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Daños colaterales de una opa suspendida
Resumen de Prensa InterMoney Energía, miércoles, 26 abril 2006
FUENTE:
Por José Javaloyes en Expansión
La perturbación creada por la opa hostil de Gas Natural sobre Endesa, no por la propia naturaleza de la operación mercantil sino por la injerencia de los poderes públicos, arrastra consecuencias perjudiciales de dos géneros. Unos, sobre la economía española, por la percepción internacional de la inseguridad política de su mercado; otros, específicos de Endesa, puesto que afectan a su evolución ya que su plan de negocio se encuentra bloqueado.
Respecto de la atmósfera de inseguridad jurídica que ha envuelto la operación, tanto por lo sucedido con la gasística catalana, por la tutela del Ministerio de Industria de los intereses del opante, como el sobrevenido freno regulatorio contra la contraopa alemana E.ON, no puede menos que afectar a la imagen del país. Sobre el bloqueo empresarial generado por la situación, afecta al desenvolvimiento de Endesa y al incremento de su valor, que se presume disparado, al hilo del crecimiento de los beneficios últimos. Bloqueado el crecimiento de negocio, lo que no crece mengua. Pero existe un flanco poco advertido, que concierne al derecho de los accionistas, los principales afectados.
Parece como si en el juego de las sociedades anónimas, para su más justa perfección y mejor funcionamiento, fuera menester lo propio que en las democracias sobre el principio de respeto y consideración a las minorías. Bastó que el movimiento de un Fondo que representaba menos de un medio por ciento de la Shell, para que la petrolera acabara reformando su estructura de dirección. Cierto es que las cosas no ocurren por casualidad. Como el poder, igual en el mercado que en la política, tiene horror al vacío, ocurre que el vacío de poder en el mercado viene a ser ocupado por el poder político. El silencio de algunos grandes accionistas de Endesa, incursos quizá en responsabilidades por omisión, ha permitido que otros, acaso por su alianza con el poder político, llevaran la postulación y el cuidado de sus intereses a términos que contradicen las exigencias del mercado. Y la verdad es que estas cosas no pasarían si no mediara la perturbación moral inherente a la promiscuidad de poderes, económico y político, que tiene su lecho institucional en las cajas.
Si La Caixa no se hubiera embarcado en la aventura, llevada de su vecindad de intereses con el tripartito de Cataluña, no estaría E.ON (que, solo, y mientras Gazprom no tenga tendidos y enlazados sus gasoductos, vale menos que Endesa) en la posibilidad de hacerse con la primera eléctrica española, consiguiendo el nicho de mercado que ésta representa -por su extensión en Europa y América-, desguazando sus activos y pagando la adquisición con los ingentes flujos de caja de Endesa. Mientras no se produzca una reacción nacional de los accionistas españoles no anillados por el nacionalismo, cualquier cosa puede pasar si en Bruselas se abren las dos esclusas que E.ON necesita para que el otro de Moscú que lleva en su panza se haga dueño de todo. Ése podría ser el postre de la cena de Berlín, con copa y puro para La Caixa.
ansion.es
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