La gestión de la demanda eléctrica es un servicio, no una subvención

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, lunes, 26 junio 2006

FUENTE: Por Javier Penacho en Expansión


El pasado 5 de junio el periódico Expansión, en la sección "La Llave" y bajo el título "Subvenciones eléctricas", hizo una serie de consideraciones respecto de los precios eléctricos pagados por la industria básica que, a mi juicio, merecen alguna reflexión. En primer lugar me voy a referir a la afirmación de que un conjunto de industrias básicas ''pagan una tarifa eléctrica subvencionada, con un coste por MWh que oscila en torno a la cuarta parte de lo que paga un hogar" para preguntar: ¿cual debe ser la diferencia de precio entre lo que se paga en ese hogar, nuestro hogar, y lo que paga un gran consumidor industrial?

Para empezar, centremos las referencias. Ese hogar medio español es cincuenta mil veces más pequeño como consumidor eléctrico que una industria básica, su tensión de alimentación es mil veces menor y, además, consume energía eléctrica cuando quiere, como es lógico, sin ninguna restricción a su consumo más que no superar su potencia contratada, mientras que esa industria básica, cincuenta mil veces mayor y alimentada a 220 kV, para obtener los precios a los que hace referencia tiene que someterse a un duro conjunto de compromisos de colaboración con el sistema, todos ellos cuantificados en las tarifas propuestas por el Gobierno hace más de quince años porque ya entonces España era una isla energética, y la potencia demandada entre horas punta y horas valle era, y sigue siendo, anormalmente alta.

Para quien no lo sepa, me estoy refiriendo en concreto al compromiso de interrumpibilidad, según el cual la empresa acepta que el Operador del Sistema le corte su suministro como medio para evitar que el corte llegue precisamente a ese ciudadano doméstico, la modulación de carga, que en definitiva consiste en trasladar consumos de la punta, que es cuando coincidimos todos en nuestros hogares, a las horas valle que es, para entendemos, cuando los ciudadanos dormimos, y la colaboración en el control de la tensión en las redes de trasporte, con lo cual estamos colaborando a paliar ese problema que tiene España según el cual el ciudadano de a pié considera que la luz está en el enchufe, que no hay nada detrás, y que no consiente que se instalen nuevas líneas de transporte de energía eléctrica con independencia de que nuestro consumo siga subiendo, como una muestra más de la vitalidad del país. Dicho de otra manera, a mi no se me ocurre decir que es inútil la aplicación de la tarifa doméstica nocturna, ni mucho menos que esté subvencionada, ya que el descuento del 40% solo se obtiene bajo la condición de desplazar a la noche los consumos voluntarios en el hogar, lavadoras, lavaplatos, etc., es decir, cuando también en ese hogar se gestiona la demanda trasladando consumos de punta a valle.

Y con este párrafo empalmo con otro aspecto con el que tampoco estoy de acuerdo, que es seguir insistiendo, sin mayor reflexión, en que la culpa de que no exista un mercado competitivo y eficiente es precisamente que haya tarifas que no reflejan el coste real y que suponen subvenciones cruzadas encubiertas. Para empezar, aclarar que coincido con la tesis de que o hay tarifa o hay mercado, pero no con el supuesto de que ya hay un mercado eléctrico eficiente operando al menos en términos europeos ni con la tesis de que el sistema de fijación de precios en el mercado tipo pool marginal mandatario sea la única y autentica referencia de precios eléctricos resultado de competencia real entre los proveedores.

Esta duda no es solo mía, y está siendo expresada a todos los niveles, desde Bruselas a Madrid pasando por California, por lo que me parece demasiado fácil que en unas pocas líneas de una columna en el periódico se pueda dar por zanjada la situación, repitiendo de forma sistemática la palabra subvención sin mayores consideraciones. Y más si se desestima con el mismo plumazo todo ese esfuerzo de gestión de demanda que hacen un conjunto de empresas, conectadas en tiempo real por doble circuito de comunicación con el Operador del Sistema, que conoce por tanto de forma continua su nivel de potencia activa y reactiva y su programa futuro de consumo, que garantizan 3.500 MW de potencia interrumpible con un preaviso de cinco minutos, que garantizan más de 700 MW interrumpibles sin preaviso, que bajan la potencia demandada en horas punta en 1000MW, garantizan consumos mínimos en prácticamente take or pay donde lo exige el sistema y que están dispuestos a poner a disposición del Operador del Sistema sus equipos de control de tensión cuando hace falta.

Deslocalización
Por último, también discrepo del concepto de deslocalización planteado en los términos de "en España, al igual que en el resto de países europeos, el sistema privilegia a estas grandes compañías para evitar su deslocalización y perder empleos y cuantiosos ingresos vía impuesto de sociedades". A mi me parece que una empresa eficiente es mucho más que eso, y desde luego, la España industrial resultante de la incorporación al Mercado Común tiene un conjunto de empresas de altísima eficiencia sometidas con éxito a mercados mundiales globales y que forman parte de la sociedad a la que aportan no solo dinero sino también un entorno social de alta calificación, un entorno de servicios de alto nivel de formación y, por supuesto, todo el valor añadido derivado de la eficiencia empresarial.

No se trata ni aquí ni ahora, y desde luego no en España, de mantener empresas de forma artificial mediante prebendas más o menos encubiertas. En concreto, y volviendo a la energía eléctrica, esas industrias cementeras, metalúrgicas, químicas y siderúrgicas a las que hacía referencia el periódico, y que no son la únicas, para obtener precios competitivos en España tienen que hacer, además de ser eficientes, lo que no tendrían que hacer en Francia, Bélgica, Canadá, Venezuela, Noruega, Suecia, Finlandia, etc., que es tener que someterse a fuertes compromisos de gestión de demanda para tener precios eléctricos competitivos, legalmente establecidos en el BOE y que de ninguna manera son subvenciones sino contraprestaciones por un servicio de garantía de suministro en un país aislado, con altísimos crecimientos de consumo eléctrico como España y cuya sociedad no acepta ni nuevas líneas ni nuevas centrales.



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