¿Tiene sentido comercializar electricidad?

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, lunes, 23 enero 2006

FUENTE: Por Alfredo Huertas, director de Regulación de Centrica Energía, en Expansión


Un niño preguntaba a su padre ante un semáforo en rojo: “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”, y , tras unos segundos, seguía sin recibir respuesta. Igualmente, la fijación de una tarifa eléctrica artificialmente baja (y por ende, anticompetitiva), a sabiendas de que los precios mayoristas de electricidad son un 70% mayores que los asumidos en dicha tarifa, ha provocado que los comercializadores de electricidad se encuentren ante un semáforo en rojo y pregunten al Gobierno: “¿Tiene sentido comercializar electricidad?” Mientras que el silencio del padre hacia su hijo reafirmaba su condición rojiblanca, la ausencia de respuesta por parte de la Administración introduce graves incertidumbres en el futuro de una actividad empresarial que debe regirse por criterios de racionalidad económica.

Sin embargo, a través de la publicación del Real Decreto de Tarifas para 2006, el Gobierno ha contestado a la pregunta, confirmando que, hoy por hoy, la actividad no es viable, como se demuestra a continuación:

1. Durante 2005, aproximadamente en el 65% de la energía consumida a tarifa básica regulada en España (que representa el 84% de los clientes), se han pagado unos 3.500 millones de euros menos, porque dichas tarifas fueron fijadas a niveles insuficientes, distorsionando así la competencia. Sin embargo, el Gobierno, ahora, quiere que los consumidores que contrataron su suministro con comercializadores, así como los consumidores futuros que hoy en día ni siquiera existen, paguen también este déficit cada año, y hasta 2015. Es decir, se repite el mismo error metodológico cometido con la imputación del déficit de 2000-2002.

2. Hasta que dichos pagos lleguen, la financiación del déficit la realizarán los productores con derecho a la percepción de los Costes de Transición a la Competencia, a los cuales se les reconocerá titulizar dichos pagos futuros. Es decir, se permite el maridaje entre una compensación máxima e incierta (CTCs), y una suma fija, cierta y titulizable (el déficit), lo cual podría ser contrario a lo exigido a España por la Comisión Europea.

3. Si bien es cierto que ningún Gobierno ha resuelto la falta de competencia en el mercado de producción, y que, por lo tanto, nadie se fía del nivel de precios mayorista a la hora de determinar las tarifas, sin embargo, los ya tradicionales parches de fin de año a través del reconocimiento del déficit deberían ser neutrales, equitativos y no provocar distorsiones adicionales. Esto se garantiza solamente si el reconocimiento del déficit de tarifa viene acompañado por el reconocimiento de una compensación relativa al quebranto económico experimentado por los comercializadores (inducido por una tarifa a los consumidores, y por ende, a sus comercializadores, que durante 2005 fueron suministrados en el mercado libre.

4. La revisión de las tarifas prevista para julio de 2006 pretende acomodar la financiación del déficit de 2005, pero seguramente tendrá que ser mucho mayor si, desde enero a julio de 2006, el mercado mayorista se comporta por encima de las previsiones usadas en la confección de la tarifa de 2006. Por consiguiente, esta indefinición sobre la próxima revisión de julio congela la actividad de comercialización hasta que el marco regulatorio se estabilice de acuerdo a unos principios racionales.

5. Las tarifas de 2006, según recoge el Libro Blanco, han vuelto a “fijarse” y no a “calcularse”, ya que, además de arrojar de partida un déficit de 300 millones para 2006, son nuevamente anticompetitivas, y podrían suponer una infracción de la Directiva 2003/54/CE (por cierto, todavía no transpuesta en España). por lo tanto, comercializar en estas condiciones se convierte en una farsa como la que ha protagonizado ADIF (RENFE) al aceptar pagar a Hidrocantábrico, Unión FENOSA, Endesa e Iberdrola unos 25 millones de euros más en mercado libre que en tarifa básica. ¿Por qué?

La comercialización está inmersa en un proceso de extinción uniformemente acelerado. Distribuidores y comercializadores no sólo compiten en sentido puro sino también en sentido regulatorio. Mientras que los precios regulados por el Gobierno sigan falseando la competencia, la comercialización es imposible. Lo irónico de la situación es que si todos los consumidores estuviesen suministrados por comercializadores, no existiría déficit. Sin embargo, la desaparición de la actividad convierte automáticamente el déficit en un mal endémico para el sector.

Tristemente, los comercializadores no pueden decir que la actividad pasó “un añito en el infierno”. El Atleti estuvo oficialmente dos, pero hay consenso de que sigue en el pozo.


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