de respuesta a los aumentos de demanda por parte de los países que no son miembros de la OPEP está siendo bastante reducida o, cuando menos, sensiblemente inferior a la de los países de la organización petrolera por excelencia, cuyo peso en el abastecimiento mundial puede aumentar de forma preocupante en el próximo futuro.
Ante este crudo panorama, la aceleración de planes de diversificación energética se hace cada vez más necesaria. El Gobierno español reanuda esta semana sus actividades presentando precisamente un plan de estímulo al incremento de las energías alternativas, con 20.000 millones de euros de inversión prevista en los próximos años. Francia se nos ha adelantado dos semanas porque quizás ha tenido más reflejos políticos y no ha tenido empacho en esgrimir en sus planes una preferencia absoluta al estímulo a la energía nuclear, también porque es un país que cuenta con más experiencia energética y con una clase dirigente más realista. No obstante, la española es una respuesta interesante y oportuna, aunque resultará con toda seguridad insuficiente, quizás lastrada por la ingenua pretensión de poner en manos de las energías alternativas una responsabilidad para la que en absoluto están preparadas, dado el actual grado de desarrollo de las tecnologías de aprovechamiento energético. Pero por algo se empieza.
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