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EL PETRÓLEO NO VA BIEN
Resumen de Prensa Enervía, martes, 20 abril 2004
FUENTE:
Por Enrique Badía en Estrella Digital
Quizás un tanto eclipsados por otras cuestiones de actualidad, estos días los precios del petróleo no reciben demasiada atención. Discurren, sin embargo, por territorios de tendencia alcista, sin que los analistas se pongan de acuerdo en si se trata de una situación coyuntural o si, por el contrario, los mercados han emprendido una progresión duradera que, tarde o temprano, acabará lastrando la economía mundial. Desde principios de abril el crudo se ha estado cotizando entre los 33 y los 34 dólares, sensiblemente por encima de lo que hace pocos meses se consideraba asumible, sin riesgos de convulsión.
No acaban de estar claros los motivos por los que los precios se están comportando así. Intentos de explicarlo no faltan, pero la diversidad de juicios es precisamente la mejor muestra de que domina la confusión, dejando paso a la lógica incertidumbre sobre el inmediato porvenir. Existen, es cierto, factores que se han tener en cuenta: desde la prolongación de un invierno duro a las tensiones que se van multiplicando en el área del Golfo Pérsico, donde se ubican gran parte de las reservas conocidas, entre otras razones debido a la incierta evolución de los acontecimientos en Iraq. Sin olvidar que la recuperación, incipiente, pero recuperación al fin y al cabo, que viven muchas economías comporta un relanzamiento de la demanda que, inevitablemente, ha de trasladar presión a los precios, desde los intereses de los productores. Tampoco se debe pasar por alto la irrupción creciente de China como importador relevante de petróleo, camino de colocarse entre los mayores del mundo.
Probablemente, el alarmismo está de más. Es inevitable el recuerdo de las dos graves crisis energéticas de 1973 y 1979, pero ni los precios están en aquellos niveles en términos reales o relativos ni la oferta sigue lo concentrada y controlada que estaba en aquellos tiempos, prácticamente de forma exclusiva en manos de la OPEP. Hoy, el mercado está más diversificado y buena parte de la producción de crudo discurre al margen del cártel. Cuestión distinta es que las recientes decisiones de aplicar nuevos recortes a la extracción no incidan en la evolución de los mercados, tanto los que negocian a plazo las entregas como el spot.
Cabe pensar que, más importante que todo eso, sea la evidencia de que los países productores hayan aprendido la lección que hubo de suponerles lo ocurrido en la etapa posterior a las tensiones desatadas hasta mediada la década de los ochenta del siglo pasado. Es casi imposible que no recuerden cómo la crisis mundial que generaron acabó repercutiendo básicamente en sus propias economías, al punto de padecer caídas de precios insoportables para sus finanzas hasta prácticamente el inicio del actual siglo XXI. O que no tengan en cuenta que, contrariamente a lo que a menudo suele decirse, las principales víctimas no son las naciones más desarrolladas: éstas sufren, sin duda, pero lo hacen en mucha mayor medida los países en vías de desarrollo no productores, dado que son tanto o más dependientes de las importaciones que los más ricos, pero cuentan con muchas menos capacidades de trasladar a los precios, tanto internos como externos, el aumento de costes productivos que deriva del encarecimiento energético generalizado. Ello por no mencionar que la mayor parte de los países productores de crudo tienen carácter de monocultivo en sus ventas petrolíferas al exterior; es decir, importan casi todo lo demás.
Es poco probable que la economía mundial se encamine ahora mismo a una situación crítica como la recordada, pero ello no significa que un alza sostenida de los precios del crudo, extendida en el tiempo, no vaya a afectar seriamente a la incipiente recuperación que comenzó a despuntar a finales del pasado 2003. Y ello quizá deba mover a los responsables económicos, y con ellos al conjunto de las sociedades, a reflexionar al menos sobre dos aspectos: de una parte, la recuperación de los propósitos de reducir a medio plazo la dependencia del petróleo, más allá de las cuestiones testimoniales que hasta la fecha se han consumado; de otra, la necesidad de introducir un poco de racionalidad en las relaciones entre productores e importadores, aun siendo conscientes de las enormes dificultades que para ello oponen buena parte de los países petroleros, cuyos sistemas políticos dejan bastante que desear.
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