Un modelo con problemas

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, martes, 25 abril 2006

FUENTE: Por Mª Jesús Fernández Sánchez en El Economista


El sistema energético español presenta importantes deficiencias, tanto desde el punto de vista de nuestro modelo de consumo, como en lo relativo a la regulación del mercado. En relación al primer aspecto, cabe destacar dos problemas tradicionales que la escalada del precio del crudo ha vuelto a poner en primera línea de actualidad: una excesiva dependencia del petróleo y una elevada intensidad energética. Así, el petróleo representa algo más del 50 por ciento de nuestro consumo de energía primaria, por encima de la media comunitaria, que se sitúa en el 40 por ciento, y supone el 8 por ciento de la producción de electricidad, frente a un 5.5 por ciento en la UE. En cuanto al consumo por unidad de PIB producida, tanto de energía total como de petróleo, en España también se encuentra por encima de la media de los países de nuestro entorno, y además está en ascenso, en contraste con la tendencia descendente que presenta en el caso europeo.

Esta mayor intensidad energética se explica en parte por las características de nuestra estructura productiva: el peso de las industrias más consumidoras de energía es superior a la media europea, y su importancia ha crecido en los últimos años más que en el conjunto comunitario. No obstante, este factor no es suficiente para justificar nuestra mayor dependencia del petróleo, que sólo puede explicarse por la menor eficiencia energética de nuestra industria. El resultado es una economía más vulnerable ante los choques energéticos, de modo que ante un aumento del precio del crudo nuestros costes se incrementan más, se reduce nuestra competitividad, aumentan la presiones inflacionistas y se deteriora nuestra balanza por cuenta corriente por el aumento de la factura energética.

Desde el punto de vista de la regulación también se advierten importantes problemas en el modelo normativo actual, vigente desde hace ocho años, que afectan fundamentalmente al sector eléctrico, aunque también al gasístico. En primer lugar, el insuficiente nivel de competencia, derivado de un elevado grado de concentración tanto horizontal como vertical, de la existencia de barreras a la entrada y de la escasa capacidad de las conexiones internacionales. Junto a esto se encuentran diversos factores que distorsionan la correcta formación de los precios, así como un inadecuado régimen retributivo de las actividades de distribución, que desincentiva las inversiones en infraestructuras.

El fomento del ahorro y de la eficiencia, así como la diversificación de nuestras fuentes de abastecimiento, deben ocupar, por lo tanto, un lugar preferente en el diseño de nuestra política energética. Por otra parte, es necesario introducir modificaciones normativas para mejorar el funcionamiento del mercado. Entre las tareas más urgentes cabe mencionar la eliminación cuanto antes de la tarifa (prevista para 2011) con el fin de facilitar la entrada de nuevos operadores en la comercialización, y el establecimiento de un régimen retributivo para la actividad de distribución que suponga una mejora de los incentivos a la inversión, imprescindible para garantizar la seguridad del suministro, así como el aumento de la capacidad de las conexiones internacionales.


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