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OPINIÓN
LA RAZÓN
23 Julio de 2002 POR JOSE JAVALOYES Vasculando entre los futuribles energéticos ¬qué se pudo o se debió hacer en el pasado y no se hizo, como primar la investigación y el gasto en las fuentes renovables¬ y un futuro para las térmicas de fisión que toma como premisa mayor la diabolización de la energía nuclear, por su origen militar y por su destino inesquivablemente nefasto para las generaciones venideras, dada la inevitable contaminación radiactiva, moviéndose entre estos dos extremos el «lobby» antinuclear ¬mitad inercia de la retroprogresía y mitad impulso de los intereses petroleros¬ se ha puesto en pie de guerra contra la hipotética revisión del parón o pausa en el desarrollo nuclear español, y denuncian campañas ante el discurso solitario en pro de la racionalización energética nacional de la amnistía política para las térmicas de fisión en España, habida cuenta las expectativas de incrementos del consumo en particular y, en general, el síndrome de dependencia que padece pendencia que padecemos y las sombras de inseguridad estructural que se ciernen sobre los puntos de origen de los suministros mayoritarios. Pero puestos a fantasear sobre la supuesta ilegitimidad intelectual de los discursos pro nucleares, no carecería de lógica la observación de que puede haber también un ¬lobby¬ anti-nuclear originado en medios nucleares instalados en la ventaja de su madrugadora racionalidad; por ejemplo, ¿no le resulta objetivamente conveniente a nuestra vecina EdF, que España no disponga en el corto y en el medio plazo de capacidad de generación suficiente y tenga, por consecuencia, que recurrir a la importación sistemática de kilovatios transpirenaicos? Contra las nucleares francesas nadie protesta, pese a su enorme peso relativo dentro de Europa y a despecho de que muchos de sus grupos, a efectos de seguridad, están a un tiro de piedra de nuestra frontera. Uno de mis primeros directores, en los ya remotos años de iniciación al periodismo, me dijo un día: «no le dé más vueltas, Javaloyes, la derecha es cerril y la izquierda sectaria». De una cosa y de la otra he podido conocer muchos ejemplos. Hace ya bastante tiempo, en mis días del querido ABC, escribí en algunas tribunas sobre la necesidad perentoria de que los dos grandes partidos nacionales ¬entonces gobernaban los socialistas¬ suscribieran un pacto «en el torso del Estado», dije, para hacer lo que ahora han hecho frente al terrorismo. Un consenso de semejante escala y ambición nacional es lo que estaba implícitamente planteado en mi artículo «Nuclear, energía políticamente incorrecta», y en lo que insisto ahora. Un consenso sobre el modelo energético español, que esté tan colmado de previsión y racionalidad como lo estuvo el que hicieron los franceses, pivotando hasta donde hiciera falta sobre la alternativa nuclear y ajustando como fuera necesario el modelo de titularidad preponderante. Para eso, sin cerrilismo y sin sectarismo, habría que dejarse de fantasías orientales e imposibles arcadias ambientalistas y centrarse tanto en las necesidades nacionales de energía barata y limpia, para el corto y el medio plazo, como en los apremios que derivan de nuestras necesidades de convergencia en Europa. Y los respectivos fondos de armario que queden donde están en todo lo que corresponde a un tiempo que se fue y a unas realidades que no se corresponden con las exigencias de ahora. http://www.larazon.es/ |