EL PRECIO DE LA ELECTRICIDAD
EDITORIAL
CINCO DÍAS
23 de Agosto de 2002
La nueva metodología propuesta por Economía para las tarifas eléctricas
hasta el año 2010, que el ministerio hizo pública el miércoles, rompe
con seis años consecutivos de tendencia a la baja del recibo de la luz.
A la vez, responde a las intensas presiones de las empresas, que han
llegado a condicionar las inversiones y, por tanto, la calidad del servicio
no sólo a un cambio en la actual fórmula -fijación anual de las tarifas
en función del IPC-, sino también a que se frene la bajada de los precios
de la electricidad (un 30% en términos reales en los últimos seis años).
Economía ha propuesto que el incremento de las tarifas sea durante los
próximos ocho años de un 2% anual, es decir, el IPC previsto para 2003
menos un porcentaje a determinar cada año en función de diversas variables,
como la demanda o la evolución de los tipos de interés. Es una fórmula
que proporciona a las compañías parámetros estables y concede un plazo
lo suficientemente holgado como para que puedan diseñar y ejecutar sus
planes de inversión. Sin embargo, el mismo miércoles, las empresas pusieron
la proa a la propuesta del Gobierno por el límite de la inflación a
las subidas.
El proceso negociador sigue abierto y el secretario de Estado de Energía,
Desarrollo Industrial y Pymes, José Folgado, que consideró ayer 'lógicas'
las demandas del sector, anunció 'un cierto acercamiento en las posiciones'.
Nadie duda que exigir un marco tarifario a largo plazo sea imprescindible
para que una empresa pueda decidir sus planes. Sin embargo, la conciliación
de los intereses de las compañías -y sus inversores y accionistas- con
los intereses de los consumidores -empresas y particulares- es un difícil
encaje de bolillos que debería resolver el mercado y no un intervencionismo
del que ni el Gobierno ni el sector eléctrico han sabido o querido desprenderse.
La nueva metodología tarifaria es urgente. Antes de finales de año debe
aprobarse el real decreto que la regule para que entre en vigor en enero
de 2003, coincidiendo con la liberalización total del mercado eléctrico.
Es de prever que la patronal Unesa ejerza toda su presión en las próximas
semanas. De hecho, estas negociaciones han sido la principal razón por
la que se volvió a poner al frente a Íñigo de Oriol, el más veterano
y experto de los presidentes del sector.
El Gobierno ya ha incumplido su compromiso de bajar la tarifa para el
consumo doméstico un 9% en tres años. Ahora está obligado al menos a
que de esas reuniones salga una fórmula que asegure precios competitivos
-tanto para las empresas consumidoras como para los particulares- y
suficiencia de oferta, pero que al tiempo no disminuya la capacidad
inversora de un sector al que se debe exigir una calidad en el servicio
que ha sido discutible en demasiadas ocasiones.
Pero éste debe ser sólo un paso más en la liberalización de un sector
al que, tal vez más que a ninguno en España, aún no ha llegado la competencia
real. Como prueba, simplemente, las citadas negociaciones.
Cinco
Días