El sector eléctrico: teoría de la razón pura (I)

Resumen de Prensa            Enervía, jueves, 22 septiembre 2005

FUENTE: Por Gaspar Ariño en Expansión


El Libro Blanco sobre la reforma del marco regulatorio del sector eléctrico, que con gran expectación fue presentado al Gobierno y hecho público el pasado mes de julio, ha caído misteriosamente en el olvido. Apenas unos comentarios, más bien superficiales cuando no frívolos, acompañaron su salida, pero luego se ha hecho el silencio sobre él. Yo he tenido este verano tiempo para leerlo despacio, con detenimiento; y tengo que decir que es a mi juicio, un extraordinario documento en el que se contiene el más riguroso y completo análisis del sector eléctrico que se ha hecho hasta ahora en España.

Lo primero que se deduce del Libro Blanco es lo extraordinariamente difícil que resulta construir un mercado eléctrico. Estoy hablando de un verdadero mercado, en el que exista competencia efectiva entre operadores. El carácter no almacenable de la electricidad, la unidad de explotación en red, la gran variabilidad horaria de la curva de carga, las congestiones en la red (que fragmentan los mercados), la homogeneidad de los servicios, la casi nula elasticidad de la demanda Y la paralela inelasticidad de la oferta en el corto plazo, son, todas ellas, circunstancias que hacen realmente difícil el mercado. La capacidad que tienen los generadores de forzar los precios al alza, especialmente en horas punta, es más que considerable, especialmente si no hay una gran capacidad de reserva.
Por otro lado, estamos en España ante un mercado que por muchas razones (variabilidad de los precios internacionales de las energías primarias, desigual producción hidroeléctrica y eólica, derechos de emisión disponibles) es completamente volátil lo que hace muy aleatorios los contratos a largo plazo Y más aleatoria todavía la entrada de nuevos generadores que no tengan asegurada de alguna manera la venta de su producción. Las presunciones sobre las que a veces se diseñan los mercados resultan completamente erróneas, como quedó acreditado en el caso de California, y las intervenciones regulatorias y/o políticas para hacer frente a las dificultades que luego aparecen constituyen un remedio peor que la enfermedad (tratan de proteger a los consumidores a cualquier precio y destruyen el sistema).
No puede sorprender, por todo ello, que después de algunas experiencias observadas, hasta los liberales más creyentes en la competencia y los mercados, como soy yo, nos hayamos preguntado en los últimos años: ¿es realmente sostenible un mercado eléctrico liberalizado, en el que los operadores oferten libremente cantidad Y precio sin limite alguno?; ¿pueden realmente permitirse precios libres en cualquier momento y en cualquier espacio, cuando se trata de un servicio indispensable para la vida y aquellos son tan manipulables, de modo que, dejados a su libre funcionamiento, pueden sufrir alteraciones abismales (hasta diez veces superiores de unos momentos a otros)? A estas difíciles cuestiones responde el Libro Blanco diciendo: el mercado es posible, pero los precios sólo serán competitivos y equilibrados (es decir, próximos al coste marginal), en el caso de que haya suficiente capacidad de reserva en los momentos de demanda punta y suficiente número de operadores en todo momento, Si ambos márgenes desaparecen o se reducen más allá de ciertos límites, el dominio del mercado será inevitable y los precios serán manipulados.
La capacidad degeneración
La reserva de capacidad es un plus de coste que debe asumir conjuntamente el sistema, para que el mercado pueda funcionar. Y los operadores deben tener un limite a la capacidad de generación de la que pueden disponer libremente en cada uno de los períodos temporales que se especifiquen. Esta limitación no afecta a la capacidad total de generación de la que es propietario el agente (no afecta, por tanto, a la dimensión de la empresa), pero si a la capacidad efectiva de producción de la que puede disponer libremente en cada
momento. Frente a estas tesis limitativas de la capacidad de oferta al mercado, que imponen la enajenación de activos, subastas de potencia y/o energía, contratos a plazo y contratos virtuales a precio regulado, otros proponen avanzar en la integración del mercado europeo, disminuyendo así presencia y la influencia de los operadores establecidos en cada mercado nacional A ello, el libro Blanco responde que tal cosa es un buen deseo, pero no es factible ni alcanzable (al menos para España) en un plazo que se pueda razonablemente prever. La construcción de un verdadero mercado europeo unitario y competitivo necesitaría de unas redes transfronterizas para las que no hay voluntad política; y de una enorme inversión en capacidad de interconexión que difícilmente se alcanzará. Quizás dentro de muchos años ello sea posible, pero, hoy por hoy, no es una hipótesis realista, y ahí está para probarlo el fracaso de la Agenda de Lisboa y de Barcelona.
El Libro Blanco considera, por tanto, que la estructura empresarial española (número de empresas realmente operativas y cuotas de mercado de generación de cada una) es inadecuada. Entiende que "las adquisiciones y fusiones que tuvieron lugar previamente y durante el proceso de liberalización condujeron a que la estructura del sector eléctrico se concentrase en exceso". Esto es común a toda Europa (salvo el Reino Unido y los países nórdicos). La exigua capacidad comercial de la interconexión transfronteriza no permite que la competencia de agentes externos ayude a mitigar esta situación. Es hoy opinión unánime entre los expertos la "posición dominante" que las dos grandes empresas españolas, aunque no se han producido hasta ahora graves situaciones de abuso porque el sistema de recuperación de los CTCs ha supuesto un techo de 0,04 €/Kwh al precio del mercado. Pero esta situación no va a continuar.
En resumen, una estructura de mercado inadecuada para soportar una verdadera competencia; un sistema tarifario que ignora el precio del mercado, pues no se fía de él; un procedimiento de garantía de potencia costoso, que no garantiza nada; y un mercado minorista entorpecido por la insuficiente separación entre la distribución y la comercialización libre; todo ello da lugar; según los autores del Libro Blanco, a una situación insostenible. "Y si estos problemas no se quieren o no se pueden arreglar -concluye- es mejor plantearse un cambio total de la LSE y volver a algún tipo de regulación tradicional porque la peor situación posible es adoptar formalmente un marco regulatorio de libre competencia, en el que todo es apariencia" y en el que nadie cree, ni siquiera el Gobierno. Más claro, agua.
Tal es la que podríamos llamar teoría de la razón pura del sector eléctrico. Pero existe también, como nos enseñó el genio de Kiínisberg una razón práctica, que puede llevar a resultados distintos. Sobre ella hablaremos el próximo día.



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