Garantías de suministro energético

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, viernes, 26 mayo 2006

FUENTE: Por José Montilla, Ministro de Industria, en Expansión


Entre los asuntos que se incluyen en esta calificación ocupan un primer lugar el suministro de productos o servicios de primera necesidad a los ciudadanos.
En España la Comisión Nacional de Energía tiene el mandato de velar por el buen funcionamiento de las actividades reguladas en el sector energético con el objetivo de garantizar un suministro de calidad a los consumidores. El abastecimiento de energía a hogares e industrias es considerado estratégico y de primera necesidad tanto en nuestro país como en el resto de los europeos.
La decisión adoptada recientemente por el Gobierno español de ampliar las competencias de la Comisión Nacional de Energía se enmarca en esta concepción de carácter estratégico del suministro energético y es reflejo de los usos que en este capítulo se practican en los países europeos más avanzados.

La finalidad principal que aconsejó la decisión gubernamental de ampliar las competencias de nuestro organismo regulador fue la arbitrar el entramado jurídico de salvaguarda que asegure la supervisión de las operaciones de adquisición de compañías que afectan a los
intereses generales de España en materia de política energética, y en particular, a la seguridad, la calidad y la continuidad de suministro de energía.

Con esta modificación, el Gobierno extiende el ámbito competencial de la Comisión Nacional de Energía con el propósito de otorgarle la capacidad para someter a autorización administrativa las operaciones en las que estén afectadas actividades reguladas. O que impliquen activos estratégicos, tales como centrales nucleares, minas de carbón o infraestructuras para el aprovisionamiento y transporte de gas, así como el suministro a zonas geográficamente sensibles, como son los territorios extrapeninsulares.

Sorprende que se hayan magnificado algunas reacciones en contra de esta decisión del Gobierno español, que no sólo es natural, lógica y, si se me apura, obligada si no se quiere incurrir en dejación de responsabilidades desde la defensa del interés público, sino que además se trata de una resolución soberana de un gobierno en ejercicio que no prejuzga nada y que sí establece salvaguardas ante posibles iniciativas contrarias al bien común.

Debe quedar claro que el Gobierno español no va a derogar su decisión de ampliar las competencias de la Comisión Nacional de Energía. Por varias razones. Entre ellas porque se trata de una decisión razonada que se parece mucho a las que se vienen aplicando desde hace tiempo en otros países europeos. Y además porque se trata de una disposición que ha obtenido el respaldo de una amplia mayoría del Parlamento español.

En realidad de lo que estamos hablando es de un asunto que tiene mucho que ver con la seguridad del suministro energético en España y en Europa. O lo que es lo mismo, con la garantía de que los ciudadanos y las industrias cuenten respectivamente con el abastecimiento de las energías que precisan en sus vidas cotidianas y en sus trabajos diarios. El continente europeo es dependiente desde el punto de vista energético. España padece de manera especial esta carencia. Los españoles estamos obligados a importar el 79% de la energía que consumimos, principal razón por la que la seguridad del suministro es una preocupación esencial de nuestra política energética.

Y es también la preocupación de otros países europeos, sobre todo después de los incidentes de los últimos meses en el suministro del gas ruso a los países de Europa central. Como no podía ser de otra manera, aquellos acontecimientos han aconsejado a algunas compañías privadas iniciar movimientos mercantiles para garantizar el futuro suministro de energías a sus clientes y a los países afectados intensificar sus esfuerzos para asegurar sus suministros. Nada muy distinto a lo que ha hecho el Gobierno español.

En España apostamos por trabajar en común con el resto de los europeos en una estrategia que nos permita afrontar de manera conjunta las adversidades de las que venimos hablando. Creo que se puede entender que para el gobierno español, incluso visto desde una óptica egoísta, sería más deseable que la responsabilidad de la garantía de suministro fuera de las instituciones europeas, porque ello borraría nuestro secular aislamiento energético.

Lamentablemente, hoy por hoy no existe un mercado común energético europeo, que estamos dispuestos a ayudar a construir porque cada vez parece más necesario. La energía va a ser un tema que se va a solucionar cada vez más a través de las relaciones políticas y de los acuerdos de alto nivel entre países y entre bloques. Y ahí siempre tendrá más fuerza negociadora Europa que cualquiera de los países de la Unión Europea por su cuenta.

Pero para que exista de verdad un mercado interior europeo sobran las declaraciones de autoridad y faltan mayores compromisos para aumentar las interconexiones físicas en las fronteras y para aprobar regulaciones similares en los distintos países. Lo demás, también la facilidad para los movimientos de capitales, vendrá por añadidura.

No se puede acusar a España, precisamente, de impedir la entrada de empresas de capital extranjero en este sector. Los casos de Totalfina en Cepsa, Enel en Viesgo, o EDP en Hidrocantábrico, son operaciones bien conocidas acordadas con las autoridades españolas en el marco de la política energética nacional.

No se puede acusar a España de impedir la apertura de nuestro mercado energético cuando uno de nuestros principales objetivos es dejar de ser la 'isla energética' que nos ha impedido comunicarnos con otros mercados, finalidad por la que estamos impulsando el Mibel, el proyecto Medgaz y acabamos de acordar con Francia un mecanismo de gestión coordinada de interconexión eléctrica.

No se puede acusar a España de intervencionismo político cuando en nuestro país no hay empresas públicas en el sector de la energía. Ni de mantener un mercado cerrado cuando el 82% de los consumidores de gas, por ejemplo, están en el mercado liberalizado.
Tienen que existir otras razones.



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