¿QUIÉN APAGÓ LA LUZ EN TIMES SQUARE?

Resumen de Prensa            Enervía, lunes, 25 agosto 2003

FUENTE: Expansión Por Isabel Lafont


El pasado 14 de agosto, el noroeste de EEUU y el sur de Canadá quedaron a oscuras tras sufrir el mayor apagón de la historia. La obsolescencia de la red de transporte eléctrico se ha revelado como la causa principal del suceso y ha puesto de manifiesto su incapacidad para transmitir con seguridad los ingentes volúmenes de fluido que se desplazan a miles de kilómetros de su lugar de generación.

Fue cuestión de 9 segundos. En ese breve espacio de tiempo, que comenzó, casi con seguridad, con una avería en el tendido de alta tensión del norte del estado de Ohio, se generó un reflujo repentino que provocó la sobrecarga en cadena de otras líneas eléctricas alrededor de los Grandes Lagos. Aproximadamente a las 4.08 horas de la zona horaria del este de EEUU, un centenar de centrales eléctricas y docenas de redes de transporte se desconectaron. Resultado: en el sur de Ontario, en Canadá y en 8 regiones de EEUU, un área en el que viven 50 millones de personas con servicio eléctrico, los frigoríficos, ascensores, televisores y carteles luminosos dejaron de funcionar.

Duró 30 horas y ha arrebatado el calificativo de récord histórico al apagón de 1965, que afectó a 30 millones de personas.

La pregunta inmediata es: ¿Cómo es posible que un fallo detectado en Ohio no pueda aislarse?
La investigación conjunta puesta en marcha por el Departamento de Energía estadounidense y por el Ministerio de Recursos Naturales de Canadá aún tardará unas semanas en desvelar las causas.

De momento, los expertos no se atreven más que a apuntar algunas pistas. "Se trató de una multiplicidad de acontecimientos", afirma la socia de la firma de ingeniería R.W. Beck. "Claramente, el sistema de transporte no se recuperó del primero de ellos, pero no se puede saber aún cómo se desencadenaron", añade.

Sin embargo, todos los expertos coinciden en resaltar la obsolescencia de la red eléctrica. sobre todo tras la liberalización que, en 1992, permitió la sepración de la generación, transporte y distribución de electricidad. Desde entonces, las inversiones se han centrado en generación, en detrimento de las infraestructuras de transmisión , puesto que el mercado ya no asegura la rentabilidad de esa inversión. En un entorno regulado, por el contrario, las inversiones se recuperan a través de un aumento de las tarifas o de ayudas públicas.

Según el Electric Power Research Institute, la demanda de electricidad ha crecido un 35% en los últimos 10 años, mientras que las inversiones en mejoras de la red de transporte sólo han aumentado un 18%.

"Es un milagro que el sistema funcione". "Si un cliente adquiere energía a muchos kilómetros de su lugar de generación, las líneas de transmisión cada vez se congestionan más".

En las últimas 2 décdas, la expansión del tendido de alta tensión ha sido mínima, en gran medida, también por la oposición social de los municipios y de los grupos medioambientales a la presencia de los hilos que transmiten corriente alterna en las proximidades de áreas pobladas. "La gente no quiere esas infraestructuras en su patio trasero".

Pero el hecho de que existiera un efecto dominó y fuera imposible aislar el primer fallo apunta tambiéna otra posibles deficienas. Las normas que rigen en EEUU cuándo un sistema de generación o de transporte debe desconectase o cuándo debe hacerse saltar una alarma carecen de homogeneidad y de control centralizado. Se trata de directrices de cumplimiento voluntario elaboradas en 1965, tras el gran apagón de ese año, y el NERC, un organismo privado creado entonces, se encarga de su formulación. Pero aquellas normas estaban pensadas para un mundo en el que la energía generada en un lugar se transmite a miles de kilómetros de distancia para su consumo en otra parte del país.

Hace 38 años, el sector aún estaba regulado y la electricidad se producía y se consumía prácticamente in situ. Hoy, sin embargo, la compleja maraña estadounidense comprede unas 6000 centrales de producción, propiedad de más de 3000 empresas, que inyectan su fluido a través de 140 áreas de control, que se comunican entre sí y coordinan el movimento de energía a medida que es comprada y vendida.

Además, las normas de la NERC no son las únicas aplicables, puesto que en cada región existe un operador independiente que controla las líneas de su jurisdicción, con su propio manual para intervenir en caso de incidencias. En el caso particular del medio oeste de EEUU, el control de la red se reparte entre las 23 compañías de suministro de la zona, puesto que el opeador independiente, creado en 2002, carece de facultares centralizadas.

Por si fuera poco, FirstEnergy, la compañía en la que se detectaron los primeros fallos antes del apagón, debe responder a las normas de 3 regiones. Según los expertos, la fragmentación de la supervisión de la red eléctrica estadounidense no permite mucho margen de maniobra, sobre todo cunando hay decisiones como desconectar un sistema o hacer saltar una alarma, que se deben tomar en cuestión de segundos.

"O las reglas no son adecuads o alguien no siguió las reglas, no sabemos qué", firmó el pasado domingo el presidente de NERC.


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