EL PETRÓLEO COMO FACTOR DE ESTABILIDAD

Resumen de Prensa            Enervía, lunes, 24 marzo 2003

FUENTE: ABC


DESDE que el pasado septiembre el presidente Bush hizo oficial en la ONU el actual conflicto de Irak, el precio del petróleo escaló de 22 dólares el barril hasta los 34 que marcó hace una semana, cuando aún no se había anunciado el inicio de las operaciones militares. Comenzada la intervención, el precio del barril cayó al nivel de 26 dólares, especialmente cuando parecía que los campos del norte y del sur de Irak no iban a sufrir daños irreparables.

Pretender que esta es la guerra del petróleo es tan falso como lo contrario. Es incuestionable que Irak acopia en su subsuelo buena parte de las reservas de crudo, lo cual le confiere indudable valor estratégico. Pero también es cierto que los problemas que plantea el régimen de Sadam Husein son adicionales al petróleo. La cuestión central es más política que económica y tiene que ver con un nuevo orden en las relaciones internacionales, empujado por los desafíos del terrorismo y su posible abuso con armas de destrucción masiva.

La pretensión de George Bush y sus aliados cuando colocaron el régimen de Irak en el punto de mira era reducir espacio al terrorismo. Pero también sentar las bases para unos mercados más estables. El nuevo orden en el Golfo Arábigo supondrá estabilidad en la zona, que significa garantías para los flujos de petróleo.

Y la actual coyuntura económica mundial necesita esa estabilidad para evitar dificultades adicionales a la recuperación económica. Los exportadores de petróleo, escaldados tras la pasada crisis que hundió los precios del barril a una banda de diez a quince dólares, pretenden que estos oscilen entre 22 y 28 dólares, referencia que los consumidores consideran soportable y que significa razonables oportunidades para todos, exportadores (como Rusia, México, Nigeria, Argentina o Venezuela) e importadores, encabezados por las tres principales economías del mundo.

El petróleo ya no es tan determinante del crecimiento como décadas atrás. Su aportación al conjunto del suministro energético ha disminuido y su impacto en el PIB también. Sin embargo, sigue siendo la materia prima más relevante del planeta. Por eso el conflicto de Irak tiene en vilo a las economías, una mala solución de la crisis dañaría las posibilidades de recuperación y una efectiva salida de la crisis contribuirá a la misma.

La mayor parte de los expertos coinciden en que los problemas económicos actuales no radican en el petróleo, aunque la elevación del precio del barril supondría multiplicar las dificultades. Los problemas económicos actuales dependen de las expectativas de los agentes económicos y de la destreza de los políticos para gestionarlas. Los mercados financieros respondieron con euforia compradora a la iniciativa de ocupar Irak no por que les guste la guerra, sino más bien por la expectativa de que fuera corta y habilite una etapa consistente de equilibrio y buena vecindad en la zona del golfo.

La alianza de los países que interviene en Irak ha dejado claro que la riqueza petrolera de este país es para su pueblo, que el futuro de la explotación de esos campos que tienen una capacidad de producción mucho mayor que la actual servirá para financiar el desarrollo de Irak. La estabilización de Irak abre la posibilidad de otra ronda de negociaciones, semejante a la Conferencia de Madrid a finales de 1991, para lograr paz y convivencia en Oriente Próximo. Si así ocurre estaremos ante una buena noticia para la recuperación de la economía que siente las bases para otra década de crecimiento estable, tal y como ocurrió a comienzos de los noventa.



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