ENERGÍA: ES LA HORA DE UN GRAN ACUERDO
OPINIÓN EXPANSIÓN
26 Febrero de 2002





POR GASPAR ARIÑO

En los últimos tiempos asistimos a una batalla campal entre empresas eléctricas y gasistas, que ha tenidola pasada semana algunas manifestaciones sonadas. Sigue al mismo tiempo la polémica tarifaria, que arrastramos desde hace casi dos años, entre el Gobierno y las eléctricas.

Estas exigen un incremento en la tarifa de la luz que les permita, entre otras cosas, cobrar realmente los costes de transición a la competencia (CTC); y un marco estable para sus inversiones.

El Ministerio de Economía, por su parte, ha presentado un avance de plan energético para la próxima década, reconociendo que estamos en una situación de riesgo y que hay unas necesidades de inversión de miles de millones de euros (en torno a los 13.000) si queremos hacer frente al crecimiento previsto de la demanda.

Finalmente, el PSOE aprovecha el momento (conflictos, apagones, desconcierto) para sacar partido de la situación, acusar al Gobierno del fracaso de su política energética y pedirle un cambio del modelo de regulación. Ante semejante algarabía, convendría poner un poco de orden.

En primer lugar, conviene decir que nuestra situación no es única y que en varios países en los que antes o a la par que en España se han llevado a cabo reformas del modelo de regulación sectorial (paso de un sistema monopolístico a un sistema de mercado) se está evaluando en estos momentos la experiencia adquirida e introduciendo algunos cambios o ajustes parciales (así, en Inglaterra y Gales, California, Alberta –Canadá– o Nueva Zelanda).

Nadie, sin embargo, pretende volver atrás. El modelo introducido en España por la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico es perfectamente válido, si se desarrolla como es debido y se introducen en él algunas mejoras. Volver a la Losen o al Marco Legal Estable, con planificación obligatoria, garantía de recuperación de las inversiones y protagonismo de la gestión pública, sería un grave error (y más caro para los consumidores). Ello no quiere decir que se dejen las cosas como están. El sector está en el peor de los mundos: ni ‘regulado’ (al viejo estilo), ni liberalizado de verdad.

En cuanto al subsector eléctrico, es necesario perfeccionar el ‘diseño de mercado’, que no puede ser dejado en manos de los agentes, especialmente si dos de ellos controlan el 80% de la generación y otro tanto o más de la distribución. Los errores en este punto se pagan caros, como ha demostrado el caso California.

El mercado minorista debe ser coherente con el mercado mayorista; las desregulaciones parciales (sell long and buy short) conducen a situaciones desastrosas; no se puede pretender que los precios de la energía eléctrica bajen siempre; la esencia de un mercado es que unas veces bajan y otras suben, para equilibrar oferta y demanda; es necesario introducir incentivos adecuados para la adición de nueva capacidad al sistema (frente a la incertidumbre e indefinición de la actual ‘garantía de potencia’) y la mejor señal económica para ello es, justamente, que los precios suban.

Si no, como ya he dicho muchas veces, no habrá inversiones (ni inversores) por mucho que el Gobierno se desgañite. Éste debe saber que puede planificar infraestructuras, organizar el mercado, regular incentivos y fijar tarifas y peajes, siempre vinculados a los costes reales del servicio en las actividades no competitivas.

Pero no puede, ni debe, imponer la construcción de nuevas infraestructuras básicas a los operadores privados, ni obsesionarse con la intangibilidad al alza de los precios. En definitiva, hay que creerse el mercado, eliminando, eso sí, todas las barreras de entrada al mismo.

La regulación del sector del gas ha sido, en mi opinión, un ejemplo. Yo asisto habitualmente a un foro de reguladores de gas al que se suele llamar ‘Foro de Madrid’ (por tener su sede en esta ciudad), y puedo testimoniar que la regulación española del gas ha ido mucho más allá de lo que las directivas europeas exigían y es, con la inglesa, una de las más avanzadas de Europa.

Eso queda claro en estas reuniones, y las razones son éstas: 1) se ha configurado un amplísimo acceso a la red básica, incluyendo en ella, como essential facilities, las plantas de regasificación y los almacenamientos; 2) se ha previsto –y se producirá en breve– la desagregación accionarial (unbundling total) de Enagas, que conservará las redes y la gestión del sistema, respecto de Gas Natural, que comprará en origen y venderá al consumidor final, pero no tendrá la gestión técnica del sistema; 3) ha bajado espectacularmente el umbral de los consumidores elegibles, que tienen acceso a la red y pueden comprar el gas a cualquier operador en el mercado, lo cual se extenderá a todos los consumidores en 2003; 4) finalmente, se ha procedido, por mandato legal, a una reasignación del gas procedente de Argelia (gas release), que se adquiere en buenas condiciones, entre diferentes operadores del mercado, promoviendo así la competencia entre ellos.

Estas y otras medidas recientes (fijación de tarifas y peajes, aprobados recientemente en términos razonables, muy beneficiosos para el consumidor) hacen del sistema gasista español uno de los más abiertos de Europa. De hecho, el tanto por ciento de ventas por terceros operadores, distintos a Gas Natural, es ya significativo en España (un 23%).

en mi opinión, con todas las imperfecciones que se quieran, el modelo establecido en 1998 ha modificado radicalmente el sector energético (eléctrico y gasístico), ha revolucionado la cultura empresarial –se acabó la vida tranquila de años pasados– y ha beneficiado extraordinariamente a los consumidores (salvo a algunos, que recibían subvenciones ocultas).

No hay, por tanto, que replantearse la reforma del modelo, sino llevarlo a su efectivo cumplimiento. Lo que se necesita ahora, para abrirse a una competencia efectiva, es que algunas inversiones maduren (lo cual requiere tiempo), modificar el diseño inicial del mercado y que se construyan, de una vez, conexiones transfronterizas con Francia, que acaben con nuestro aislamiento y nos permitan acceder al mercado europeo, activa y pasivamente. Este tema de las redes transfronterizas –y una regulación armonizada de las mismas– debería ser un objetivo del próximo Consejo de Barcelona, los días 14 y 15 de marzo.

Estamos en el momento de culminar las reformas y hacer realidad un mercado energético europeo, de verdad, plenamente competitivo (en la medida en que las industrias de red pueden serlo; con todas sus limitaciones, pero sin ceder un ápice en ello) capaz de darle a nuestros países el bienestar y la competitividad que necesitan. Ésta es una gran tarea y a ella deberían aplicarse unos y otros, sin tirarse los trastos a la cabeza.

El PSOE no debería hacer de esto un motivo de lucha partidista, que podría resultarle un ‘bumerán’. Y el Gobierno debería bajar de su pedestal y concertar con la oposición –y con todos los agentes implicados– un reajuste del modelo, que aumente la competencia y permita trazar un plan de acción para el próximo decenio. La hora de un gran acuerdo ha llegado. Con fusiones o sin ellas.

http://www.expansiondirecto.com/edicion/noticia/0,2458,113292,00.html