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El sector eléctrico está quemado
Resumen de Prensa InterMoney Energía, jueves, 22 junio 2006
FUENTE:
El Mirador de la Gaceta
El sector eléctrico, prima facie, está en una guerra de todos contra todos. Luego, según se escarba, y como ocurre en todos los mercados de concurrencia limitada e imperfecta, se da uno cuenta de que, como ha ocurrido en no pocas ocasiones, hay una empresa que da la cara y los otros se agazapan hasta que se aclara la situación. Y si triunfa la tesis del ariete, todos se benefician en su medida. Es ahora Iberdrola la que está poniendo el rostro ante el Ministerio de Industria y los otros los que esperan a ver qué pasa. A ver si consigue algo. A ver si se mueve de alguna manera una situación que está muy lejos de ser la deseable. El famoso último decreto-ley de Industria, que ha sido el detonante de la rebelión de Iberdrola, está en franca contradicción con el contenido de la Ley del Sistema Eléctrico. De ahí que, inmediatamente se haya señalado que es provisional. En realidad, las autoridades del Ministerio deberían decir que el sector se desenvuelve en una permanente provisionalidad -otros lo llamarían, mucho más ajustadamente, capricho ¡Si hasta el ministro de Industria es provisional en la cartera!
El sector energético ha soportado estoicamente, o menos, las sucesivas medidas llamadas impropiamente de liberalización. De hecho unas veces ha sido estimulo de regulaciones más liberales y abiertas y otras veces ha ido en piragua con las soluciones oligopolísticas. Eran, en todo caso, tiempos en que el sector avanzaba y retrocedía al unísono; cartelizado y consensuado todo. Pero, afortunadamente, hoy las empresas han recuperado (¿la tuvieron alguna vez?) la autonomía de criterio y una semblanza de competencia que a algunos nos parece mucho más financiera que propiamente industrial, pero autonomía, al fin y al cabo. El medio en el que operan es, sin embargo, muy poco estimulante, asfixiante, burocrático. Y, siempre, arbitrario.
No se puede hablar de liberalización y de tarifa simultáneamente. O funciona el mercado o funciona la tarifa impuesta. (En este punto, siempre hay un burócrata que se apresura a señalarme que se trata de un sector estratégico y es cuando yo, a mi vez pregunto qué sector no es estratégico para alguien. Ni los fabricantes de ataúdes se libran de formar un sector estratégico). Y en el sector eléctrico, la tarifa va embalsando todo lo que no embalsan los embalses con esta sequía. Acabaremos con tanta tarifa embalsada que lo terminarán pagando nuestros nietos, como la deuda pública. Eso, para un ministro en tránsito puede no tener significado alguno, pero lo tiene para todo el que aprieta el botón, bien para encender la luz, bien para poner en marcha una máquina.
¿Quién, con una tarifa eléctrica subvencionada, se plantea mayor eficiencia energética? Sólo acomodando costes de producción y precios de venta se puede asegurar el flujo de inversiones para cubrir las expectativas de demanda.
El relevo en Industria inicia una nueva batalla por el control de este Ministerio. Una batalla entre la intervención a ultranza y la liberalización sui generis. Y uno no sabe qué es peor, si poner un intervencionista que lo vuelva a poner todo patas arriba o alguien que pretenda una fórmula de liberalización híbrida, a medias, como la de ahora. Con uno u otro modelo, ese sedicente sector estratégico, seguirá hecho unos zorros.
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