Energía nuclear, garantía de seguridad

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, lunes, 19 junio 2006

FUENTE: Por Ricardo Manso Casado en Expansión


La energía nuclear ha pasado del estado de olvido, postergación e incluso reprobación absoluta a ser objeto de consideración como fuente energética necesaria, para dar satisfacción a las cada vez mayores demandas de una sociedad dependiente de la energía, ante los claros signos de agotamiento de las fuentes tradicionales (fósiles) y la incapacidad de las nuevas tecnologías de dar respuesta a las ingentes necesidades.

En la actual encrucijada energética mundial la vía nuclear se percibe como una opción imprescindible, lo que lleva a los detractores de esta alternativa a reactivar y redoblar las críticas a esta tecnología.

El origen del rechazo a la energía nuclear tiene diferentes interpretaciones en el campo de las ciencias sociales, en ocasiones contradictorias en algunos aspectos, pero el conjunto de ellas se pueden ver reflejadas en la que considera que la falta de aliento social a esta tecnología se fundamenta en haber sido arma política, durante la "guerra fría", de los dos contendientes en ese enfrentamiento incruento -Estados Unidos y la Unión Soviética-.

Estados Unidos, ala vez que contemplaba a lo nuclear como la solución de la pobreza y motivo de felicidad en su programa "átomos para la paz", lanzaba mensajes de destrucción y ruina si se veía en la necesidad de utilizar las armas nucleares para defenderse de sus enemigos. Estos mensajes enfrentados llegaban a la sociedad a través de los discursos presidenciales y de una cuidada literatura y cinematografía que perseguían ganar influencia en el ámbito mundial.

Peligros ocultos

El Imperio Soviético, ensanchaba su arsenal atómico y multiplicaba el número de centrales nucleares para fomentar su desarrollo industrial y, al unísono, lanzaba sus terminales en los países del Oeste, partidos y organizaciones de izquierda, a luchar contra este tipo de energía, acusándola de entrañar peligros ocultos y de futuro, con el fin de tratar de frenar el progreso de occidente y lograr preponderancia internacional

Con este panorama, y de manera muy resumida, la sociedad occidental en general se decanta por un rechazo a esta tecnología y las organizaciones de izquierda asumen la denostación de este saber como ideario político que, en nuestros días, se ve magnificado por la desaparición de otros -argumentos que cayeron con el muro de Berlín.

En la batalla actual contra lo nuclear, por parte de ecologistas radicales y otras organizaciones de izquierda, los argumentos tradicionales son avalados y reforzados por dos hechos, para ellos, irrefutables: el accidente de Chernobyl y la inexistencia de soluciones a los residuos radiactivos generados.

Ambos elementos son presentados como pruebas incontestables de la falta de seguridad de la energía nuclear y; en consecuencia, motivos que justifican su no- utilización, cuando el rigor y la racionalidad evidencian lo contrario: ambas, Chernobyl y residuos, son argumentos que hablan a favor de la calidad de esta industria.

Con lo ocurrido en la central soviética se materializa, en su dimensión más trágica, el peor de los fallos que se puede dar en este tipo de instalaciones. Se funde el núcleo del reactor, la presión del vapor generado supera la resistencia de las barreras existentes y es expulsado al ambiente material altamente radiactivo.

Chernobyl carecía del edificio de contención de las centrales occidentales, específicamente ideado para neutralizar los efectos de este fallo. A la tragedia física se ha de unir la inacción de las autoridades que tardaron dos días en asumir la situación y en tomar medidas, con la consiguiente exposición a la radiación, más allá de lo razonable, de la población del entorno.

Tras este cúmulo de irresponsabilidades y de situaciones inaceptables, los estudios llevados a cabo por organismos especializados de la ONU y que salen a la luz en estos días, después de invertir veinte años en análisis minuciosos, concretan en 56 los fallecidos -de ellos 47 "liquidadores", los operarios enviados a apagar el incendio protegidos de simples mascarillas y guantes de goma, y 9 niños que murieron de cáncer de tiroides-. En cuanto a los riesgos futuros, según la ONU, solo 600.000 personas estuvieron expuestas a altas dosis de radiación y; de ellas, 3-944 morirán en los próximos 75 años.

Es indudable que el valor de cualquier vida humana es inconmensurable y; por supuesto, su pérdida imposible de justificar, no obstante la fría estadística matemática nos muestra que la utilización de las energías tradicionales, carbón, petróleo, gas, grandes presas, etc., son causa de más muertes que las sufridas por esta industria. Esta dolorosa situación pone de manifiesto que, la tecnología nuclear, ha alcanzado unos niveles de desarrollo en la seguridad que las hacen plenamente viables y con mayor garantía que cualquier otra.

En cuanto a la otra gran crítica a la energía nuclear, la inexistencia de soluciones para el tratamiento de los residuos radiactivos, es falsa y completamente fuera de la realidad Es la única forma de producción de electricidad que controla y trata la totalidad de los residuos que genera. Aún más, es la actividad humana que con mayor rigor gestiona sus materiales de desecho al objeto de que no causen daño ni a las personas ni al medio ambiente.

En el proceso productivo de la industria nuclear se generan dos tipos de residuos radiactivos: de baja-media actividad -se almacenan de manera segura y definitiva mediante la tecnología de barreras múltiples-; de alta actividad o combustible gastado -se someten a una gestión transitoria en almacenes temporales, confinados en piscinas, contenedores, silos, etc., a la espera de una solución definitiva mediante tecnologías de Separación y Transmutación o Almacenamiento Geológico Profundo.


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