Sin sorpresas en el resultado de Kioto

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, viernes, 19 mayo 2006

FUENTE: Por William H.Robinson en Expansión


Los resultados del primer año del esquema del comercio de derechos de emisión de CO2 publicados por la Comisión Europea no han supuesto ninguna sorpresa dentro del sector. Tal como se esperaba, el conjunto de los países europeos solo produjeron 1.785 millones de toneladas de CO2, 44 millones de toneladas menos que las fijadas en los compromisos del Protocolo de Kioto. A diferencia de algunos informes pesimistas publicados en algunos medios, Europa ha emitido un 2.5% os de los asignado inicialmente..
Como ya apuntan algunos expertos en medio ambiente, la principal razón de este masivo cumplimiento de los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero es que el reparto inicial de derechos fue francamente generoso.Es importante recordar que el periodo 2005-2007 estaba considerado por los firmantes del Protocolo como un periodo de práctica antes de las implantación real de los compromisos, prevista para el año 2008.Por otro lado, ha sido muy significativo el comportamiento de algunos países de Europa del Este que han obtenido un enorme superávit de derechos( en el caso de Letonia y Lituania del 50%). Tal vez el motivo de esa impresionante reducción de emisiones se deba simplemente a un cese de la actividad de instalaciones de industria pesada que fueron en otros tiempos el buque insignia.

Países cumplidores e informales
A pesar de este buen comportamiento a nivel global, algunos países no han logrado superar sus objetivos individuales. España, junto con Austria, Irlanda, Eslovenia, Italia y Reino Unido, no han reducido sus emisiones al nivel fijado por el Protocolo. En el caso de España, el objetivo fijado ( un máximo de un 15% mas del nivel de 1990) suponía un autentico desafía para las empresas.Teniendo en cuenta que las instalaciones de generación eléctrica son responsables de buena parte de las emisiones mundiales de CO2, España se encontraba en una situación comparativamente mas complicada que, por ejemplo, Francia, un país que afrontaba un menor esfuerzo de reducción y que además tiene una mayor dependencia de la energía nuclear. La energía nuclear no emite gases de efecto invernadero, a diferencia de las tecnologías que emplean combustibles fósiles como el petróleo y el gas.
Por otro lado, el cambio político en España ha supuesto un retraso en la aplicaciones del Plan Nacional de Asignación. La primera redacción del PNA español, que data de marzo de 2004, fue elaborada por el anterior Gobierno electo que modifico las asignaciones de los derechos recogidas en el PNA, esto provoco un retraso de 6 meses en la aprobación por parte de las autoridades de la UE del plan español. Esta aprobación no llego hasta principios de 2005 y, lógicamente, se produjo un retraso en cadena en todos los pasos del proceso: información a las empresas españolas de sus cuotas, apertura del Registro Nacional (Renade),etc. Las empresas españolas recibieron sus nuevas responsabilidades con recelo y vacilaron a la hora de comenzar las acciones correctoras destinadas a la aplicación de nuevas tecnologías menos contaminantes.
La proliferación de empresas asesoras en el Protocolo de Kioto también ha tenido, en muchos casos, efectos perversos ala tratarse a veces de compañías que no contaban con los conocimientos y experiencia necesarios. En el informe publicado, la CE no ha confirmado las emisiones de algunas instalaciones industriales españolas por encontrar "errores técnicos" en sus informes. Las emisiones de gases invernaderos deber ser validadas por una entidad certificadora independiente reconocida por la UE. Tal vez las validaciones de los datos realizadas por las compañías no cualificadas haya sido parte del problema par la aparición de estos datos no validos.
Ahora, con la amenaza de multas planeando sobre la industria española, las empresas pueden tomar dos caminos. Uno, tomar en serio el Protocolo de Kioto y comenzar de forma inmediata un programa de adopción de tecnologías limpias en sus instalaciones. Actualmente, existen aplicaciones de energía solar , eólica, hidráulica o procedentes de biomasa que reducen de forma efectiva el problema de las emisiones. Otra camino consiste en la inversión en proyectos internacionales de reducción de gases de efecto invernadero como los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) o Aplicación Conjunta (AC). Estos proyectos generan derechos de emisión, a la vez que ayudan a los países menos desarrollados a implementar nuevas tecnologías respetuosas con el medio ambiente.
Otra de las consecuencias mas comentadas de la publicación de este informe ha sido la significativa depreciación en la cotización de los derechos de emisión en el mercado europeo. Después de haber escalado hasta la cota de los 30 euros en el mes de abril, la existencia de superávit de derechos ha provocado un descenso estos días, hasta los 9 euros.
Estas variaciones demuestran la volatilidad de este mercado y su sensibilidad a las informaciones, la cotización se ha recuperado en los últimos días, hasta alcanzar los 16 euros. Algunos han señalado que esta caída del precio manifiesta un fallo en el sistema de compraventa de emisiones y evidencia que se produjo una sobrevaloración del precio de emisión de forma especulativa. Sin embargo, estas variaciones solo demuestran que el mercado de emisiones funciona de forma similar a otros mercados bursátiles y que es la realidad de la oferta y la demanda la que marca el precio final de los derechos de emisión.
Los expertos consideran que la cotización de la tonelada de CO2 alcanzara los 21 euros en 2008. Esta previsión se fundamenta en que los objetivos de reducción se irán endureciendo progresivamente para todas las instalaciones, y estos hará mas complicada la obtención de derechos. además, los países del Este, que hasta ahora han sido los principales responsables del superávit de derechos, se encuentran en pleno proceso de crecimiento industrial. Sin el apoyo de las tecnologías de los países desarrollados, es difícil que puedan desarrollar este proceso de crecimiento sin un notorio incremento de sus emisiones de gases de efecto invernadero.



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