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HACIA UN MERCADO IBÉRICO DE LA ELECTRICIDAD
OPINIÓN EXPANSIÓN
22
Enero de 2003
POR PABLO MAYOR
El 14 de noviembre de 2001, España y Portugal firmaron un protocolo
de colaboración con el objeto de establecer las medidas que permitieran
la creación del mercado ibérico de la electricidad, cuya entrada en
vigor debería producirse el 1 de enero de 2003.
Este mercado debía garantizar a todos los agentes establecidos en ambos
países el acceso a un único operador ibérico y a las interconexiones
con terceros países en condiciones de igualdad y libertad de contratación
bilateral.
El mercado ibérico de electricidad habrá de regirse por los principios
de la libre competencia, transparencia, objetividad y eficiencia, permitir
el acceso al mismo a todos sus participantes en condiciones de igualdad
y estar dotado de los mecanismos de seguimiento y control que garanticen
la satisfacción de las necesidades de los consumidores, la seguridad
del abastecimiento de energía eléctrica a corto y largo plazo y la plena
compatibilidad con los objetivos de eficiencia energética y fomento
de las energías renovables en ambos países.
La iniciativa de la creación del mercado ibérico de electricidad constituyó
una excelente noticia, por muchas razones. En primer lugar, este mercado
ibérico, como mercado transnacional, tendrá una gran relevancia para
el desarrollo económico de la Península Ibérica y supondrá una aportación
esencial de España y Portugal para la consecución del denominado mercado
interior de la energía, conforme a las propuestas de la Comisión Europea
de marzo de 2001 y las conclusiones del Consejo Europeo celebrado en
Barcelona el 16 de marzo de 2002.
Experiencia internacional
Impulsar la creación de un mercado ibérico integrado de electricidad
permitirá aprovechar la experiencia de otros países, en particular del
Reino Unido y del mercado escandinavo (que incluye ya a cuatro países
y a cinco compañías) y ganar un tiempo precioso y un mayor peso en el
futuro mercado europeo de electricidad.
En segundo lugar, España y Portugal no pueden olvidar que juntas conseguirán
mucho más en el ámbito de la Unión Europea que actuando por separado.
Esta actuación conjunta ha de estar presidida por la absoluta lealtad
y respeto recíproco a la respectiva posición e identidad nacional y
ha de mirar siempre sin reservas y sin miedo hacia el futuro, olvidando
todo resquemor o complejo histórico.
Es evidente que el sistema eléctrico europeo va a exigir una cuantiosa
inversión en el desarrollo de redes de transporte a escala europea y
en interconexiones entre redes nacionales, así como la progresiva integración
en la operación técnica y económica del mercado de la electricidad,
por lo que es obvio que la posición de España y Portugal, si actúan
de forma conjunta, será más fuerte en relación con el resto de la Unión
Europea y, en particular, respecto a nuestro vecino francés, especialmente
en el ámbito de los mecanismos de comercio transfronterizo de la electricidad
y del tratamiento de la congestiones en las interconexiones.
Similitudes
Finalmente, no debe olvidarse que la situación actual del sector eléctrico
en España y Portugal presenta importantes similitudes que deben ser
aprovechadas.
El consumo de energía eléctrica en ambos países ibéricos revela estructuras
sectoriales muy semejantes, tasas de crecimiento medio anual muy por
encima de la media europea y de las respectivas tasas de crecimiento
del PIB, un grado de penetración en el consumo final de energía creciente
y semejante en ambos países (casi un 18%) y una perspectiva de crecimiento
también pareja para la cogeneración y las fuentes renovables de energía.
Los notables esfuerzos realizados a lo largo del año 2002 por la Comisión
Nacional de la Energía española y por la Entidad Reguladora de los Servicios
Energéticos portuguesa han permitido establecer, tras un amplio proceso
de participación de asociaciones de consumidores, productores, distribuidores,
comercializadores, operadores del sistema, operadores del mercado y
demás partes interesadas en el desarrollo del mercado ibérico, el embrión
de un modelo de organización de este último.
Sin embargo, una vez más, en el ámbito de la energía las grandes declaraciones
del principios no han ido acompañadas de su plasmación en la realidad,
sin duda en parte por la complejidad técnica, jurídica, económica y
política que ello supone, pero también por cierta inercia o temor al
cambio.
Liberalización
La liberalización del sector eléctrico ha sido,hasta el momento, mucho
más real sobre el papel que en la realidad de las cosas. Así como la
libre elección por todos los consumidores, a partir del 1 de enero de
2003, de su suministrador de energía eléctrica, se ha revelado como
una afirmación legal de muy precaria virtualidad práctica, también la
creación del mercado ibérico tiene el riesgo de convertirse en una declaración
programática más que en una realidad.
El anuncio realizado a finales del año 2002 de que la implantación efectiva
del mercado ibérico de la electricidad se dilatará en un proceso por
fases que sólo finalizará en el 2006 puede ser un duro ejercicio de
realismo, pero al mismo tiempo pone de manifiesto la necesidad que,
de manera inmediata, se trabaje activa y conjuntamente entre ambas Administraciones
para crear, de verdad, los cimientos de este mercado integrado.
Para ello será imprescindible intensificar los esfuerzos que permitan
establecer un marco regulatorio estable y seguro, previsible y fluido,
que permita incentivar las necesarias inversiones, asegurar la transparencia
y liquidez del nuevo mercado y ofrecer a todos los consumidores las
mismas oportunidades. Ello exigirá afrontar muy diversos retos.
Organización
En primer lugar, definir una organización de este mercado ibérico que
se base en la libertad de contratación entre los participantes en el
mismo, restringida únicamente por las medidas necesarias para fomentar
en el mismo un adecuado nivel de liquidez y competencia, de modo que
puedan funcionar en pie de igualdad el mercado libre de contratación
bilateral física y los mercados gestionados por el operador del mercado
ibérico.
En segundo lugar, la creación de un único operador del mercado ibérico,
como entidad responsable de la gestión de los mercados basado en los
principios de transparencia, objetividad e independencia en sus relaciones
con los operadores del sistema, que al menos durante un tiempo habrán
de seguir existiendo en ambos países, como responsables de la seguridad
y gestión técnica en sus respectivas áreas de control, todo ello en
relación con los mecanismos de control regulatorio adecuados que permitan
garantizar el correcto abastecimiento de energía eléctrica y la aplicación
de las mismas reglas esenciales a los distintos agentes operadores en
los dos países.
Principios tarifarios
Finalmente, la fijación de los principios tarifarios y de configuración
del régimen económico financiero que rijan la actuación de los distintos
operadores y agentes intervinientes en el mercado, que han de permitir
acometer las necesarias inversiones y ofrecer al tiempo a los consumidores
una posibilidad de elección real y de obtener un servicio fiable y de
calidad.
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