ENRON Y OTROS
OPINIÓN
ESTRELLA ECONÓMICA
25 Febrero de 2002
El "caso Enron" (o, más adecuadamente, el "caso Enron-Andersen") presenta
múltiples facetas tanto empresariales como políticas. Conforme avanzan las
numerosas y variadas investigaciones en marcha, se van conociendo nuevos y
sorprendentes aspectos.
Un apresurado resumen a la fecha incluiría desde desvío de fondos de la compañía
a directivos y amigos (como ha puesto de relieve el informe Powers, a pesar
de ser incompleto) hasta negligencia total de ejecutivos, consejeros, integrantes
del comité interno de auditoría, auditores externos, abogados, bancos comerciales
y de inversión, agencias de rating, pasando por normas contables desfasadas
y fácilmente manipulables mediante contabilidad creativa y fraudulenta.
Las implicaciones políticas del caso son clarísimas y decisivas. Desde normas
y ausencia de las mismas en un proceso desregulador desde los poderes legislativo
y ejecutivo hasta financiaciones de campañas electorales, sueldos como asesores,
empleos ficticios, etc., a un amplio y creciente número de miembros del Gobierno
y de la Administración Bush, así como a legisladores, sobre todo republicanos
pero también demócratas. La manifestación reciente de esta clara implicación
política es la demanda judicial presentada el pasado viernes por la Oficina
de Contabilidad del Congreso frente al vicepresidente Cene por no entregar
el listado de ejecutivos de empresas del sector de energía que colaboraron
con él en el proyecto de plan energético. Esa solicitud de información viene
del pasado mayo, sin éxito.
Hay un segundo "caso Enron" en puertas, y para algunos más importante, pero
que no ha alcanzado todavía el eco que exige, precisamente por la omnipresencia
del primero. Se trata de la quiebra de la empresa de telecomunicaciones Global
Crossing, con unos activos, en ese momento, cercanos a los treinta mil millones
de dólares. Los mismos elementos, empresariales y políticos, están presentes.
Para algunos, con ingredientes más peligrosos porque incluye la creciente
práctica de transacciones ficticias de ida y vuelta entre empresas (las llamadas
Lazy Susan, como esa plataforma circular móvil que hay encima de las mesas
de algunos restaurantes chinos), algo legal pero que distorsionan gravemente
los resultados y que desinforman. Por eso se ha dicho que antes un contable
avispado podía inventar beneficios, pero que las ventas y el cash-flow nunca
mienten. Eso era antes.
Ahora, con el "caso Enron-Andersen" ( y otros más que vendrán tras el de Global
Crossing), han salido a la luz, dramáticamente, lacras inherentes al sistema
como son el trafico de influencias políticas, la codicia de los altos directivos,
la presión por los resultados trimestrales, las normas obsoletas, la ausencia
de regulación y control, etc., que han puesto a ese sistema en una gravísima
crisis de funcionamiento y de credibilidad.
http://www.estrellaeconomica.com/020225/economia/opinion_velasco.htm