LA TRAGEDIA DE LAS RENOVABLES
ARTÍCULO EXPANSIÓN

20 de Enero de 2003


POR MANUEL DE DELÁS

No es un drama, es una tragedia lo que sucede en torno a las energías renovables. Y es una tragedia porque en contra de lo que señala Iñaki Garay en su artículo del 7 de enero, no todo el mundo las defiende y las alaba y para demostrarlo no hay más que echar un vistazo a la hemeroteca y repasar la colección de colaboraciones en la prensa económica de los últimos meses cuyo denominador común es lo que consideran “excesivo coste de las renovables”.

¿Es ese el debate? ¿El coste de las renovables? Pues entremos a fondo a analizar la cuestión. De entrada podemos hacerlo porque sí sabemos lo que cuestan.

Se publica cada año en el BOE y no hay más coste que el de la prima que el legislador -en este caso puede hablarse en singular porque todos los grupos políticos votaron a favor- quiso otorgar a las energías limpias por sus beneficios medioambientales, mientras las tecnologías convencionales no internalicen esos costes en su precio. Y eso, el coste de las convencionales, es de verdad lo que no sabe la sociedad. Y lo que es peor: lo que nos van a costar en el futuro.

¿No son un coste los tremendos efectos que ya estamos padeciendo del cambio climático, al que contribuye la emisión de millones de toneladas de CO2 de las centrales térmicas? Y es sólo un ejemplo. El importe de las primas a las renovables fue el pasado año de unos 330 millones de euros, algo así como 0,2 céntimos de euro por kWh consumido en nuestro país.

Con eso se ahorró la emisión de más de doce millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y la importación de mas de 1.500.000 toneladas equivalentes de petróleo. Le ánimo a multiplicar por el coste del barril al precio de hoy o al de cuando Estados Unidos ataque Irak. Las tecnologías convencionales que hoy producen kilowatios “tan baratos” pueden hacerlo ahora porque han recibido y siguen recibiendo subvenciones directas e indirectas infinitamente superiores al importe de los incentivos a las renovables y basta el ejemplo del carbón que se cita en el artículo al que hago referencia.

Ayudas al carbón, cuya necesidad social es tan incuestionable como lo son medioambiental y estratégicamente los incentivos a las renovables. No, amigo mío, las renovables son baratas para la sociedad, nos ahorran una importante factura exterior, nos ahorran importantes daños ambientales y no reciben subvenciones, ni CTCs, ni esquilman recursos finitos. No se trata de defender lo que califica como “chollo”.

Como ha quedado demostrado en el reciente estudio sobre viabilidad económica de las instalaciones eólicas la TIR media de las mismas es del 8,64 % y no creo que eso sea para denominarse como “chollo”. El importe de los incentivos de las renovables es un coste mínimo para que podamos cumplir con nuestra legislación -y las leyes están para cumplirlas-, que se ha fijado como objetivo el 12 % de energías renovables en el 2010, compromiso que renovamos con la Directiva europea y para que podamos cumplir con Kioto. La tragedia de las renovables es que, efectivamente, muchos se llenan la boca con ellas y pocos las defienden en la práctica.

Pero son necesarias por razones medioambientales, estratégicas y socioeconómicas y se impondrán aunque tengan que vencer muchas resistencias, grandes intereses creados y la labor incansable de algún coro de escépticos. La tragedia para sus enemigos es que las renovables son algo más serio que la leunabenzin. Al tiempo.

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