Energía y seguridad

Resumen de Prensa            Enervía, viernes, 19 agosto 2005

FUENTE: Por Manuel J. Silva en La Gaceta


Con el barril de crudo alcanzando máximos históricos resulta oportuno reflexionar sobre la seguridad y suficiencia de nuestros suministros energéticos. Y, lo que es más importante aún, sobre si una economía industrializada como la española puede permitirse el actual nivel de dependencia de las importaciones sin comprometer sus propias posibilidades de desarrollo futuro.

El crecimiento de nuestro consumo y, por tanto, necesidades energéticas durante la última década ha sido muy elevado. Al derivado de un crecimiento económico constante y muy superior a la media europea se ha unido el causado por la mejora de los estándares de calidad de vida de los ciudadanos (los aires acondicionados, por ejemplo).

Estos dos factores han ido incrementando el importe de nuestra dependencia y factura energética apenas suavizada por la relación euro/dólar y por el incremento de la participación en la cesta energética de la de origen eólico. En la que, por cierto, nos estamos convirtiendo en una potencia mundial. La enorme simpatía que despiertan las energías alternativas —cada vez menos compartidas por los ecologistas que han puesto enormes dificultades a la eólica— no permite eludir una seria reflexión sobre la energía nuclear. Aunque en plena conmemoración del bombardeo de Hiroshima y de la reanudación del programa de actividades nucleares de Irán el momento pudiera parecer poco oportuno.

No todo puede fiarse a las interconexiones —que, por cierto, nos traerán de Francia electricidad de origen nuclear, el propio Villepin acaba de anunciar la construcción de nuevas centrales— o a programas de enorme interés, como es el caso del ITER (experiencia piloto de generación de energía de fusión nuclear, en lugar de fisión), que tardarán décadas en producir resultados tangibles.

Se puede y debe exigir que la generación, transporte y custodia de los residuos se hagan en condiciones de seguridad máxima, lo que no es conveniente es renunciar a un grado aceptable de independencia y seguridad energética por exclusivas razones ideológicas.

No cabe olvidar, finalmente, que la generación —o la importación— de energía no lo es todo. Y que resolver equitativa, pero eficazmente, el problema de transporte ante los obstáculos que los municipios y otras administraciones ponen a la construcción de líneas es un objetivo pendiente desde hace años.



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