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"Hay que trasladar al consumidor los nuevos precios de la energía"
Resumen de Prensa InterMoney Energía, jueves, 20 abril 2006
FUENTE:
Por Ernesto Ekaizer en El País
Rodrigo Rato, director gerente del
Fondo Monetario Internacional (FMI) está encariñado con su nueva criatura. Un
nuevo foro de consulta multilateral bajo el paraguas del FMI para ir superando
los grandes desequilibrios exteriores agravados por el nuevo shock petrolero iniciado
en 2003, y que continúa con una fuerza alcista inusitada estos días. El director
gerente demuestra una pasión especial cuando habla del foro que quiere sacar adelante
en esta reunión de primavera ("El mundo del G-7 ya no es lo que era") las reformas
que deberían emprenderse en la economía española y la evolución política en España,
un tema sobre el que habla claro, aunque estrictamente en privado.
Los
economistas del FMI dicen que la subida del petróleo continuará y que es probable
que el precio supere los 80 dólares a mediados de 2006. ¿Este shock es más serio
de lo que parecía?
Pero damos un porcentaje del 15% de probabilidades
a esa subida...
El mensaje es claro. El shock durará y sólo se ve el
alza de precios en el horizonte ¿no?
Hay un mensaje muy claro: el
precio del petróleo está en unos niveles que excluyen la vuelta a niveles de hace
dos años, de 30-35 dólares el barril. Hay que trasladar a los consumidores los
nuevos precios y no enmascarar en el presupuesto los precios de la energía. Y
los países consumidores, que llevan más de una década sin invertir en refino,
tienen que comenzar a cambiar la tendencia.
Los mercados de futuros
están determinando los precios de contado. Y estos mercados se han nutrido de
grandes cantidades de dinero que estaban en Bolsa. ¿No representa una presión
casi desconocida en la formación de precios?
Admitamos, primero, que
el consumo de energía no tiene retorno. El volumen de millones de barriles al
día que se va a consumir ha dado un salto. Hasta el año 2004 y primeros meses
de 2005, la causa principal del incremento del precio estaba determinada por la
fuerte demanda, de ahí en adelante y en lo que va de 2006 es claro que hay restricciones
de oferta con componentes de especulación y riesgos de tensión geopolítica. Esto
alimenta un fenómeno de especulación. Es cierto que también está el mercado de
capitales privado, que también juega en las materias primas. Es indudable. Pero
esto no va a desaparecer. El dinamismo de los mercados financieros va en aumento
como lo prueban los mayores volúmenes en el mercado de derivados, por ejemplo.
El inicio del shock petrolero coincidió en 2003 con un impulso de la política
monetaria expansiva de la Reserva Federal de EE UU, lo que permitió escapar a
la clásica desaceleración económica o incluso recesión de otras épocas. ¿La política
de subida de tipos de interés puede precipitar una crisis?
Es verdad
que el impulso monetario ayudó y ahora está cambiando. Ahora me preocupa esto:
antes el precio subía por la demanda y esto reflejaba una economía robusta. Pero
ahora sube por problemas de oferta. Y este riesgo está creciendo.
Sube
a pesar de que la demanda flexiona e incluso cuando los inventarios, como sucede
en EE UU, están repletos.
Las previsiones de demanda, en efecto, están
bajando. Los más altos precios han tenido su efecto. Se consume menos. Puede que
hasta sea sano. En cuanto a los tipos de interés, no estamos ante una política
restrictiva sino ante un proceso en el cual el impulso monetario está reduciéndose.
El
informe de primavera empieza con una frase que supone un golpe directo a los desequilibrios
exteriores. Dice que el dólar necesita depreciarse significativamente.
Eso es lo que se desprende de los fundamentos económicos... Lo que pase después
en los mercados de cambio...
Pero se menciona explícitamente la necesidad
de un realineamiento de los tipos de cambio. Es una conclusión clara...
Los
elementos fundamentales analizados indican, efectivamente, eso. Pero también es
verdad que en el mundo de las monedas las cosas nunca son lo que parecen. No estamos
haciendo una previsión sino diciendo lo que se desprende del análisis macroeconómico
para volver a una situación de mayores equilibrios. Ese ajuste es una de las muchas
cosas que deberían tener lugar. También una manera de reequilibrar sería una desaceleración
de la economía mundial...
La prédica para reducir desequilibrios se
prolonga, sin resultados a la vista, ¿se puede hacer algo más que pontificar?
Las prédicas macroeconómicas son largas [risas]. Sí, se puede hacer algo más que
exhortar. Es mi gran objetivo en esta reunión de primavera y es lo que discutiremos
el viernes próximo. Todos están diciendo que van a hacer lo que nosotros aconsejamos.
Como ejemplos, está el déficit fiscal en EEUU, el nuevo sistema más flexible de
cambios en China, las reformas estructurales en Japón y, en Europa, los Gobiernos
reconocen que deben aplicar reformas estructurales. Ahora tenemos que pasar de
la descripción a la consulta multilateral. El Fondo debe abrir un proceso de consultas
de manera regular y periódica con las economías que tienen efectos sistémicos.
¿Cómo
funcionaría?
Por ejemplo, analizaríamos la economía norteamericana
en relación a la de los otros países. Y viceversa. Estudiaríamos los efectos colaterales
mutuos. Es un paso muy importante. Se necesitará mucho esfuerzo técnico y político.
¿Pero este tipo de coordinación no es la que busca el G-7?
El modelo
tipo Acuerdos de Plaza de 1985 para gestionar los tipos de cambio o el del G-7
[integrado por EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá] se
está superando. Esto ocurre por la importancia de los mercados financieros. Además,
los protagonistas ya no son ni dos ni tres ni cuatro. El FMI tiene un papel relevante.
Y hay que desarrollar este proceso periódico de consultas. La ventaja del FMI
sobre los grupos que han operado es que aparte de los grandes países están 184
países de toda la economía mundial. Estamos proponiendo una consulta colectiva
en la que participaría el consejo del FMI. Es algo nuevo. No digo que vaya a ser
fácil. El mundo necesita foros de aliados macroeconómicos y de consulta. El mundo
del G-7 ya no es lo que era. Estamos ante la superación de la fórmula de los ochenta.
Funcionó y sigue haciéndolo. El G-7 es importante. No digo ni por asomo que no
lo sea. Pero han cambiado muchas cosas en el mundo.
El FMI está elaborando
el informe final sobre supervisión de la economía española y ya ha anticipado
las conclusiones. ¿Qué problemas hay y cómo resolverlos?
España mantiene
una tasa de crecimiento económico sólida. Fuerte, más que sólida. Pero se acentúan
sus desequilibrios. Lleva más de 10 años creciendo, con impulsos de oferta significativos.
En un periodo muy corto, entre 1995 y 2002 o 2003 han perfilado esta economía.
Y ese proceso necesita continuar. El FMI le está diciendo al Gobierno español:
tienen una tasa de crecimiento más elevada, respecto a la UE, importante; se han
adoptado medidas muy competitivas, pero el nivel de competitividad se está deteriorando,
el diferencial de inflación aumenta y todo ello se refleja en un déficit comercial
creciente. Tienen que hacer algo. Pueden pensar que como están en la zona euro,
no se sufrirán consecuencias. Pero tenga en cuenta que el día que se vaya suavizando
la demanda, su capacidad de reactivar la economía, sin política monetaria y sin
devaluación, es muy pequeña.
¿Qué debería hacerse?
Por un
lado, dado el diferencial de inflación, es necesario profundizar en la política
presupuestaria. Esa política no debe hacerse más opaca y, dado el grado de descentralización
política existente, las comunidades autónomas deben desempeñar un papel creciente
de responsabilidad en el gasto. Y, segundo, se debe liberalizar sectores laborales,
comerciales y fijación de costes. Esta adaptación, como se ha podido ver en países
del sur de Europa y en Japón, puede ser muy larga y dolorosa. Ahora se pueden
adoptar medidas de gasto sin dramas para bajar la presión en el medio plazo. España
lleva varios años en los que hay margen para esas decisiones. Pero el tiempo va
pasando. Estamos esperando que esas medidas se adopten. El Gobierno no contradice
nuestro análisis. De no ser así, con un ciclo que no puede ser eterno y con unas
condiciones de competitividad deterioradas, el desenlace no es ningún secreto.
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