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El sector eléctrico: teoría de la razón práctica (y II)
Resumen de Prensa Enervía, viernes, 23 septiembre 2005
FUENTE:
Por Gaspar Ariño en Expansión
Frente a la visión teórica de unos
mercados competitivos de gas y electricidad, que hoy no existen y a los que se
quiere llegar en los términos descritos en mi artículo anterior, hay una segunda
visión que viene a decir lo siguiente. La estructura empresarial del sector eléctrico
y gasista es fruto de la historia; irá abriéndose progresivamente, como ya está
ocurriendo en los últimos años (las cuotas de los dos grandes se han ido reduciendo).
En segundo lugar, a diferencia de los mercados tradicionales de productos, en
los que la competencia se mide en número de oferentes y cuotas de mercado, el
sector eléctrico, que presta servicios a través de grandes redes, necesita una
cierta dimensión para competir y, aunque hoy el mercado sea el español pronto
el mercado será ibérico y a medio plazo será europeo. Hay, por tanto, que realizar
un análisis dinámico, que tenga en cuenta no una competencia ideal siempre difícil
sino la competencia posible y, sobre todo, la practicable a medio y largo plazo.
Hasta tanto esa nueva oferta plural se alcance, pueden articularse medidas regulatorias
que eliminen barreras de entrada, hagan el mercado más contestable y. si es necesario,
se mantenga un control de precios frente al poder de mercado, al menos en determinadas
circunstancias (por ejemplo, en el caso de los servicios complementarios, en el
mercado de restricciones técnicas y en ciertas horas punta para las centrales
marginales).
Defensa de la competencia Según esta concepción,
hay que formular de otra manera los criterios de defensa de la competencia para
los sectores regulados, que presentan características muy diferentes a los mercados
tradicionales de productos. Frente a los criterios habituales de número de oferentes
y cuotas de mercado, con límites fijados en tomo a los 4 ó 5 operadores como mínimo
y un máximo del 20% al 25% de cuota de mercado (índice HHI), se debe atender a
las condiciones reales de rivalidad entre los oferentes, de libre entrada en el
sector y de libre elección por los consumidores, aspectos en los que el marco
regulatorio presenta una importancia crucial. Asimismo, según esta concepción,
hay que adoptar una perspectiva dinámica, tratando de redefinir cuáles van a ser,
a medio plazo, los mercados relevantes geográficos y de producto: si van a sedo
España, la Península Ibérica, el área mediterránea o Europa entera, lo que, en
el caso del gas y la electricidad, presenta sus exigencias. La estructura empresarial
no debe contemplar, pues, el mercado de hoy o de pasado mañana, sino el de los
próximos años, en los que se prevé un importante aumento a la capacidad de interconexión
transfronteriza y la convergencia de los mercados de electricidad y gas. Pero
lo que realmente constituye el argumento político de más peso en la política de
concentraciones es que España debe alinearse con las tendencias actuales de reestructuración
empresarial imperantes en el mundo: éstas se orientan de manera inexorable hacia
la formación de grandes empresas a nivel europeo, multienergias o multiutilities,
que puedan competir en todos los mercados (Europa, Asia, América del Norte y del
Sur). Se recuerdan, en este sentido, las estrategias de expansión practicadas
por los respectivos gobiernos europeos, invadidos por ese nacionalismo rampante
que recorre hoy Europa. Francia, con su EdF y GDF, mantiene bloqueado su mercado.
mientras invade Europa comprando centrales en Gran Bretaña, Alemania e Italia;
Alemania, con sus dos gigantes, RWE y E.On Ruhrgas. a los que ha quedado casi
reducido el antiguo contingente empresarial; Italia sigue manteniendo el cuasi-
monopolio de Enel y Eni, mientras éstas alardean de fondos disponibles para comprar
en España, en Francia y en Portugal (ya compraron Viesgo). Sin olvidar los casos
de Electrabel que ostenta el cuasi-monopolio de Bélgica o la posición dominadora
de Vatenfall en Suecia. Todas estas empresas son más grandes que Endesa o Iberdrola
y ostentan, en monopolio o en duopolio, más del 80% del mercado en cada país.
Frente a esta realidad, resulta que en España, en los tres últimos años, se han
paralizado tres intentos de fusión que hubieran dado lugar a empresas semejantes
(Unión Fenosa-Hidrocantábrico, Endesa-Iberdrola, Gas Natural-Iberdrola). Este
planteamiento está presidido por una política de construcción de 'campeones nacionales',
con los que se quiere lograr cierta armonización entre competencia y política
industrial con la apelación creciente a criterios extraconcurrenciales en la valoración
de las fusiones. Caso paradigmático de ello ha sido la decisión del Gobierno
alemán de autorizar, bajo determinadas condiciones, la compra por la eléctrica
Eon de la mayor empresa alemana de g¡¡s; Ruhrgas. que había sido vetada por la
Oficina Federal de Cárteles (BundesKartellAmt, con criterios estrictamente de
competencia. Dicha autorización del Gobierno se enmarca en una figura legal excepcional
(utilizada sólo en seis ocasiones) por la cual el Gobierno puede autorizar una
operación prohibida por el BKA cuando se demuestre que la restricción de competencia
resultado de la operación está compensada por efectos positivos para la economía
en su conjunto o que la operación está justificada por un interés público primordial. He
aquí la razón práctica en la que sin duda se podría fundamentar la reciente OPA
de Gas Natural sobre Endesa. Ahora bien, ¿es ésta una razón válida? ¿Qué es mejor
para España una política de competencia o una política de campeones nacionales?
¿Cuáles serán las consecuencias para los consumidores españoles -catatalanes,
valencianos, andaluces o gallegos- de esta decisión? La eficiencia empresarial
que sin duda puede lograrse con la operación, ¿les alcanzará a ellos?; ¿por cuánto
tiempo? Éstas son preguntas a las que la Comisión Nacional de la Energía, el Servicio
de la Competencia y el Tribunal de Defensa de la Competencia deberán responder.
Después, el Gobierno decidirá. www.expansion.com
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