No tan crudo

Resumen de Prensa            Enervía, lunes, 22 agosto 2005

FUENTE: Por J. Villaverde Castro en La Gaceta de los negocios


La evolución alcista de los precios del petróleo está propiciando la aparición de ríos de tinta acerca de sus posibles efectos sobre las economías de los países industrializados. Hasta hace poco, sin embargo, no se temía que estos efectos fueran demasiado dañinos. Ahora, con un precio por barril por encima de los 60 dólares y con elevadas probabilidades de seguir subiendo en el futuro inmediato, la opinión empieza a cambiar: se teme que tenga consecuencias serias sobre la inflación e, indirectamente, sobre el crecimiento económico.

Sin negar que estos dos efectos puedan materializarse en buena medida, hay algunos elementos que, de forma moderada, nos ayudan a no considerar la situación demasiado “cruda”. En lo que se refiere a la propensión al aumento del nivel general de precios, es evidente que la incorporación de un gigante como China al fenómeno de la internacionalización está actuando como amortiguador de las tensiones inflacionistas: la razón no es otra que el coloso asiático está exportando grandes cantidades de productos de todo tipo (y no sólo textiles) a precios sensiblemente menores que los vigentes, hasta hace poco, en el mundo occidental.

Por otro lado, el efecto negativo del alza del precio del crudo sobre el crecimiento económico de los países industrializados parece que puede ser de menor entidad que el ocasionado en “crisis” previas, al menos por dos causas. Por un lado, porque la eficiencia energética, aunque siempre mejorable, ha aumentado de forma sustancial. Y segundo, y quizás tan importante como el anterior, aunque algo más olvidado en los tratamientos periodísticos del tema, porque las mayores “rentas del petróleo” que están percibiendo los países exportadores del crudo --como consecuencia tanto del aumento de su precio como del incremento del volumen de producción- se están dedicando, en una proporción no despreciable, a aumentar las importaciones de estos países de productos procedentes de Occidente, especialmente de la zona euro. También sucede que una parte sustancial de tales “rentas del petróleo” -en torno al 20%- se depositan en la zona euro, lo cual fortalece nuestra moneda y, por tanto, mitiga también el efecto nocivo de una mayor factura del petróleo tomada en dólares.

En conclusión, aunque el aumento del precio de petróleo debe preocuparnos, y mucho, tampoco es para rasgarse las vestiduras.


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