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APAGONES Y ESPERANZAS
Resumen de Prensa Enervía, viernes, 22 agosto 2003
FUENTE:
Por Josep Borrel en Estrella Digital
Los cortes del suministro eléctrico en Nueva Cork demuestran la extraordinaria vulnerabilidad de nuestras sociedades tecnificadas. Y, como antes en California, la dificultad de liberalizar y desregular el mercado de un producto, la electricidad, que no se puede almacenar y que requiere inversiones costosas con largos plazos de ejecución.
Si en la costa Este americana sufren apagones, el marcado europeo esta en alta tensión y el precio de la electricidad se dispara. En Ámsterdam el megavatio hora (mgwh) ha alcanzado los 2.000 euros frente a un precio habitual de 25-30 euros. En Francia y en Alemania el mgwh para el momento de mayor consumo se sitúa en una media de 1.500 euros. Y eso a pesar de la sobrecapacidad del sistema eléctrico europeo y la debilidad de la actividad económica.
La ola de calor ha disparado el consumo y todos los modos de producción eléctrica han descubierto sus respectivas vulnerabilidades. Incluso la electricidad eólica, que representa el 5% de la producción en Alemania, se ha visto afectada. Y para tranquilizar a los mercados eléctricos se ha tenido que autorizar a las centrales nucleares francesas, que producen el 75% del total, a que devuelvan a los ríos el agua de refrigeración a una temperatura superior a la normal.
Pero lo que está sufriendo un continuado y reciente apagón es la economía europea. Alemania, Italia y Holanda están en recesión y la UE en su conjunto ha tenido un crecimiento cero en el segundo trimestre de este año. Todos alimentan la esperanza de que la segunda mitad será mejor, pero ni los más optimistas esperan alcanzar el 1%, mucho menos de lo que están consiguiéndolos EE.UU. e incluso menos que Japón.
Esperábamos que la reactivación de la economía americana, conseguida gracias a un fuerte déficit público, tendría un efecto arrastre sobre la europea, que se prohíbe a si misma esta clase de medicinas macroeconómicas. Pero no esta siendo así y el temor a la deflación, palabra que se suele evitar cuidadosamente, crece en ambas orillas del Atlántico. Es un riesgo que afecta de forma muy diferente a los distintos países europeos pero el apagón de la economía alemana afecta de forma muy negativa a los pasases del Este, especialmente a Polonia.
Durante los 10 años de transición hacia la UE, Polonia corrió en cabeza del grupo de países excomunistas. Pero ahora presenta el mismo cuadro clínico que Alemania: inflación baja o negativa, tipos de interés reales altos, un desempleo creciente y crisis del sector bancario. As esperanzas que despertó la adhesión se ven así enfrentadas a la mala coyuntura del euro zona.
Las mayores esperanzas provienen de América del Sur, tanto en lo político como en lo económico. La revisión de su pasado en Argentina y Chile acaba con la impunidad de los que protagonizaron los años negros de la represión militar y repone la dignidad de sus victimas. Será una buena forma de conmemorar los treinta años, treinta ya, de la muerte de Allende.
La crisis económica argentina ha dejado de ser noticia, salvo en la que afecta a la situación de las empresas españolas que realizaron allí cuantiosas inversiones. Pero después del apagón de finales del 2.001, cuando se suspendió el pago de la deuda externa, el país ha conseguido estabilizar la inflación y el tipo de cambio del peso. El crecimiento podría alcanzar este año el 4%, lo que abre una puerta de esperanza para mejorar las catastróficas condiciones de vida de la población.
Pero la mayor esperanza proviene de Brasil, donde Lula se enfrenta a los inevitables problemas generados por sus planes de reformas. Brasil vivió también un año 2.002 muy duro, con una gran caída del tipo de cambio que le situó durante meses al filo de la suspensión de pagos, y un crecimiento débil que aumentó las cifras del paro.
Pero Lula está consiguiendo volver a poner la economía brasileña en condiciones de marcha. Las primas de riesgo sobre su deuda externa han vuelto a niveles razonables y el tipo de cambio se ha apreciado. Esto es fundamental para que no se quiebre la gran esperanza que Lula representa, porque un real despreciado generaría, como generó en el pasado, unas tensiones inflacionistas que obligarían al Banco Central a mantener tipos de interés elevados. Ello dificultaría el crecimiento, y sin él los márgenes de maniobra del nuevo Presidente serían todavía más estrechos de lo que ya son.
La esperanza de Brasil reposa hoy sobre el crédito político internacional de Lula. Y este es un recurso escaso y no renovable. Por ello Lula no tiene marcha atrás en sus reformas. Si baja el ritmo, o las diluye para obtener el acuerdo del Parlamento, la reacción de los mercados financieros no se haría esperar. Por eso puede haber empezado por la más fácil, la de las pensiones públicas, que a pesar de su evidente dificultad solo afecta, a fin de cuentas, a una parte de la población asalariada.
La siguiente, la de los impuestos será mucho más difícil si quiere ser justa y afectar a los intereses del capital y las clases dominantes.
Pero será imprescindible, que como lo fue en España, si se quieren corregir las enormes desigualdades sociales en Brasil y al mismo tiempo mantener los equilibrios presupuestarios. En realidad, todas las esperanzas de cambio para las sociedades sudamericanas se han estrellado contra las dificultades de establecer sistemas de redistribución de la renta. Ante la imposibilidad e conseguir ingresos públicos suficientes han derivado hacia dos apagones igualmente explosivos: las insoportables desigualdades sociales o los déficit públicos excesivos.
Brasil puede avanzar unos cuentos puestos entre las grandes economías mundiales en los próximos años, pero quizá la gran esperanza para el crecimiento de la economía mundial sea China, que continúa creciendo al 7 o el 8% con inflaciones controladas. Todo dependerá de cual sea el modelo de crecimiento de este coloso. Si reproduce la insostenibilidad ambiental que caracterizó el de las economías occidentales entonces esa esperanza puede convertirse en un apagón planetario.
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