KIOTO, EL REMEDIO Y LA ENFERMEDAD

Resumen de Prensa            Enervía, miércoles, 19 mayo 2004

FUENTE: Editorial Expansión


La Comisión Europea alertó ayer que los Estados de la Unión Europea, según la maniquea comisaria de Medio Ambiente, Margot Wallström, se dividen entre los que descaradamente no cumplen Kioto y los que se limitan a cuidar las formas. España estaría en el primer grupo por no haber presentado todavía su plan nacional de asignación de emisiones contaminantes, paso previo a la creación de un mercado de comercialización de derechos de contaminar.
De manera que nuestro Gobierno verá en los próximos días cómo el Ejecutivo comunitario le abre un expediente.
El alarmismo de la comisaria sueca está fuera de lugar. Intelectualmente cabría esperar mucho más de Bruselas, especialmente, un análisis mas equilibrado de la realidad en la que las necesidades medioambientales no pongan en peligro la sostenibilidad del empleo y el crecimiento económico.
El primer temor que despierta el revuelo creado por Wallström es que el nuevo Ejecutivo español lo aproveche para esconderse detrás de la lejana e intangible autoridad de Bruselas y precipitar un cumplimiento de Kioto que provoque a la economía española más daños que beneficios al medio ambiente de nuestro planeta. Zapatero debería evitar la tentación de asfixiar la industria española con la aplicación draconiana de un plan tan voluntariosamente positivo como mal calculado en sus repercusiones practicas.
Nadie en su sano juicio pretender legar a nuestros hijos un planeta inhabitable e irrespirable, por la misma razón que nadie con responsabilidad de gestionar un país o un proyecto único como la construcción europea puede condenar a sus hijos a vivir en una Europa que languidece mientras el resto del mundo se reparten las empresas que huyen de la carga legal desproporcionada del Viejo Continente.
El principio de reducir las emisiones contaminantes acuñado en Kioto es bueno en sí mismo, pero el integrismo de sus activistas puede convertir su aplicación en la peor de las pesadillas de la prosperidad de europea. Europa y España necesitan gestores pragmáticos que se centren en los análisis de costes y beneficios,


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