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Resumen de Prensa Enervía, jueves, 18 agosto 2005
FUENTE:
Editorial Gaceta
Cada vez que se produce un tirón de los precios del petróleo surge inmediatamente
la demanda de que se reduzcan los impuestos sobre los productos derivados,
que son muy altos en casi todos los países. Cuando la subida del petróleo
es tan constante en su verticalidad, como ocurre en los últimos siete
meses, esta demanda se convierte en más acuciante.
Los sectores más precisados son aquellos cuyo desempeño no puede prescindir de los carburantes como el transporte, la agricultura o la pesca. De hecho ya han comenzado a movilizarse las asociaciones agrarias y los transportistas han comenzado a plantear sus reivindicaciones.
Las actitudes de los gobiernos han sido, tradicionalmente de contemporizar
con estas demandas y dejarse arrancar algunas ayudas, pero no modificar
a la baja los impuestos. El argumento es irreprochable desde el punto
de vista teórico. Con un bien escaso, si se reduce el impuesto para compensar
la subida de precios de la materia prima y por ende, de sus derivados,
lo que se hará es estimular la demanda, en vez de tratar de reprimirla.
Por otro lado, se argumenta que no sólo el transporte de viajeros y mercancías como tal, sino otras muchas actividades requieren el uso de vehículos a motor y podrían reivindicar, con los mismos argumentos, una rebaja impositiva.
Cuando el petróleo está cada vez más próximo a alcanzar su techo histórico de en torno a los 80 dólares actuales el barril, el Gobierno está obligado a movilizarse para buscar soluciones a corto —y desde luego a medio y largo plazo—.
En Francia, Villepin, tras una reunión de urgencia con los ministros más comprometidos, ha anunciado el reparto del excedente de ingresos tributarios. Una fórmula más. Hay algo más que hacer que lamentarse de no cumplir la previsión de inflación.
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