Nuestro poderoso vecino ruso

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, viernes, 26 mayo 2006

FUENTE: Editorial ABC


La Unión Europea y Rusia comparten muchas más cosas que el comercio de hidrocarburos, pero en este momento histórico la energía se está convirtiendo en el elemento central de nuestras relaciones, con todos los riesgos que ello conlleva, como comprobamos este invierno durante los problemas de suministro que ocasionó la crisis con Ucrania. El abastecimiento energético de Europa depende en buena parte (el 25 por ciento) de las importaciones de gas ruso, pero Rusia es cautiva de los ingresos europeos por sus exportaciones en hidrocarburos (le compramos más del 75 por ciento), lo cual a su vez mantiene un desequilibrio muy pernicioso en nuestra balanza comercial con el antiguo imperio zarista. La Unión Europea quiere quebrar el monopolio de la estatal rusa Gazprom en el transporte y distribución de gas para evitar tanta dependencia, y los directivos de esta compañía estatal exigen por el contrario poder extenderse en el mercado europeo comprando empresas occidentales. Bruselas insiste en que Moscú firme la Carta de la Energía comprometiéndose a no utilizar el suministro energético como arma política, y el Kremlin dice que es una injerencia que atenta contra la soberanía de sus empresas. No es extraño que en estas circunstancias la tendencia de las relaciones bilaterales se dirija hacia una situación en la que se producirán tensiones cada vez más frecuentemente. La reunión semestral que la UE y Rusia celebraron ayer en el balneario de Sochi ha sido un ejemplo de esta situación necesariamente transitoria en la que los problemas no se ven, pero tampoco se solucionan.
Para Rusia es una prioridad absoluta que no se produzcan sobresaltos con Europa o Estados Unidos que pudiesen empañar su imagen en el año en el que el presidente Putin va a ser anfitrión por primera vez del poderoso G-8, lo que es una ocasión muy importante para un país que ni siquiera es miembro de la Organización Mundial de Comercio. Para Europa también es fundamental contar con Rusia en las negociaciones con Irán y en el proceso de paz de Oriente Próximo. Sin embargo, tarde o temprano las tensiones reaparecerán, ya sea con Europa en concreto o con el mundo occidental en general, cuando la OTAN dé pasos para concretar el ingreso de países como Ucrania y Georgia, a causa de las críticas de Estados Unidos a los escasos avances de la democracia en Rusia o de la agresiva política europea contra el régimen bielorruso. Las cosas no funcionarán del todo bien con Rusia hasta que se produzcan en Moscú las reformas que no acaban de enraizarse desde que hace quince años se derrumbó la Unión Soviética. Cuanto más se aproxime Rusia a Europa en valores y principios políticos, más fáciles serán las relaciones. Lamentablemente, por ahora hay que reconocer que los pasos que se dan desde el Kremlin no van siempre en una buena dirección.


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