México, importador de petróleo

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, martes, 24 enero 2006

FUENTE: Por Juan Arlanzón en Expansión


No, no es un error. Parece increíble en un país con grandes recursos potenciales de hidrocarburos, pero puede ser la dura realidad en la próxima década. Según las últimas estadísticas publicadas por la compañía British Petroleum, las reservas probadas de petróleo mexicano a fin de 2004, incluyendo crudo y condensados, eran de 14,8 millardos de barriles, y su producción media diaria, de 3.824 millones de barriles (quinto productor mundial). Si no se lograse revertir la tendencia, dichas reservas, al ritmo de extracción de 2005, durarían menos de once años. La realidad no será tan traumática, pues la producción actual no podrá sostenerse y las reservas durarían algo más. Según la Secretaría de Estado de Energía mexicana, sin inversiones suficientes no se conseguirán reponer las reservas que se están consumiendo y, para atender a su consumo interno, que creció un 1,8%, necesitarían importar crudo en el año 2017. Lo cual parece una previsión, incluso, muy optimista. Y ahora exportan crudo, pero importan gas (desde el año 2001) y productos refinados, porque su actual capacidad de refino ya no pude abastecer al país. En 2004, el balance neto positivo entre exportaciones e importaciones de hidrocarburos fue de 17,8 millardos de dólares. En cuanto al gas, el pasado año, México produjo 37,1 BCM (millardos de metros cúbicos), consumiendo 48,2 BCM, un 5,1% más que en 2003. México tiene recursos importantes de gas, pero necesitan fuertes inversiones para su desarrollo. Para complicar aún más su escenario, todo el gas importado proviene de Estados Unidos, uno de los más caros del mundo, con un precio de referencia actual, en Henry Hub, superior a 13$/millón de BTU, más del doble que el precio español. El mercado está, además, al final de la red de transporte norteamericana de gas, lo que encarece más el precio final.

En 2005, la producción de crudo superará los 3,2 millones de barriles diarios. Un único yacimiento, el mayor de toda América y segundo del mundo -Cantarell, a 85 kilómetros de la costa de Yucatán-, aporta dos tercios de la producción de crudo y un sexto de la de gas. Pero podría caer desde los más de 2 millones de barriles diarios actuales, a menos de la mitad, en tres o cuatro años. Hay potenciales reservas adicionales, pendientes de investigación, particularmente en su offshore profundo del Golfo de México, prácticamente inédito, y que podrían aportar más de 50 millardos de barriles, pero su exploración y desarrollo necesitan inversiones muy altas. Y varios años hasta que comience su posible producción, un problema adicional.

El tema tiene mucha trascendencia. Para México, para Estados Unidos y para el mundo entero. Exporta casi dos millones de barriles diarios (21,2 millardos de dólares en 2004), el 78% para su vecino del Norte, siendo España su segundo cliente. Ahora, y en un próximo futuro, una reducción de la cuota exportadora mexicana dificultaría aún más el inestable equilibrio mundial entre oferta y demanda, con inmediata consecuencia alcista en los precios. Es curioso que, al comparar México con el otro principal productor de petróleo en Iberoamérica, Venezuela, sus problemáticas son distintas. Las reservas probadas de Venezuela, a principios de año, eran de más de 77 millardos de barriles, y produjo en 2004 una media de 2,98 millones de barriles diarios, solamente. México tiene menos de un quinto de dichas reservas comprobadas, pero produce casi un tercio más que Venezuela. ¿Por qué? Venezuela está por debajo de su capacidad técnica productiva, por la ineficiencia actual de su empresa nacional, Pdvsa, y la falta de incentivos contractuales y fiscales a las multinacionales presentes en aquel país para incrementar su producción. En cambio, México está prácticamente al límite de su capacidad técnica de producción de crudo, para la explotación de sus reservas actuales. Sólo su compañía nacional, Petróleos Mexicanos (PEMEX), está autorizada a hacerlo, desde la nacionalización de la industria petrolera mexicana en el año 1938, que vetó el acceso a sus reservas a las compañías extranjeras. En el fondo, la solución sería la misma para los dos países: un marco estable, jurídico y fiscal, que permitiera y fomentara la inversión en el sector, incluyendo, de manera fundamental, a las compañías extranjeras que aportarían capital, tecnología y experiencia. La Administración mexicana, que ahora preside el PAN, y antes, hasta 2001 por 71 años, el PRI, conoce bien el problema. Históricamente, los ingresos que obtenía PEMEX han sido la vaca que alimentaba las arcas del Estado, aportando 1/3 de los recursos fiscales del país. Por la vía impositiva ha capturado la mayor parte de los beneficios de la compañía, dejando un mínimo porcentaje a PEMEX para atender a sus inversiones y gastos, lo que le obligaba incluso a endeudarse, en más de 40 millardos de dólares, a la fecha. En la larga época del PRI en el Gobierno, la capacidad inversora de PEMEX fue muy limitada, y la consecuencia ha sido el agotamiento progresivo y rápido de las reservas de gas y petróleo. Éstas han caído un 75% en el decenio 1995-2005, al dedicar una inversión insuficiente para reponer la producción. La restricción constitucional a la entrada de capital exterior en la industria impide, además, acceder a inversiones adicionales. El Gobierno de Vicente Fox tuvo muy claro cómo resolver el grave problema, aunque la Constitución, y el no tener la mayoría congresista, limitó su capacidad de actuación. Pero consiguió, en junio pasado, aliviar la presión fiscal sobre PEMEX (60%, hasta entonces). Tarde, pero ha sido un cambio sustancial. El ministro de Energía indicó que, sólo para mantener la compañía y conseguir un nivel razonable de producción, se necesitan 15 millardos de dólares anuales. En 2005, se invertirán 11,7 millardos, una cifra récord. Con el nuevo tratamiento fiscal prevén inyectar en PEMEX 2,4 millardos adicionales en 2006, subiendo hasta los 9 millardos en 2010. La otra línea estratégica ha sido atraer al capital extranjero, aunque limitado al desarrollo de yacimientos de gas, con resultados espectaculares. Un cambio constitucional que permitiese un acceso pleno a las petroleras internacionales, no sólo al capital de PEMEX, si se privatizase, total o parcialmente, sino incluso a las reservas de crudo y gas es, ahora mismo, una utopía. Debería acometerse lo antes posible, pues mientras México no afronte una reforma que permita a las multinacionales su acceso a equity en los yacimientos y su producción, no acudirán masivamente. Sólo con plena apertura e incremento sustancial de las inversiones se solucionaría el problema mexicano. El tiempo juega en contra y, cuanto más se retrase, más se agravará. Para las elecciones de 2006, los partidos contendientes tienen en cuenta este tema, en sus programas. Si ganase Felipe Calderón, del PAN, seguiría con su política progresivamente aperturista, liberando recursos para que PEMEX intensificara su esfuerzo inversor, en un desesperado intento de reponer reservas y mantener la producción. Obtener la mayoría electoral simplificaría su tarea. Su objetivo es incrementar la producción de gas y crudo ligero (de más valor) y mantener la actual de crudo pesado, lo que nos parece inalcanzable, al menos a medio plazo. Si ganase Roberto Madrazo, del PRI, sin conseguir tampoco la mayoría, se aliaría con el PAN. Madrazo conoce bien (porque el PRI lo vivió en el pasado) la importancia del sector petrolero, y el problema actual de PEMEX para mantener producción y reponer reservas. Por ello, compartiría alguna de las estrategias del PAN. Pero la experiencia del largo periodo presidencial del PRI hasta 2001, y la avidez que demostró para beneficiarse al máximo de los ingresos de PEMEX, no nos permite ser optimistas. La crisis petrolera mexicana se desencadenaría, muy probablemente, incluso de forma irreversible, y por mucho tiempo. Por último, el programa energético de Andrés Manuel López Obrador, del PRD, es un brindis al sol, sin compromisos claros de inversión ni análisis de impactos fiscales. Si fuese elegido presidente, se adheriría inmediatamente -puro populismo- a la Petrocaribe gestada por Hugo Chávez, y después a su ansiada Petroamérica, si finalmente se consolida, con toda la carga política y propagandística que ello conlleva, y aumentando la tensión con EEUU. Siendo tan ultranacionalista y populista, no habría ninguna apertura petrolera...hasta que la economía tronase por la falta de ingresos y la consiguiente fatal crisis financiera del país. Un escenario posible es que, si pese a llegarse al extremo de una crisis económica brutal, el PRD repitiese mandato en 2011, su próximo presidente no tendría otra alternativa que abrir ampliamente la industria petrolera al exterior. Parece una paradoja que el más nacionalista se transformase en aperturista, pero la ideología y la propaganda, en ocasiones, riñen con el pragmatismo.




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